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Conmemoración Víctimas Holocausto: perfil grafologico Oskar Schindler

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Como ya sabéis, el pasado 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto se celebró el aniversario de la liberación de Auschwitz.

Según la página web de Naciones Unidas:
“ El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.
Tras la aprobación de la resolución, el Secretario General de las Naciones Unidas describió este día especial como "un importante recordatorio de las enseñanzas universales del Holocausto, atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar".
Los horrores de la segunda guerra mundial dieron lugar a la creación de las Naciones Unidas. El respeto de los derechos humanos de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, es uno de los mandatos fundamentales previstos en su Carta. Al inaugurar el Museo de la Historia del Holocausto en Yad Vashem (Israel) en marzo de 2005, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, recordó que "la repulsa al genocidio, al asesinato sistemático de seis millones de judíos y millones de otras personas fue también uno de los factores que promovieron la Declaración Universal de Derechos Humanos". El Secretario General agregó que "las Naciones Unidas tienen la responsabilidad sagrada de combatir el odio y la intolerancia. Si las Naciones Unidas no están a la vanguardia de la lucha contra el antisemitismo y otras formas de racismo, niegan su historia y socavan su futuro ".
El 27 de enero fue elegido para conmemorar el Día Internacional de Recordación del Holocausto porque en esa fecha, en 1945, el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia). Varios países conmemoran ya este día para recordar a las víctimas del Holocausto.”

Y para unirnos a la conmemoración, comparto con vosotros un artículo de Sandra Cerro, de quién ya habéis leído en este blog en otras ocasiones, en el que nos muestra el perfil grafológico de Oskar Schindler, Justo de las Naciones.
“Esta es la historia de un hombre osado, ambicioso, hedonista, ansioso de poder hasta el punto de repartir patadas a todo personaje u obstáculo que se le pusiera por delante y le impidiera alcanzar sus objetivos. 
Es la historia de un hombre autoritario, crítico, rebelde, terriblemente independiente, audaz, carismático, despilfarrador, con merecida fama de mujeriego y de oscuro negociador y embaucador sin escrúpulos.
Y es la historia de un hombre valiente, generoso, leal, de valores firmes; la historia de un hombre justo, de un “Justo de las Naciones”... Oskar Schindler, el hombre que salvó la vida a 1200 judíos durante el Holocausto nazi.”

Así comienza el artículo del perfil grafológico de Oskar Schindler.

Doble moral, corazón noble, convencido de sus habilidades para conseguir todos sus deseos sea cual sea el precio, seductor, astuto negociador o estratega, son algunos de los rasgos de su personalidad explicados por Sandra Cerro en este documento, sobre un hombre que, por su análisis grafológico podríamos decir que era de poco fiar… pero que sin embargo, salvó la vida de 1200 personas.
Podéis leer y descargar el documento entero pinchando en la imagen:


Por su parte, la Casa Sefarad-Israel organizó en paralelo al Acto Oficial, el pasado día 25, un seminario centrado en “Las resistencias judías a la opresión nazi”, en el que abordaron la resistencia en Francia y Polonia con los testimonios de Georges Loinger, superviviente del Holocausto y Presidente de la “Association des Anciens de la Résistance juive” de Franci, y Chavka Raban, superviviente de Auschwitz que actuó como enlace entre los resistentes de los guetos, cerrando la conmemoración con el Acto de Estado, ceremonia que, promovida por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación con el impulso de Sefarad-Israel, tuvo lugar por primera vez en el Senado.

Hago mío el llamamiento que hizo Pío García-Escudero, a mantener "siempre viva la llama de la memoria" y de lo que representó el Holocausto.
  
"Quien salva una vida, salva al mundo entero" Oskar Schindler
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Jorge Semprun: la sociedad no puede cambiarse, pero el hombre, sí.

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Hoy ha fallecido Jorge Semprún, a los 88 años, en su casa en París.

Nació en 1923 en una familia de clase alta; fue nieto del político conservador Antonio Maura, presidente del Gobierno durante el reinado de Alfonso XIII en cinco ocasiones. 

Ya os había hablado de él, cuando os hable de uno de sus libros: "Viviré con su nombre, morirá con el mío".

Fué escritor, intelectual, guionista, luchador antifranquista en la clandestinidad, ministro de Cultura y sobre todo, superviviente del campo de concentración de Buchenwald. Lo vivió todo: la Guerra Civil española, la II Guerra Mundial, el franquismo, la Transición y la etapa plenamente democrática.
 
En una entrevista de 2003, respecto al campo de Buchenwald, dijo: " sin duda, una de las experiencias decisivas de Buchenwald es la experiencia de la libertad. Cuando se habla de los campos de concentración siempre hay que concretar, porque una experiencia tan multiforme, vasta, amplia, y que ha sido vivida de formas tan distintas y diferentes, obliga a dar las coordenadas de la experiencia particular. Yo hablo de la experiencia del deportado político resistente en Buchenwald."


En una entrevista en el año 2000, expresó una de sus mayores preocupaciones: "Están desapareciendo los testigos del exterminio. Bueno, cada generación tiene un crepúsculo de esas características. Los testigos desaparecen. Pero ahora me está tocando vivirlo a mí. Aún hay más viejos que yo que han pasado por la experiencia de los campos. Pero no todos son escritores, claro. En el crepúsculo la memoria se hace más tensa, pero también está más sujeta a las deformaciones. Luego hay algo... ¿Sabe usted qué es lo más importante de haber pasado por un campo? ¿Sabe usted qué es exactamente? ¿Sabe usted que eso, que es lo más importante y lo más terrible, es lo único que no se puede explicar? El olor a carne quemada. ¿Qué haces con el recuerdo del olor a carne quemada? Para esas circunstancias está, precisamente, la literatura. ¿Pero cómo hablas de eso? ¿Comparas? ¿La obscenidad de la comparación? ¿Dices, por ejemplo, que huele como a pollo quemado? ¿O intentas una reconstrucción minuciosa de las circunstancias generales del recuerdo, dando vueltas en torno al olor, vueltas y más vueltas, sin encararlo? Yo tengo dentro de mi cabeza, vivo, el olor más importante de un campo de concentración. Y no puedo explicarlo. Y ese olor se va a ir conmigo como ya se ha ido con otros"

Os dejo una entrevista que le realizaron en Euronews:



Descanse en paz.

"La muerte misma no es nada. Eso es para mí la muerte, y eso es lo más angustioso, no es nada. La idea de nada" (Jorge Semprún)
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Cristino Garcia Granda, la liberacion de la carcel de Nimes y la toma de Foix.

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Cristino García Granda, terrorista para España, y héroe para Francia, llamado por las poblaciones de los Departamentos del Gard, de Lozere y del Ardeche, “el libertador de los tres departamentos”, fue un asturiano, considerado por los historiadores corno el más destacado héroe español de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia, al que se debe la increíble victoria de La Madeleine, además de la liberación de centenares de presos de la cárcel de Nîmes y la toma de Foix.

Nació el 3 de junio de 1.913 en Viodo, comarca asturiana de Gozón, y como la mayoría de sus paisanos trabajó como minero, y tomó parte en la revolución de octubre de 1.934.

En 1.936 trabajaba de marinero, encontrándose en Sevilla en el momento de la sublevación militar que inicia la Guerra Civil. La tripulación del barco se amotinó, se hizo con el mando y dirigió su rumbo hacia Gijón en zona republicana. Durante la guerra civil participó activamente en diferentes combates alcanzado por sus méritos el grado de teniente en el XIV Cuerpo del Ejército Guerrillero, y en 1.939, tras finalizar la guerra, se exilió a Francia donde fue internado en el campo de concentración de Argeles-sur-Mer durante once meses, saliendo a trabajar con otros mineros asturianos y vascos a las minas de carbón en el departamento de Gard, formando parte rápidamente de la dirección del PCE clandestino en la Grand Combe.

Entre finales de 1.942 y comienzos de 1.943, empiezan a formarse los primeros grupos guerrilleros que poco después constituirían la 21ª Brigada, perteneciente al XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles, mandada por Cristino.

El XIV Cuerpo de Ejército de los Guerrilleros Españoles estaba integrado en los Franc-Tireurs et Partisans (FTP), fundados en marzo de 1.942 por el Parti Comunista Français (PCF) y formados a su vez por miembros de dos organizaciones bajo control comunista, la Organisation Spéciale (OS), que databa de 1.940, y la Main d´Oeuvre Immigrée (MOI). Estaba formado por siete divisiones y 31 batallones, que ocupaban otras tantas regiones y departamentos en el mediodía. Jesús Ríos García es nombrado primer jefe del XIV Cuerpo y, al ser detenido en 1.943, lo sustituye Saturnino Gómez “Margallo”. En mayo de 1.944 el XIV Cuerpo, ante el crecimiento exponencial del número de miembros, se convierte en la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE). La Agrupación de Guerrilleros, aunque dependía teóricamente de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI-MOI), constituidas en diciembre de 1.943, disponía de una total autonomía y sus vínculos se reducían a la ayuda mutua.

Con la incorporación de nuevos combatientes voluntarios a la lucha guerrillera, se van creando nuevos grupos y facilitando al mismo tiempo el fortalecimiento, desarrollo y extensión del movimiento guerrillero y la constitución de la 3ª División, bajo el mando del comandante Cristino García, por lo que Cristino manda la 21ª Brigada, que actúa en la región de Gard, desde marzo de 1.943 hasta enero de 1.944, y la 3ª División, que actúa en las regiones de Gard, Ardèche y Lozère, desde enero hasta agosto de 1.944. La 3ª división estaba formada por las brigadas 15ª, 19ª y 21ª.

Hasta principios de 1.944, las acciones guerrilleras en los tres departamentos, Gard-Lozere-Ardeche, en general, estaban orientadas a realizar actos de sabotaje en las instalaciones mineras, en las líneas de conducción eléctrica, en centrales y transformadores, vías de ferrocarril, recuperación de gasolina y alguna que otra cosa más.
Sus ataques lograron disminuir la producción minera de la zona en un 60%.

A partir de primeros de 1.944 es cuando empiezan las acciones guerrilleras. Cristino formó parte de tres grandes hazañas.

La primera gran hazaña realizada por Cristino, fuera de las zonas habituales de actuación y que causó un gran impacto en todo el Mediodía de Francia, fue el asalto a la Prisión Central de Nimes, realizado la noche del 4 de febrero de 1.944.

Esta cárcel estaba considerada poco menos que inexpugnable. Su administración pasaba por ser una de las más duras de todos los penales del país, por ser una prisión especial, en la que recluían a los presos reincidentes, traficantes de droga, chulos, matones, etc, y desde 1.940, numerosos patriotas resistentes.

Oficialmente les estaba totalmente prohibido tener ningún contacto con nadie del exterior, ni recibir ningún paquete, por lo que, dado el modelo de prisión, era casi imposible intentar una fuga sin ayuda desde dentro, y por ello, desde 1.943, la organización de resistentes franceses había comenzado a estudiar la manera de organizar la acción desde el interior de la prisión.

El 16 de octubre de 1.943, a las cuatro de la mañana, llaman a formar a 163 presos políticos, y después de cachearles minuciosamente, uno a uno, les bajan al patio. Sin más aviso, les hacen formar y empiezan a encadenarles. Durante la conducción, en la avenida más céntrica de Nimes, el Boulevard Jean Jaurés, los resistentes encadenados van cantando a voz en grito la Marsellesa y, muchos de ellos, también la Internacional (meses después, entre el 19 y 23 de febrero, esos mismos presos participan en la sublevación de la Prisión Central d´Eysses, que termina con el fusilamiento de doce de ellos.)

El resto de presos que quedan en la cárcel de Nimes, corren el peligro de ser deportados de un momento a otro, por lo que el Estado Mayor de la Resistencia francesa de la zona sur acelera la preparación de su liberación mediante una operación de rescate, consistente en el asalto a la prisión. La orden de realizar el ataque, para liberar a políticos que van a ser enviados a los campos de exterminio de Alemania, se da a mediados de diciembre de 1.943.

Cristino se traslada desde La Grande-Combe a Nimes con catorce de sus hombres, después de haber estudiado el plan de ataque con Gabriel Pérez y Pedro Vicente, y Carlos Alonso, a mediados de enero de 1.944.

Para realizar la operación era necesario disponer de un punto de apoyo y refugio de los guerrilleros, que a la vez sirviera para que los indocumentados y perseguidos pudieran esconderse mientras se les enviaba a otro lugar seguro, por lo que Cristino propone a Pedro Vicente alquilar una casa que reúna las condiciones apropiadas, ya que su mujer Josette es ciudadana francesa y no existirían inconvenientes en cuanto a los trámites para conseguirla. Unos días después, alquilan una casa en la calle de Arenes, a unos 150 metros de la prefectura de policía y no lejos de la casa cuartel de la Gestapo y sede de la organización paramilitar de los fascistas y colaboradores de la milicia francesa creada por el Gobierno de Vichí.

Poco a poco se van ganando la simpatía de ciertos guardianes, particularmente de un joven llamado Luis, mediante cuya colaboración consiguen levantar un plano de la situación y emplazamiento de la prisión hasta sus más mínimos detalles. Luis, se muestra dispuesto a colaborar hasta el final, siempre y cuando le garanticen que no va a haber derramamiento de sangre, y día a día, pasa las pistolas camufladas en la entrepierna, y las esconde en un sótano debajo de la viruta, al que pasa levantando una trampilla que a continuación cierra para no dejar el hueco al descubierto. Así consigue pasar más de 20 armas.

El 3 de febrero de 1.944, durante todo el día, van llegando escalonadamente, uno tras otro, los guerrilleros que van a participar en la operación rescate. El último en hacerlo es Cristino, acompañado de Enrique, el “Canario”. Todos llevan pistolas y algunos varias bombas de mano de fabricación casera. La operación está prevista para el día siguiente. Disponen de cinco vehículos, dos turismos y tres camiones, para evacuar a los presos una vez rescatados y a los guerrilleros encargados de escoltarlos.

Como la casa que alquilan está amueblada, la dueña de la vivienda tiene la obligación de declarar el cambio de inquilino, cosa que hace unos días antes. La casualidad hace que el día que se va a realizar el asalto a la prisión, cuando todos los guerrilleros españoles que van a participar en la operación se encuentran en la casa, llaman a la puerta a las 8 de la mañana cuatro agentes de la Gestapo, dos franceses y otros dos alemanes.

La mujer de Pedro Vicente, Josette, que acaba de cumplir 18 años, da pruebas en aquellas circunstancias de un aplomo admirable. Dice a los guerrilleros que se escondan y que le dejen a ella recibir a los policías, y contestando a las preguntas que le hacen, les explica que vive sola con su marido, que esperan la próxima llegada de sus padres, cuando se jubilen, y que su marido trabaja en las minas de Alès. Puntualizándoles que aquel día se encuentra en casa, por estar dado de baja por accidente, para someterse, en los servicios médicos, a la visita periódica de inspección. Ofrece una taza de café a los policías, que la rechazan, diciéndole que volverán al día siguiente.

Cuando por fin se despiden, y Josette se asegura de que se han alejado de la casa, Pedro y su esposa abren la puerta vidriera del salón y ven a los catorce guerrilleros, pistola en ristre, que los reciben jubilosamente felicitando a la estupenda joven por haber sabido sortear tan elegantemente el grave peligro de hacía unos instantes, que a todos les habían parecido siglos.

Al anochecer, entre dos luces, uno a uno van saliendo de la casa donde les esperaba el grupo de maquis franceses, que van a participar junto con ellos en el asalto a la prisión, y, liderados por Cristino, liberan a cientos de detenidos políticos.

La segunda proeza de Cristino consistió en la toma de la ciudad de Foix, capital de Ariege, el 19 de agosto de 1.944.

La Resistencia ordena a la 3ª División de Guerrilleros que conquistara la ciudad, un auténtico hervidero nazi, y Cristino se pone inmediatamente a elaborar el temerario plan. Piensa ejecutar la maniobra con el ataque simultáneo de sus tres batallones, pero, a la hora de iniciarlo, solamente cuenta con una unidad. Las otras tres marchaban a pie, debido a extrañas y coincidentes averías de los transportes.

Aún así, decide realizar la operación, sirviéndose del único batallón disponible, el de Abascal, reservándose emplear los tres restantes cuando llegaran a Foix. Con tan pocos efectivos, pone en práctica una antigua táctica de diversión: fingir un ataque por una zona y descargar el golpe en otra. Cristino deja que un pequeño grupo, con alto poder de fuego, atacara el puente a la entrada de la ciudad, sólidamente defendido por los alemanes, hasta convencerles de que la ofensiva llegaba por aquel sector.

En cuanto los alemanes reforzaron la posición atacada a expensas de los demás, lanza el resto de grupos contra las otras posiciones, debilitadas, con lo que provoca un gran desconcierto y logra una aparatosa retirada. Se repliegan todos en el Liceo y en él se hacen fuertes. A Cristino le falta dotación para sostener el cerco formal del Liceo y manda que Abascal salga a por municiones, mientras él aguanta con el resto de la gente.

Una telefonista, empleada en la PTT local, avisa al jefe de la División que los alemanes han pedido refuerzos y que sale de Tarascón un tren hacia Foix. Abascal y los tres hombres que le acompañan inutilizan el tren e inmovilizan los refuerzos que llegan en él, cazándoles en la estación con disparos de ametralladora y granadas de mano, hasta que los restantes se bajan del convoy con los brazos en alto, tras haber arrojado las armas. Así, inesperadamente, obtienen el refuerzo en armas y municiones que tanto necesitan.

Mientras llegan a Foix los otros tres batallones, someten el Liceo a fuego de mortero, siempre sin dejarse ver por los alemanes, solamente dejándose sentir, y pronto ondea una bandera blanca en el asta del edificio. Los prisioneros pasan a engrosar el número de los que se habían rendido en la estación unos instantes antes. Por el bando alemán, 80 muertos y heridos y 200 prisioneros. Por la Resistencia, dos guerrilleros muertos y otros dos heridos.

Muchos de los prisioneros alemanes hubiesen preferido la muerte a la vergüenza de tener que desfilar por las calles de Foix entre sus vencedores, un puñado de “astrosos terroristas”, que se habían atrevido a derrotar a un destacamento de la Wehrmacht.

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Liberacion de Mauthausen: la pancarta y un poema.

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El próximo 5 de mayo, se cumple el aniversario de la liberación de Mauthausen, el "campo de los españoles". Las fuerzas americanas lo liberaron el 5 de mayo de 1.945. 

Mauthausen fue el último campo del Reich liberado.
Los que permanecían en el campo los últimos días, estaban en una situación desesperada, con los barracones superpoblados por la evacuación de otros campos (se estima en 199.400 el número de prisioneros que pasaron por Mauthausen entre 1.938 y mayo de 1.945. De ellos, se cree que unos 119.000 murieron en Mauthausen y sus subcampos), sin alimentos, y con una persistente actividad de las cámaras de gas. La noche del 2 al 3 de mayo, los deportados, atónitos, contemplaron cómo los SS abandonaban el campo siendo sustituidos por la policía de Viena para la vigilancia del campo, y en ese momento el Comité de Resistencia y los pequeños grupos organizados meses atrás en tareas de ayuda y defensa mutua, intentaron controlar la confusa situación y aprovisionarse con armas y alimentos.

Una de las fotos más conocidas es la imagen de la entrada de los americanos en el campo, con una pancarta escrita en español, recibiéndoles. El autor de esta pancarta, fue Francisco Teix, un dibujante y pintor de oficio. El 5 de mayo, un responsable de la organización del campo fue a verle y le propuso hacer un cartel con un saludo a las fuerzas libertadoras, pidiéndole que lo tuviera preparado en 48 horas. Tenía que pintar unas 150 letras en 20 metros de sábanas robadas que habían cosido los sastres y habían instalado a lo largo de las paredes de los lavabos del bloque 11.
Al no quedar nazis y estar vigilados por los policía de Viena, la situación era más relajada, y se puso en marcha un dispositivo de vigilancia situando vigías en los tejados del crematorio y del búnker para que Francisco pudiera trabajar: "si algún policía hubiese tenido la mala ocurrencia de visitar el cuarto de los lavabos, los centinelas nuestros lo habrían eliminado, metiéndole luego en el taller".
Sobre la una de la tarde, estaban inscritos los textos en inglés y ruso, y cuando faltaba la última palabra en español corrió la noticia de la llegada de los tanques.
Teix terminó rápidamente el texto, y "poco después entró el camarada Corona, diciéndome loco de alegría que los americanos estaban a la vista y me exigió que le entregara el cartel [...]. Saltándose a la torera todos estos detalles de orden jerárquico, cogió la tela y precipitadamente corrió hacia los miradores de la entrada principal. [...] Al llegar al pie de la torre del vigía, el policía de guardia, sin gran convicción, le preguntó adónde iba. Y Corona, empujándole y diciéndole "Raus Mensch" (algo así como "quítate de en medio, espantajo") subió rápido la escalera. A la interpelación del centinela, que en el mismo sentido se me dirigió, le contesté en el mismo tono. [...]. Corona, desbordado de alegría, me invitó a ayudarle a desplegar la tela y a fijarla en la baranda que da al interior del campo. En este momento una explosión de júbilo se produjo y cuando los tanques entraron en el campo la alegría general fue una auténtica apoteosis".

Os dejo un fragmento del documental "El convoy de los 927", que merece la pena ver y escuchar, donde supervivientes españoles relatan cómo vivieron la liberación:

Francisco Ortiz, nació en 1.912 en Santisteban del Puerto (Jaén). Tras alistarse con 17 años en el Ejército republicano, llegó a ser capitán de carabineros, y tras huir a Francia fue detenido por los nazis al norte de París para ser conducido al campo de Mauthausen.
En Mauthausen Francisco Ortiz se dedicó a trabajos de carpintería, sin dejar de lado la resistencia clandestina. Llegó a robar una pistola a los SS, y la escondió en un hueco del barracón, junto a una bandera tricolor republicana que confeccionaron entre unos cuantos españoles y que todavía conserva. Con motivo del 60º aniversario de la liberación del campo le regaló su apreciada bandera al presidente del Gobierno español, pero semanas después Zapatero se la devolvió con una carta de reconocimiento a su valor y a su dignidad.
En el siguiente vídeo, Francisco Ortíz recita un poema dedicado a Mauthausen:

Tuve que salir de España
por la sencilla razón,
defender la libertad
y que haya un mundo mejor.

En ese duro combate
el destino me llevó
al campo de Mauthausen,
hoy cementerio español.

Allí está el Danubio Azul
que un día cambió de color,
con sangre republicana
del guerrileero español.

¡Campo de Mauthausen!
tus muros bañan en sangre
unos matados a palos,
otros murieron de hambre.

Esa es la sangre española,
derramada en el combate.
Y para que el mundo sepa
y le quede en su memoria,
el español no fue vencido
nunca jamás en su historia.

Y aquí dejo por escrito
para cada ciudadano:
Más vale morir de pie
con las armas en la mano.

¡Más vale morir de pie
con las armas en la mano!

Fuentes: El holocausto de los republicanos españoles (David W. Pike), Los campos de concentración nazis (Rosa Torán), Enciclopedia del Holocausto.

Más información: Librairie Espagnole et Cie, dónde podéis ver una entrevista a Luis Estañ, y escuchar otra a Paco Aura, supervivientes del campo.
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Testimonios: Mujeres en la Resistencia

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Las mujeres eran combatientes en la sombra. Actuaban de correos, hacían agitación en los mercados, en las colas de racionamiento, repartían octavillas escondidas en las cestas de la compra, improvisaban mítines, neutralizaban la hostilidad contra los aliados; cuando se producían bombardeos, proporcionaban escondrijos y lugares de reunión, curaban a los partisanos heridos, entretenían al enemigo, aportaban sus conocimientos y oficios de enfermeras, cocineras, escribientes, taquígrafas...

No se trataba de tareas subsidiarias a las grandes acciones militares, sino que eran unas formas específicas de lucha, imbricadas en la complejidad y el alcance del movimiento y en la combinación con el sostén de las necesidades de la vida cotidiana. Ya vimos esta información en una entrada anterior: "Las mujeres españolas en la resistencia francesa".

Simone Weil:
"No hace falta un tanque o un avión para matar a un hombre. Es suficiente un cuchillo de cocina. Cuando todos los que están hartos de los verdugos nazis se levanten juntos, en el mismo momento que las fuerzas armadas den el golpe decisivo, la liberación será rápida. Sólo hay que ir con cuidado de no malgastar inútilmente vidas humanas, y no caer en la inercia, o de no creer que otros llevaran a cabo la liberación. Es necesario que cada uno sepa que un día le tocará tomar parte y estar preparado.
Este período de dolorosa espera es el más importante para el destino de Francia. El futuro de Francia será el que estos años de aparente pasividad hayan forjado.
No perder de vista, por encima de los dolores personales de cada día, el inmenso dolor que tiene lugar en el mundo; impedir el sufrimientos de ser un motivo de desunión entre franceses a causa del malhumor, los celos, los esfuerzos mezquinos con tal de tener un poco más que el vecino; establecer, por el contrario, un vínculo indisoluble por la generosidad y la ayuda mutua; pensar en los preciosos bienes que hemos de perder por no saber apreciarlos, bienes que debemos reconquistar, que deberemos conservar y de los cuales no sabemos el precio [...]".

Ingrid Strobl:
"Por entonces, Zala se entera de la tragedia que ha ocurrido en su casa. En noviembre de 1.943, un mes después de su huida, se presenta la policía en la granja. La familia tenía en estos momentos a un partisano escondido que quería recoger su ropa, para la policía un motivo más para castigar la desaparición de Zala con la mayor dureza. Echaron bombas incendiarias al establo, que inmediatamente fue pasto de las llamas. Al partisano, que intentó huir, le dispararon por la espalda y murió en el acto. Entonces juntaron el ganado y se lo llevaron en un vehículo. Después del ganado, les tocó a las personas. A las dos tías de Zala y a sus primas se las llevaron a Auschwitz; sólo sobrevivió una de las tías. A la abuela le permitieron, finalmente, escapar con su nieto de dos años, al hermano de Zala fueron a buscarlo al seminario y lo deportaron a Dachau. La madre de Zala consiguió huir, corrió al monte, se unió a los partisanos y trabajó hasta el final de la guerra cuidando enfermos y cocinando para la unidad [...]."

Neus Català:
"Mis funciones en el maquis, junto con mi primer marido Albert Roger (muerto en deportación), fueron múltiples. Mi casa era un punto de apoyo clave. Teníamos que encontrar el lugar adecuado para la recepción e instalación de numerosos guerrilleros españoles y franceses llamados a desplazarse a Alemania, al famoso STO (Servicio de Trabajo Obligatorio). Pronto llegarían antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales y guerrilleros rescatados de combates de otros maquis. Teníamos que organizar el suministro, la obtención de documentación falsa, estafeta postal, recepción y fabricación de artefactos explosivos y obtención de armas [...].
Como la mayoría de mujeres fui enlace. Trabajo en apariencia fácil, pero sumamente peligroso y que requería una gran resistencia moral y física. Las más expuestas a ser descubiertas y ser torturadas, en caso de detención. "Los enlaces -decían nuestros jefes- son sagrados, no deben efectuar ninguna otra tarea". Sí, sí, ¿y quién hacía el resto?. Tenía que recorrer 95 km. entre la Dordogne y la Correze para transmitir un parte. Tenía que ir a pie, en bicicleta, en autobús. Los autobuses eran automáticamente registrados en cada límite de departamento.
Recuerdo mis citas con "Reynal" y después con "Kleber". "Reynal ha sido trasladado", me dijeron. En realidad, había sido detenido y encarcelado en la famosa cárcel de Eysses y deportado. Era un obrero comunista de una inteligencia y bondad extraordinarias. Estas citas se efectuaban delante del teatro de Brive, con la proverbial táctica de "enamorados" o comiendo en un restaurante de la misma plaza, siempre escogiendo con sonrisas amables la mesa contigua de nuestros feroces enemigos, los SS. Por debajo del mantel pasaba el parte y por el mismo procedimiento recogía la respuesta [...]."

Josefa Bas Martí:
"Pasé la frontera en enero de 1.939, al final de nuestra guerra, con un grupo de niños, mujeres y ancianos; nos llevaron a un campo de concentración del norte de Francia. Más tarde, poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, encontré a mi madre en Marsella.
Ya durante la guerra, ocupada la mitad de Francia por los alemanes, me incorporé al trabajo clandestino en un grupo de Jeunes Filles de France. Para mí, como para muchos otros refugiados procedentes de Cataluña y de toda España, la lucha continuaba, y luchar contra el nazismo era perseguir al mismo enemigo que había implantado en nuestra casa, sosteniendo un alzamiento contra el estado legal y democrático, la sucursal fascista llamada franquismo.
En la organización en la cual militaba hubo grandes caídas y detenciones y yo me quedé desconectada.
Fue hacia 1.943 que, por conducto de mi madre, Manela Martí, supe que un maquis pedía mi ayuda, para misiones de enlace, ya que mi juventud (tenía 16 años) y mi aspecto físico (como el buen dominio de la lengua francesa) me hacían apta para poder circular por unos departamentos en los cuales se necesitaba una orden de misión de los alemanes.
Este maquis de Dordogne era un destacamento mayoritariamente de españoles, más o menos ligado al maquis de la Corrèze.
Eran unos 35 y tenían como misión principal hacer saltar la línea ferroviaria de París entre Gourdon y Brive-La Gaillarde e impedir que ésta se acabara de electrificar, a fin de obstaculizar los movimientos de tropas y armamento alemanes en este importante nudo geográfico.
Los compañeros bajaban de la montaña a realizar estas misiones muy al descubierto, ya que había escasez de armas ligeras.
Me tuve que encargar de proporcionarles pistolas y cajas de fulminantes (detonadores para explosivos) que nos procurábamos en Marsella, con la gente del hampa, muy importante en esta ciudad. Por medio de colectas entre los refugiados, podíamos pagar los altos precios que estas armas nos costaban."

Teresa Gabelli de Serra:
"Nuestra casa fue el punto de apoyo y punto de partida de la resistencia. Vivíamos siempre con Angelina, su marido Descarrega, su madre, mi marido y yo.
En Montluçon había muchos españoles, los pobres, todos la vestimenta destrozada, trabajando en los altos hornos [...].
Mi marido fue detenido dos veces por los alemanes y se evadió otras tantas y yo tuve que presentarme a la Gestapo cuando mi niña solo tenía 15 días. Dejé a mi niña con Angelina y su madre, diciéndoles: "Sobre todo, si pasa algo no abandonéis a mi hija, entregadla al Partido". Me soltaron, tuve suerte, porque era muy raro que los alemanes soltaran a alguien [...].
Nuestro trabajo, aparte de ser punto de apoyo, consistía: todas nosotras formábamos parte de las FFI (Fuerzas Francesas del Interior). Se confeccionaba propaganda en alemán para echarla en los cuarteles alemanes. De ésto nos encargábamos las muchachas, con nuestras bicicletas para arriba y para abajo, todos los días, al anochecer, antes del toque de queda, por las tapias echábamos nuestros paquetes de propaganda [...]. Bueno, sí, los digo, ya que así lo quieres. He sido la responsable política de los guerrilleros de Montluçon."

Fuente: Los campos de concentración Nazis. Palabras contra el olvido; Rosa Turón (Ed. Península)
Fotos: película Female Agents (AKA Les Femmes de l'ombre)
"Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda." - Martin Luther King
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Fuga del campo de concentracion, 3. Fuga del komando Cesar.

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El 5 de abril de 1.942, tres españoles se fugan del komando César, aunque acaban siendo detenidos de nuevo poco después, y uno de sus protagonistas, Agustín Santos, que ingresó en Gusen con la matrícula 5.106, deja su testimonio en el libro "El holocausto de los Republicanos Españoles", de Eduardo Pons Prades, con las siguientes palabras: "Si la narración no ha sido contada con el arte que lo hubiese hecho una pluma diestra, tiene la virtud de ser la exacta realidad sin poner ni quitar una coma".

Agustín Santos fue soldado republicano voluntario, y como tantos otros republicanos, en febrero de 1.939 cruza la frontera de Francia, acabando en el campo de Refugiados de Bacarés. Al declararse la 2ª Guerra Mundial, se alista en los batallones de marcha, pero en junio de 1.940 los alemanes le hacen prisionero y le internan en el Stalag VII-A hasta el 25 de agosto de 1.941 que le trasladan a Mauthausen.

Al llegar a Mauthausen, se encuentra con un montón de conocidos suyos, que no eran ni la sombra de lo que habían sido, entre ellos a Azuaga, amigo suyo de hacía tiempo, al que encontró particularmente cansado. Conservando aún sus fuerzas por llevar poco tiempo en el Campo, un día intenta compartir su ración de comida con su amigo Azuaga, y lo que recibe por respuesta es: "No, guárdalo para ti, que lo vas a necesitar muy pronto. Mientras que a mi ya no me serviría de nada. Ya es demasiado tarde; yo ya estoy en la pendiente que conduce al abismo inevitablemente. Tu aún estás robusto y puedes llegar al término del viaje."

Azuaga falleció 15 días después, y esto impresionó tanto a Agustín, que se prometió a sí mismo sobrevivir a aquello para contarle al mundo lo que estaba viviendo, con lo que pensó en fugarse, pero de Mauthausen era casi imposible, además de las consecuencias que conllevaría para sus compañeros de grupo.

El 12 de octubre es seleccionado para trabajar en el komando exterior de Vöcklabruch, el komando César, y al llegar allí, lo primero que comprobó fue que las alambradas que rodeaban al campo no estaban electrificadas, y que los españoles que allí estaban, aunque esqueléticos, conservaban cierta viveza en sus miradas.

Allí conoció a Juan Adelantado, con quién entabló amistad, y juntos coincidieron en su proyecto de evasión, realizando el primer intento el 17 de octubre, fecha en la que Santos sale de su barraca dirigiéndose a buscar a Adelantado a la suya, y cuando se aproximaba a su destino se encendieron los proyectores por lo que tuvo que regresar de nuevo a su barraca.

Estando a las puertas del invierno, deciden darse ese tiempo para madurar el proyecto, y llevarlo a cabo en primavera, pero un día, hablando de ello les escucha Francisco López Bermúdez, y les pide formar parte del equipo, por lo que a pesar de no estar del todo convencidos, por ser algo mayor, le aceptan, y acuerdan no hablar más del tema hasta la primavera.

Por aquel entonces, trabajaban en la construcción de una carretera, obra que se vio paralizada por las nieves, por lo que fueron trasladados a trabajar a un taller en el que Agustín entabló cierta confianza con una sirvienta que se apiadaba de ellos y les daba algo de comida cada vez que podía, y gracias a ella consiguió unas tenazas, herramienta necesaria para cortar las alambradas del campo.

Cuando llegó la primavera, acordaron llevar a cabo la fuga el 5 de abril. Para ello tenían que abrirse paso por un espacio que había de un par de metros bajo una de las torretas-mirador del campo, que era el único espacio no visible desde las otras 3 torretas por su proximidad a la barraca de los retretes, y ese día, cuando sonó el silbato para que se metieran en sus barracas, Santos, Adelantado y López se escondieron en la de los retretes, y en cuanto se cerraron las ventanas y puertas de los barracones, teniendo un margen de unos minutos antes de que los kapos pasaran revista, Agustín se deslizó por el suelo hasta las alambradas y las cortó, saliendo los tres, y cuando se encontraban a unos 500 metros del Campo, comenzaron a oír los silbatos y gritos en alemán, con lo que ya sabían que su fuga había sido descubierta.

Los proyectores comenzaron a funcionar, pero ellos siguieron alejándose del Campo arrastrándose por el suelo, y cuando calcularon que estaban a suficiente distancia, se incorporaron y echaron a correr hacia el bosque, teniendo que evitar el contacto con nadie que les pudiera ver vestidos con el uniforme de rayas, e intentando aprovechar esa primera noche para llegar hasta las montañas del Tirol.

Los días siguientes, fueron comiendo de lo que encontraban en granjas, y cogieron ropa vieja que encontraron, abandonando los trajes de rayas, lo que les permitía andar algo más de día.

A los 20 días de la fuga, se encontraron con un hombre de uniforme con la cruz gamada en un brazo, que les pidió que le siguieran, y ante la imposibilidad de deshacerse de él, Agustín le propino un puñetazo en la mandíbula que le dejó sin sentido unos momentos, y echaron a correr  en desbandada. El uniformado cobró el sentido y comenzó a gritar en dirección a la aldea más cercana, y en esa huida, el grupo perdió a Adelantado, que fue detenido poco después en un pueblo de aquella región.

Santos y López continuaron en dirección a la frontera suiza, pero que una tarde, durante un descanso que se tomaron en lo alto de una montaña se toparon con un guarda forestal que les comenzó a disparar, y López desapareció, por lo que Agustín continuó solo la marcha, escalando la montaña, hasta que se topó con la nieve, momento en el que vio una choza construida al abrigo de un roquedal, y decidió cobijarse allí para pasar la noche, pero al cabo de un rato, escuchó unos ruidos, y al mirar fuera, se encontró con Francisco, que llegaba helado, y herido en un brazo por los perdigones del guarda.

Agustín le limpió la herida con nieve, le vendó el brazo con un trozo de camisa, y se cobijaron en un montón de paja de la choza para pasar la noche juntos, y al amanecer, con una vieja bayoneta que encontraron, le sacó los perdigones más superficiales, y se tomaron el resto del día para descansar.
En cuanto anocheció, se pusieron de nuevo en marcha, pero a las pocas horas, Francisco se sintió desfallecer y le dijo a Agustín: " Yo no puedo seguir. Estas montañas son mucho para mí y no voy a ser para tí más que un estorbo", pero tratando de animarlo, y guiados por una promesa que se habían hecho en el campo de ayudarse mutuamente hasta el fin, Santos no le dejó, y decidieron abandonar las montañas y continuar la marcha cerca de las carreteras.

Dos días más tarde, a 350 kilómetros del campo, y a casi 30 de Suiza, son detenidos en un pueblo llamado Landeck. Les condujeron a la gendarmería, y allí declararon haberse fugado de un Stalag (campo de prisioneros de guerra). La gendarmería austríaca lo creyó, y enviaron a Agustín a un campo de represalias en Ucrania, el de Rawa-Ruska, perdiendo en ese momento el contacto con Santos.

Tres meses después de ser detenidos, la Gestapo le localizó (en agosto de 1.942) y se descubrió que era un fugado de un campo de exterminio. Le fueron a buscar a Rawa-Ruska y le llevaron a Cracovia donde fue sometido a duros interrogatorios en los que tuvo que explicar la evasión y los pormenores de la marcha hacia Suiza, y 3 días después, le recogían dos SS del campo de Mauthausen y el 27 de agosto volvía a cruzar aquellas puertas.

En Mauthausen no fue eliminado inmediatamente, tal y como se esperaba, sino asignado a una compañía disciplinaria trasladada a Gusen (que era lo mismo que sentenciarles a una muerte lenta), donde encontró de nuevo a Francisco López.

López no pudo resistir el invierno, y antes de que finalizara, falleció.

Agustín pasó 8 meses en aquella compañía, en la que resistió gracias a la solidaridad de sus compañeros, y gracias a ellos también, y a la ayuda del jefe de enfermería, pudo salir de la compañía disciplinaria y volver al régimen general del campo, lo que le permitió recuperarse un poco y resistir hasta el día de la liberación.
"Resígnate a no haber podido hacer una cosa, más nunca a no haberlo intentado, si vale la pena de intentarlo." - Amado Nervo
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El Kommando Cesar, un Oberkapo español en Mauthausen

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El kommando César es uno de los Kommandos de Mauthausen, conocido así por estar controlado por el jefe de los kapos, César Orquín i Serra, un valenciano con formación universitaria y musical que había pertenecido a la CNT y hablaba perfectamente el alemán. A Orquín, unos le acusan de déspota y otros de bienhechor. Hombre con cierta capacidad persuasiva con los SS, sugirió, con la promesa de obtener mayor capacidad productiva, la formación de un kommando especial formado por republicanos españoles con mejores condiciones de alimentación para trabajar en fábricas e infraestructuras en localidades próximas a Mauthausen. Tuvo a su cargo 460 españoles.

Hay deportados que le consideran responsable del envío de muchos españoles al campo de Gusen para ser eliminados, y hay deportados que  consideran que salvó a muchos españoles.

Para José Alcubierre no se portó mal, sino que tenia que tener contentos a los oficiales SS y por eso aparentaba dureza, ya que era oberkapo. Para Alcubierre el hecho de ser destinado a este kommando quería decir que "eran unos enchufados porque eso les libró de ir a la cantera".

Juan Camacho sólo tiene palabras de agradecimiento hacia César Orquín i Serra. De él dice que "era una persona muy culta, educada, refinada, atenta, con gustos y sabores musicales y que nunca le dirigió una mala palabra o un mal gesto. Allí, los comunistas lo quisieron involucrar en sus acciones pero él se negó, porque él no era comunista, él sólo se consideraba republicano. Eso lo salvó también cuando un grupo de españoles del kommando, muchos de ellos comunistas, serían enviados al campo central y a Gusen."

Para Jose Maria Aguirre, era un "hombre temperamental y de gran genio, se enfrentó a los alemanes y exigió tener a trabajadores españoles a su cargo para realizar trabajos de construcción. Al final, gracias a su tesón, consiguió salvar a más de doscientos compatriotas de la muerte". Gracias a César Orquín, el grupo de trabajo del que formaba parte José María Aguirre recibía doble ración de comida y un trato un poco –sólo un poco– mejor que el resto de deportados. Y Aguirre nunca se olvidaba de recalcar que él no había sido un héroe ni un luchador, "sólo un superviviente". Y que si no fuera por el "Kommando César", el temible capitán Bachmayer, también conocido como "El gitano", habría acabado con él.

En cambio, para otros como  Mariano Constante o Manuel Razola, era un preso de derecho común y provocador.

Francisco Batiste, en su libro "El sol se extinguió en Mauthausen" dice en su capítulo "Kapos Españoles": "(...) El denominado "Kommando César" fue el más "ilustre" y conocido por nuestros deportados. César Orquín, cabeza visible de los kapos, creó una siniestra leyenda a su alrededor. Yo, al haber convivido con él en el campo de concentración francés de Agde y en la misma Compañía de Trabajadores Españoles creada al inicio de la Segunda Guerra Mundial, tuve ocasión de conocerle personalmente. (...) Pese a sus contradicciones plasmadas en considerarse poeta en un momento dado para pasar después a ser autor dramático, doctor o ingeniero, podíamos definirle como un sujeto muy inteligente.
César intentó sacar el mayor provecho posible de la situación tan irreal en la que estábamos inmersos los españoles. Hablando casi correctamente el alemán, no tardó en poner su capacidad intelectual al servicio de los SS. Alcanzada la confianza absoluta del capitan Bachmayer y del Legerkommandant (jefe supremo) Zereis, se le concedió el grado de Oberkapo (cabo superior) con la responsabilidad de organizar un colectivo formado exclusivamente de excelentes trabajadores españoles. Así nació el que simbólicamente conocimos como el Kommando César.
No le resultó difícil agrupar a unos cuatrocientos de nuestros camaradas, imaginando todos ellos que, abandonar el terrorífico trabajo de la cantera de la muerte y estar bajo el mando de un Superkapo español les depararía un trato más humano y ampliaría sus posibilidades, por tanto, de sobrevivir al infierno de Mauthausen.
¡Vana ilusión! Tanto Cesar como sus ayudantes nombrados por él para "tratar" a sus trabajadores, eran, ante todo, lacayos de los SS., y el comportamiento de alguno de ellos para con sus compatriotas superaba, con creces, el instinto sanguinario de los kapos triángulos verdes alemanes.
Empleados en la industria de armamento en la ciudad de Ternberg, cercana a Linz, el ritmo de trabajo era infernal. Uno de mis amigos, el también valenciano Manuel Ginestar, veterano, junto a otros testimonios, pese a alguna divergencia, llegan a la conclusión de que la conducta de César resultó despiadada, sobresaliendo entre sus ayudantes hispanos su "preferido", un tal Flor de Lis, un joven muchacho de apenas veinte años lleno de instintos criminales que contribuyó enormemente a que el "Kommando César" fuese uno de los que, a ser posible, teníamos que evitar.
 Al igual que todos los oberkapos, César Orquín tenía a sus preferidos. Estos, una minoría, llegado el día de la liberación defendieron su actuación fundamentándola en que bajo su mando murieron únicamente cuatro españoles, por agotamiento físico y que bajo la dirección de kapos alemanes el porcentaje hubiese superado el 50%.
La realidad fue otra más diabólica, centenas de nuestros camaradas, debilitadas sus fuerzas que les imposibilitaban ya ser productivos, no debían morir allí, siendo trasladados a Mauthausen y Gusen donde eran eliminados definitivamente.
El regreso desde Ternberg de numerosos camiones con su triste cargamento y la elección de nuevas víctimas, nos hacía imaginar lo que ocurría en el grupo mandado por el inteligente y a la vez despreciable compatriota. El cinismo de César Orquín llegaba al extremo de elegir entre los desgraciados deportados a cuantos no eran partícipes de sus ideas."

Aquí están las dos caras de la misma moneda, bueno y malo. Una versión para cada vivencia.
"Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira." - Ramon de Campoamor
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La matanza de la bahia de Lübeck desde el Cap Arcona

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El mayor desastre marítimo del mundo no paso en el Océano Atlántico, ni fue el hundimiento del Titanic, en el que murieron 1.523 personas, sino que ocurrió en el Báltico, y el buque fue el Cap Arcona, en el que 4.500 prisioneros quedaron atrapados en las bodegas, durante la matanza de la bahía de Lübeck, tragedia que no sale en los libros de historia, y en la que murieron deportados de 28 nacionalidades, incluida la española.

El Cap Arcona fue un lujoso barco, considerado el Queen Mary II de su época, que transportó pasajeros por el Báltico, Mar del Norte y Atlántico hacia África, Brasil y Argentina durante 12 años, hasta el estallido de la 2ª Guerra Mundial.

El 25 de agosto de 1.939 fue destinado al servicio de la guerra, y fue amarrado en el puerto de Dánzig siendo usado como vivienda flotante de la Kriegsmarine. En 1.944, ante el avance de los aliados, pasó a transportar refugiados, prisioneros, heridos y tropas, entre Dánzig y Copenhague, pero las turbinas se averiaron durante la travesía, por lo que fue remolcado a un astillero escandinavo donde las repararon. Pudo volver a Alemania, pero al llegar a la bahía de Lübeck estaba casi inservible, por lo que la Kriegsmarine se lo devolvió a la naviera propietaria.

El 14 de abril de 1.945 Himmler dio la orden de no dejar ningún deportado vivo en manos de los aliados para que las atrocidades de los campos quedaran ocultas para siempre, por lo que, al ser demasiado lenta la eliminación de los cuerpos, los SS decidieron vaciar los campos de concentración organizando las “marchas de la muerte”.

Los campos de Neuengamme y Dánzig fueron vaciados y los deportados dirigidos hacia Lübeck, donde los nazis pretendían encerrarlos en buques y hundirlos en alta mar, por orden de Kaufmann. También llegaron allí presos de Stutthof y Mittelbau-Dora.

En la bahía se encontraban el buque Cap Arcona, y los cargueros Thielbek, Athen y Deutschland. Los cuatro serían preparados para el mismo objetivo.

Mientras los deportados eran llevados hacia allí, el 18 de abril de 1.945, los SS subieron a bordo del Cap Arcona e informaron a los oficiales que se estaba preparando una “operación especial”, sin concretar más, pero los capitanes Heinrich Bertram del Cap Arcona y Jhon Jacobsen del Thielbelk fueron llamados a tierra, donde se les explicó en detalle el proyecto asesino. Jacobsen regresó a bordo y reveló la verdad a toda su tripulación, señalando que ambos capitanes se habían negado a llevarla a cabo. Jacobsen, fue separado del mando de su buque al día siguiente.

Entre el 19 y el 26 de abril, más de 11.000 deportados llegaron a pie al puerto de Lübeck, estando presente la Cruz Roja Sueca que intentó negociar con Himmler su rescate, aunque en vano.

El 20 de abril comenzó el embarque. Gehrig ordenó a Fritz Nobmann, capitán del Athen, llevar a 2.300 deportados y 280 oficiales SS y kapos a bordo para transferirlos al Cap Arcona anclado a 4 km. en alta mar. Nobmann se negó, pero bajo amenaza de ser fusilado tuvo que acceder, y los ss obligaron a subir a los deportados a palos. Cuando llegaron al Cap Arcona, Bertram se negó a embarcarlos, y el Athen tras pasar la noche en alta mar, regresó a puerto con los deportados.

Gehrig (SS- Sturmbannführer) se lo comunicó a Pauly (comandante de las SS), que a su vez se lo transmitió a Bassewitz-Behr (general de las SS), y éste a Kaufmann (comisario del Reich para la marina). Kaufmann envió a Horn, su asesor personal, a encontrarse con John Egbert, presidente de la compañía marítima propietaria del buque, para decirle que si Bertram no accedía sería fusilado, momento en el que todos tenían claras ya las intenciones de los SS y el destino de los deportados.

Cinco días después, el 26 de abril, el teniente comandante Lewinski y Gehrig subieron a bordo del Cap Arcona. Bertram intentó negociar con ellos, pero solo recibió como respuesta la promesa de un juicio marcial y su fusilamiento si se negaba, con lo que accedió.

Comandados por el oficial Kristein, los ss quitaron todos los chalecos salvavidas, los bancos y cualquier cosa que pudiese ser usada como balsa, y los guardaron bajo llave.

Durante varios días, el Athen navegó entre el puerto y el buque transportando deportados para transferirlos. Excepto los deportados políticos, los presos permanecieron uno o dos días a bordo del Thielbek antes de ser transferidos al Cap Arcona. Finalmente subieron a bordo 6.500 deportados y 600 guardias SS. 

Para los deportados la visión era surrealista, agotados tras la marcha de la muerte, atravesando el interior del barco decorado con alfombras persas, y pasando por los elegantes restaurantes Victorianos, para terminar amontonados en los camarotes, que habían sido vaciados para hacer más espacio, aunque habían dejado los cuadros de las paredes y las mullidas alfombras…

Casi no había comida ni bebida, por lo que diariamente morían de 20 a 30 deportados, y en vistas del hundimiento, el número de ss se fue reduciendo, siendo éstos sustituidos por miembros del ejército de tierra y de la infantería de marina, de entre 55 y 60 años.

El 30 de abril, el Athen realizó su último viaje al Cap Arcona, pero para sacar prisioneros del buque (superpoblado) puesto que ni los ss podían soportar más los muertos y el olor, y porque la Cruz Roja sueca consiguió llegar a un acuerdo para rescatar a los detenidos franceses.

El 3 de mayo, mientras los submarinos alemanes se preparaban para disparar los mortales torpedos, los tanques británicos aparecieron, y los alemanes su pusieron a cubierto para combatir. Esa misma mañana, un avión inglés había hecho un vuelo de reconocimiento y había sobrevolado el Cap Arcona. Los deportados le habían hecho señales con las manos, pero los nazis del Athens abrieron fuego contra el avión. Volaba a 10.000 pies, por lo que era imposible identificar a las personas a bordo.

A mediodía dos oficiales británicos se presentaron en la oficina de la Cruz roja sueca donde recibieron el informe completo de la situación de los barcos, pero ya era tarde, varios aviones de la RAF (Royal Air Force) se presentaron en la bahía. Cuatro escuadras de cazabombarderos Typhoon de la Second Tactical Air Force se pusieron en posición de ataque, y aunque los ss pusieron banderas blancas en los barcos, mantuvieron la bandera hitleriana, y los ingleses iniciaron el ataque, siendo los buques bombardeados y ametrallados.

En el Cap Arcona, muchos deportados habían sido encerrados en las bodegas y en los camarotes. El buque se incendió y comenzó a hundirse, y los presos que pudieron salir sabían que tenían poco tiempo para escapar, pero no tenían cómo, puesto que los ss habían agujereado todos los botes, excepto uno para ellos. Bertram abandonó el puente de mando y se abrió paso a machetazos entre los presos para salir del barco. Los presos se tiraban por la borda para agarrarse a un tablón o a lo que pudieran, muriendo la mayoría de ellos ahogados, otros nadando en las aguas, que por aquel entonces estaban a unos 7 grados bajo cero, y otros muchos, ametrallados en el agua o al llegar a tierra.

Unos pocos prisioneros fueron rescatados por pescadores alemanes que socorrían a las victimas, y al llegar a tierra solicitaron a las tropas británicas que enviaran urgentemente botes de salvamento.

Minutos después se produjo el ataque contra el Thielbek.

De los 4.500 prisioneros del Cap Arcona, lograron salvarse 316, y de los 2.800 del Thielbek, se salvaron 50.

El Athens, poco después de su último viaje al buque embarrancó en Neustadt e izó una bandera blanca, gracias a lo que se salvaron todos los pasajeros, que fueron liberados por los aliados. El Deutschland también fue atacado y hundido, pero no llevaba prisioneros dentro.

Las autoridades británicas explicaron que la presencia de una flotilla militar alemana junto al Cap Arcona les había llevado al error, pensando que los barcos estaba ocupados por militares alemanes, pero en el año 2.000 el historiador alemán Wilhelm Lange afirmó que los británicos sabían de la existencia de estos buques-prisión un día antes del ataque, pero que esta información no se había dado a conocer. Cuando la Cruz Roja sueca trasladó a los prisioneros franceses a hospitales en Suecia, la operación de rescate se puso en marcha mediante la utilización de la información de la inteligencia británica, lo que indicaba su conocimiento de los prisioneros a bordo de los barcos.

Cuatro semanas después del ataque, los cuerpos de las víctimas comenzaron a llegar a las playas. Los cadáveres fueron sepultados en fosas comunes cerca de Neustadt, en Holstein, y durante unos 30 años, siguieron llegando esqueletos a las playas, constando el último en 1.971, el de un niño de unos 12 años.

Los supervivientes hicieron construir un memorial de piedra en el que se lee: “ A la memoria eterna de los deportados del campo de concentración de Neuengamme. Murieron durante el naufragio del Cap Arcana el 3 de mayo de 1.945”.

El gobierno británico ordenó el cierre de los registros durante 100 años, por lo que los archivos no serán accesibles hasta 2.045. Ni británicos, ni franceses ni alemanes hablan de ello, ni la tragedia aparece en los libros de historia, por lo que el drama permanece impune, y la información de la que disponían seguirá siendo un secreto.

Testimonio de André Migdal (Superviviente francés):
" Llegué al embarcadero el 30-4-1945. Con el barco repleto, los motores del Athen se pusieron en marcha. Sentíamos las vibraciones bajo nuestros pies y el viento marino nos golpeaba el rostro. Apretados unos contra otros, no podíamos imaginar un viaje muy largo en alta mar. Atravesamos una suerte de canal y descubrimos a cierta distancia un enorme y magnífico buque. Los oficiales de las SS dirigían todos los sectores del barco, controlaban los movimientos, organizaban brutalmente la distribución de los camarotes, las bodegas y los puentes. Fue así como me encontré en un camarote de lujo de un barco de lujo, tras haber estado en lo más bajo de un sistema esclavista, viviendo sin calificación humana en el campo de concentración de Neuengamme […]. Éramos aproximadamente quince por camarote en ese paraíso flotante, y no conocíamos las razones de este cambio. No todos estaban en el mismo barco, pero en todas partes existía la misma superpoblación. Debido a esta sobrecarga, los SS comenzaron una cacería con el fin de evitar, aparentemente, un posible foco de resistencia. Controlaron los camarotes en varias oportunidades. Los deportados a los que se señalaba eran sacados violentamente. ¿Para ir adónde? En dos oportunidades escapé de esta cacería, pero un kapo polaco todavía de servicio me señaló. Fui entonces llevado a empujones, hasta el pasillo en el que nos encontramos amontonados, sin poder intentar el menor gesto. Atemorizados, impotentes, algo resignados, abandonamos el Cap Arcona. También dejé, y para siempre, a mis compañeros, sin medir la importancia de este traslado.
Del Cap Arcona me trasbordaron al Athen, donde fui a parar al fondo de una bodega. Estábamos tendidos, flotando sobre un río de excrementos, sólo vestidos con nuestras ropas harapientas, sin agua, sin comida, casi sin luz. Muchos estaban enfermos de disentería.
Sin medicamentos, obviamente, ni la menor posibilidad de higienizarnos. En un rincón de la bodega había un lugar donde estaban “depositados” los muertos, cuyos cuerpos debían ser arrojados al mar. Luego de recibir violentos golpes de un SS, pude deslizarme entre esos muertos para ponerme al abrigo. Estaba seguro, al menos, de que ya no sería pisoteado ni molestado, como aún podían serlo los vivos: hostigados, enfrentados permanentemente al odio. Sin moverme, sin tampoco poder dormir, ya que aún debía evitar que me arrastraran con los muertos, a través de una cuerda que los arrojaba al mar.
El 3 de mayo el Athen se dirigió a tierra para recoger otro “cargamento” de detenidos: hombres, mujeres y niños destinados también a desaparecer. La noche anterior habíamos sentido un balanceo en el barco, probablemente ocasionado por un intento de torpedeo.
El Athen disponía de un equipo antimagnético eficaz. Al atardecer percibimos los disparos de la defensa antiaérea, luego dos golpes secos. Habíamos sido ametrallados por aviones de la Royal Air Force. Un SOS desesperado desató una avalancha hacia la escalera. Un primer detenido subió la escalera de hierro y abrió la escotilla. Otro lo siguió. Es así como logré salir de esa sórdida bodega. Presa del pánico, me precipité hacia la proa bajo el fuego incesante de los aviones y salté a estribor, sin poder ver nada. Perdido, permanecí aferrado a una cuerda del barco, que no se movía. Mis manos sangraban pero, curiosamente, no sentía dolor. Sólo una picazón provocada por el agua salada y congelada del mar Báltico.
Debía calcular exactamente el esfuerzo necesario, sin saber si sería capaz de dar las pocas brazadas que me separaban del pontón. Como una pieza desmantelada, lo alcancé, aturdido. El Athen vaciaba su cargamento por ese único pasaje, al final del cual un tanque inglés, con la torreta abierta, intentaba contener a la multitud de deportados completamente aterrorizados.

A lo lejos, escorado, el Cap Arcona ardía. El Thielbek había desaparecido. Más tarde, nos enteramos de que se había hundido en 20 minutos, tragándose prácticamente toda su carga. El Deutschland, a bordo del cual no había deportados, también se hundía. En menos de treinta minutos, los aviones ingleses, nuestros tan esperados liberadores, nos traían la muerte.
¿Cómo aceptar, desde entonces, la ausencia de explicación por parte de las autoridades británicas, la falta de organización para venir a socorrernos? Lo que hoy sigue siendo inexplicable es el silencio, esa negativa a determinar las responsabilidades."

Fuentes y más información: Exordio, CruceroMania, El Dipló, The Cap Arcona Maritime Tragedy, Enciclopedia Titanica, Universität Hamburg.
"No hay nada escondido entre el Cielo y la Tierra... tarde o temprano las cosas salen a flote." - Anónimo
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Testimonios: Las marchas de la muerte y la Liberacion.

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A medida que las tropas soviéticas avanzaban hacia Alemania, los nazis fueron desmantelando los campos de concentración y exterminio para borrar los rastros de sus crímenes. Estas acciones fueron precedidas de exterminaciones y la evacuación de miles de deportados desde los campos de Polonia hacia el oeste y desde los de Alemania hacia el Báltico. A pie o en vagones de tren descubiertos, fueron conocidas como las marchas de la muerte.  Cuando el ejército Rojo, por el este, y las tropas aliadas, por el oeste, entraron en los campos, encontraron a miles de personas enfermas, hambrientas o moribundas. El último campo liberado fue Mauthausen.

Las marchas de la muerte:
Lise London:
"Empieza la larga marcha por unas carreteras que no sabemos hacia dónde conducen. Nuestra columna de unas doce mil mujeres, es una más de los Kommandos lanzados a las carreteras de los alrededores de Leipzig. Esta enorme serpiente compuesta por unos cien mil hombres y mujeres en uniforme de presidiario, escoltados por patrullas de las Waffen SS, se estira a lo largo de varias decenas de kilómetros [...].
Llegamos a la pequeña ciudad de Wurzen. Bajamos hasta el río Mulde, atravesado por un gran puente de hierro. Nos cruzamos con un gran convoy de hombres que se hacen a un lado para que pasemos. Nos dejamos caer, literalmente, en una gran explanada que rodea el río y, abrazadas unas a otras, intentamos entrar en calor.
La parada será muy corta, pero ya es de día cuando volvemos a la carretera. Cruzamos el puente y pasamos ante un cadáver que yace encogido en el suelo, vestido con el uniforme de rayas; un poco más allá, una mujer de cabellos grises está agonizando. No podemos detenernos a auxiliarla y los escasos habitantes que caminan por la acera siguen su camino sin mirar. Al entrar en la calle mayor, vemos unos esqueletos vivientes con ropa de presidiarios. Se sientan en las aceras, vencidos por el cansancio e incapaces de dar un paso más, ni siquiera para escapar al tiro de gracia. Encontraremos a muchos como ellos en la carretera. Oímos disparos a nuestras espaladas. Los equipos especiales de las SS están rematando su obra mortal [...]."

Constanza Martínez Prieto:
"Cuando los ingleses se acercaban a Leipzig, los nazis SS hicieron evacuar el campo. Recuerdo perfectamente que era el 14 de abril de 1.945. Paquita (Mercedes Núñez), que se encontraba en la enfermería, había confeccionado no sé cómo, unas banderitas republicanas para las 8 españolas del campo y, luciéndolas, nos pusimos en camino hacia Dresde. La odisea por la carretera no es para describirla ¡y pobre de la que caía rendida por el cansancio!. Era abatida como si se tratase de un perro malherido. En un momento dado nos apercibimos de que nuestros guardianes habían desaparecido. Continuamos algún tiempo en fila, por si se trataba de una maniobra para tener pretexto (aunque no les hacía falta) para ametrallarnos a todas, pero al cerciorarnos de que no teníamos vigilancia alguna, en pequeños grupos, nos fuimos separando y aquello fue el "sálvese quien pueda" final. Nuestro pequeño grupo (tres españolas y una francesa) fue recogido por unos prisioneros de guerra (un checo, un yugoslavo y un italiano) que trabajaban en una granja, y donde nos tuvieron escondidas hasta la llegada de las tropas soviéticas. Éstas nos concentraron en un gran campo y posteriormente nos llevaron a Torgau, y unos días después las tropas americanas nos repatriaron a Francia, donde éramos acogidas en el Hotel Lutetia."

La liberación:
Jacint Carrió:
"Pasamos toda la mañana a la expectativa. Faltaban cinco minutos para las cinco de la tarde del día 5 de mayo (el quinto mes del calendario) de 1.945, cuando llegaron los aliados al campo de Gusen. Siempre he recordado esta fecha; para mí fue un momento mágico, cargado de cincos. Soldados americanos abrieron las puertas. Un oficial se encaramó a lo alto de una de las torres y dejó caer la ametralladora que había estado instalada desde 1.941 [...].
Fue en aquel momento cuando nos sentimos libres. Libres de la muerte, pero, sobre todo, del miedo y del terror. Hacía un par de días que los guardias de las SS habían abandonado el campo, pero nadie sabía qué pasaba más allá de los muros. Los kapos y una desorientada guardia vienesa habían mantenido el orden hasta entonces. La llegada de los americanos era la garantía de que nuestra cautividad se había terminado. Muchos prisioneros marcharon sin ni tan sólo pasar por la puerta. Saltaron el muro, rompieron las alambradas, escaparon campo a traviesa. No querían arriesgarse a sufrir nuevos controles.
Enfermos y mutilados salían de la enfermería. Algunos, casi se arrastraban [...]. La cocina fue asaltada; como también la intendencia y las barracas de ls SS. Encontraron una botella de champán y, con un grupo de republicanos, celebramos el momento [...].
Al día siguiente llegó la intendencia americana. Llevaban de todo: comida, medicamentos. Hombres hambrientos se lanzaron sobre ello sin control. La abundancia, después de años de miseria, provocó más de una muerte por hartazgo. Nuestros cuerpos no estaban en condiciones de asimilar tanta comida. Procuré moderarme, como hicieron otros, pero no todo el mundo supo mantener la cabeza clara en aquel momento. Había prisioneros en el campo que, sin la ayuda de la red de solidaridad interna, estaban mucho más hambrientos que yo y ante tanta comida enloquecieron [...]."

Ramón Salvadó i Valentines:
"Procuramos organizar un poco aquel caos, pero no era nada fácil. Todo el mundo se dedicaba a buscar comida por su cuenta. Se asaltaron los almacenes de los SS y se encontraron sacos de harina y otros alimentos. Muchos hombres comieron sin demasiado control y esto les ocasionó la muerte, cuando ya tenían la libertad a su alcance. Costaba mucho hacernos entender que teníamos que comer poco cuando se disponía de algunos alimentos [...].
Otras medidas consistieron en organizar grupos de gente armada; ahora se disponía de mucho armamento que habían dejado los alemanes y los guardias. Una vez asegurada la defensa del campo, otros pelotones salieron al exterior para controlar los accesos estratégicos y capturar a los nazis que habían huido pocos días antes. Algunos de estos SS se habían quedado cerca de aquellos parajes, estaban escondidos en casas de campo de los alrededores y allí los fueron a buscar algunos compañeros armados [...]."

Bibliografía: Los Campos de Concentración Nazis. Palabras contra el Olvido; Rosa Torán (Ed. Península).
"Nunca existió una buena guerra ni una mala paz" - Benjamín Franklin
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