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La Batalla de La Madeleine y el final de Cristino Garcia Granda.

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Cristino García Granda fue el guerrillero español más famoso en Francia, y un símbolo de la Resistencia francesa. Fue un hombre disciplinado que sabía imponer la disciplina, modesto, con nervios templados, meticuloso en la preparación de las operaciones de que era responsable y decidido a la hora de su realización, jefe, compañero y amigo de cuantos estaban a sus órdenes, que nunca abusó de su autoridad y, no pretendió los honores de su triunfo.

La tercera de las grandes hazañas de Cristino fue la batalla de la Madeleine, una de las acciones más importantes de los guerrilleros de la 21ª Brigada de la 3ª División, mandada por Cristino.

Hacia mediados de agosto de 1.944, ya efectuado el desembarco aliado en Normandía, los guerrilleros reciben la orden no dejar circular a los alemanes. Había que aislarlos, cercarlos y combatirlos hasta donde los medios de ataque lo permitieran; pero sobre todo impedirles sus movimientos a fin de evitar que las fuerzas nazis acudieran al norte a reforzar las defensas alemanas de Normandía donde desde el 6 de junio se libraban las primeras y decisivas batallas de la invasión.

Cristino tiene noticia de que una columna de la Wehrmacht que ha salido de Toulouse se dirige hacia París. La columna, tendrá que pasar obligatoriamente por el cruce de la Madeleine, en las cercanías de Tornac, con dirección a Anduze o Nimes. Esa carretera es estrecha, va por un espeso bosque, cruza el puente del ferrocarril Lezan-Anduze y sigue por un trecho más recto y despejado. Es un sitio perfecto para una emboscada.

El 24 de agosto de 1.944, de madrugada, un destacamento de 34 guerrilleros de la 21ª Brigada llega allí, y a continuación lo hacen cuatro FTPF franceses, expertos conocedores de aquel terreno, que les asesoran sobre dónde deben situarse. Toman posición en las alturas colindantes al Castillo de Tornac (cuyo pueblo es evacuado), desde donde dominan la carretera y el terraplén de la vía férrea, mientras que los especialistas en explosivos colocan cargas debajo de los puentes de la carretera y del ferrocarril.

Cristino en persona pone la primera mina. Cada diez metros hay una; una red de cables las une y éstos están dispuestos en tal forma que al estallar las de la cabeza, unas tras otras lo harán las del centro y la retaguardia. Con este dispositivo todo el convoy será destrozado.

Sobre las tres de la tarde, avistan un grupo de motoristas encabezando una numerosa columna del ejército alemán, compuesta de 60 camiones, 3 cañones y 5 blindados, con unos 1.500 hombres, y desde el mando se dan órdenes estrictas de permanecer cada uno en su puesto en espera de que la columna se aproxime a los puentes y una parte de la misma comience a cruzarlos, momento en el que volarían los puentes, entre el cruce de la carretera y el pueblo de Tornac.
Cristino da orden de volar el puente, cortando así la vía férrea. Una nueva explosión intercepta la carretera detrás de la columna. La caravana germana queda inmovilizada, sin poder avanzar ni retroceder.

Se entabla un duro combate que se prolonga hasta el anochecer. Las armas de los guerrilleros barren la carretera y los alemanes, sorprendidos, no aciertan a tomar posiciones y a responder a las balas que les caen del monte, sin que sepan de dónde, porque los guerrilleros después de cada ráfaga de metralleta se desplazan continuamente dando al enemigo la sensación de ser un nutrido ejército.

Los alemanes, convencidos de que los enemigos son mucho más numerosos, tocan alto el fuego, y deciden formar un cuadro para evitar ataques por sorpresa y resistir hasta que llegue la noche. Muy entrada la noche, sus tanquetas intentan romper el cerco que les han hecho, pero para detener el avance de las tanquetas, se destaca un grupo de dinamiteros, cuya intervención rápida y acertada logra inutilizar 4 y dejar “clavadas” en el sitio a las fuerzas atacantes, que no vuelven a hacer un nuevo intento.

Cuando mayor es el desconcierto de los soldados alemanes, un guerrillero se encarama sobre el terraplén de la vía y a voz en grito les invita a rendirse: "Estáis cercados por fuerzas muy superiores en número a las vuestras, ¡rendíos!", y ante su audacia, un oficial, tras un momento de estupor de los alemanes, grita: "Hacedle prisionero".

Un grupo de nazis se dirige hacia el español dispuestos a cogerle, vivo o muerto, pero éste, aprovechándose de su situación elevada, coge la metralleta y dispara con furia, haciendo una verdadera carnicería entre los que se adelantaban para capturarle.

La caravana cogida en la trampa no puede maniobrar y tiene numerosas bajas, por lo que los jefes alemanes se deciden por fin a parlamentar, y enarbolando una bandera blanca, salen a hablar con el mando español, aparentemente dispuestos a rendirse.

Al conocer la clase de fuerzas a las que se han estado enfrentando se encolerizan y con altivez ponen como condición que solo se rendirán a los oficiales del Ejército Regular y no a soldados de ocasión. Por parte de la guerrilla les proponen que, si van con dos o tres de sus oficiales de alta graduación, les acompañarán a ver al comandante de la gendarmería francesa de Anduze, lugar más próximo de donde se encuentran.

Se llega al acuerdo, y se decide una tregua de 2 horas. Dos oficiales enemigos son conducidos a Anduve para negociar con los jefes españoles en presencia de la Gendarmería francesa, representada por el comandante de puesto, única representación regular de la región. Los alemanes insisten para que se les deje el paso libre, comprometiéndose, a cambio, a no atacar a los guerrilleros. Cristino, de acuerdo con el comandante de la Gendarmería, propone, en cambio, la rendición incondicional.

Los alemanes, antes de terminar la negociación, creyendo sorprender a los sitiadores, rompen la tregua, lanzando un ataque a las posiciones guerrilleras con artillería, tanquetas, morteros y armas automáticas, que se prolonga más de dos horas.

Mientras tanto el mando general del departamento había sido prevenido y envió 70 combatientes franceses de las FTPF como refuerzos, lo que les permite colmar los huecos existentes en sus posiciones y cerrar un poco mejor el cerco a las fuerzas atacantes.

A media mañana, un soldado alemán enarbola la bandera blanca, y aprovechando el alto el fuego, recomienza un intenso tiroteo, seguido de otro fortísimo ataque contra las posiciones guerrilleras. Ante las dificultades para penetrar la línea de defensa, se lanzan en tromba en un tercer ataque, pero dos avionetas al servicio de la Resistencia bombardearon con proyectiles ligeros los camiones, incendiaron varios y consiguieron poner una "oruga" fuera de servicio dejando en el terreno decenas de muertos y heridos alemanes.

Desmoralizados, al filo del mediodía levantan bandera blanca y se rinden, en esta ocasión sin condiciones.

Los alemanes han tenido más de cien muertos, innumerables heridos y se les hace mil cien prisioneros, además de dejar en manos guerrilleras y francesas importantes cantidades de armas y municiones. En la parte española, hay solamente tres heridos de bala

El jefe alemán, el teniente coronel Konrad A. Nietzche se desnuda, quema la ropa y documentación, se rocía de gasolina, se pega fuego y se dispara al parietal, incapaz de afrontar el pánico de caer en manos de un puñado de guerrilleros y avergonzado por haber capitulado ante tan insignificantes fuerzas.

Esta batalla ganada al ejército alemán ponía punto final a la participación de la guerrilla española en la lucha contra las tropas de ocupación germana en Francia.

Terminada la II Guerra Mundial, el Partido Comunista intenta trasladar el movimiento subversivo a las ciudades españolas. El impulso definitivo de la guerrilla urbana se produce en enero de 1.945, cuando llega a Madrid José Vitini Flores.

Tras la caída de la guerrilla de Vitini, la delegación del PCE en Francia piensa en Cristino como el candidato más adecuado para sustituirle.

Cristino vuelve a España, llegando a Madrid el 19 de abril de 1.945, con las misiones principales de organizar grupos guerrilleros que tendrán que realizar actos de sabotaje, atracos y robos en los llamados “golpes económicos”, asaltos a centros de Falange, atentados contra la vida de miembros destacados del régimen franquista y de aquellos compañeros que son calificados de “dudosos” o chivatos, algo que sucedería con posteridad. También tienen como misión difundir la política de Unión Nacional a través del periódico Ataque, pero la policía descubre los dos primeros números de abril y mayo.

Cristino siempre estaba expuesto al peligro al tratar de dirigir las acciones personalmente con lo que ello significaba. Las principales acciones realizadas por la guerrilla urbana de Cristino son: colocación de un artefacto de plástico en un transformador de luz en la carretera de Extremadura, atraco a las oficinas de Renfe en el Paseo Imperial llevándose 21.148 pesetas, asalto al centro de Falange en la calle Ayala y atraco a la sucursal urbana del Banco Central de la calle Delicias, llevándose un botín de 143.000 pesetas.

Cristino es detenido el 18 de octubre de 1.945 en la Plaza Mayor de Madrid. Es llevado a los calabozos de la Dirección General de Seguridad donde es torturado bárbaramente, según narra en la carta dirigida a su partido, y de allí pasa a la Prisión Provincial de Madrid, “la cárcel de Carabanchel”.

El consejo de guerra contra Cristino García tiene lugar el 22 de enero de 1.946 en el Gobierno Militar de Madrid, y esta noticia escandaliza a los franceses (dónde es considerado un héroe de la liberación), que llaman a intervenir directamente en España.

La sentencia es emitida el 8 de febrero: condena a muerte para Cristino y otros guerrilleros. El 9 de febrero intercede el gobierno francés, y los guerrilleros españoles en Francia movilizan a partidos políticos, sindicatos, asociaciones de todo tipo, autoridades, corporaciones municipales con los alcaldes a la cabeza y a una gran parte de la opinión pública francesa.

No sirve de nada. El 21 de febrero son fusilados en el campo de tiro del Campamento.

El Parlamento francés vota por unanimidad una moción que invita al Gobierno francés a que prepare su ruptura con el Gobierno de Franco y el Gobierno francés concreta su repulsa por el asesinato de Cristino García con el inmediato cierre de la frontera, que duró casi dos años.

Francia presiona ante el Reino Unido y los EEUU para que se tomen medidas contra Franco, lo que conduce a la declaración de la "Nota tripartita" en marzo de 1.946 en la que se expresa el deseo de la retirada pacífica de Franco, la abolición de la Falange y el establecimiento de un gobierno provisional para restituir la soberanía popular.

El 25 de octubre, el Estado Mayor de la IX Región Militar, publicó la Orden General nº 25: "Resistente desde la primera hora, dotado de un alto espíritu de organización y de combate. Se le concede a este jefe de élite (Cristino García Granda) la atribución de la Cruz de Guerra con estrella de plata".

El historiador Daniel Arasa dice: "En el Consejo de Guerra a Cristino García el abogado defensor trató de exculparle diciendo que venía engañado a España. Pero Cristino le interrumpió y dijo que él había venido a España perfectamente convencido a luchar contra el franquismo y que volvería a hacerlo. Si difícilmente se hubiera salvado, con tales palabras su condena a muerte era segura". La declaración de Cristino fue: "Es falso lo que dice el abogado, que nosotros somos gente engañada. Somos patriotas antifranquistas convencidos, que no hemos abandonado la lucha contra los verdugos que oprimen a nuestro pueblo. He sido herido cinco veces en la lucha contra los nazis y sus lacayos falangistas. Se bien lo que me espera, pero declaro con orgullo que mil vidas que tuviera las pondría al servicio de la causa de mi pueblo y de mi patria."

"La libertad está en ser dueños de la propia vida."  - Platón
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Cristino Garcia Granda, la liberacion de la carcel de Nimes y la toma de Foix.

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Cristino García Granda, terrorista para España, y héroe para Francia, llamado por las poblaciones de los Departamentos del Gard, de Lozere y del Ardeche, “el libertador de los tres departamentos”, fue un asturiano, considerado por los historiadores corno el más destacado héroe español de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia, al que se debe la increíble victoria de La Madeleine, además de la liberación de centenares de presos de la cárcel de Nîmes y la toma de Foix.

Nació el 3 de junio de 1.913 en Viodo, comarca asturiana de Gozón, y como la mayoría de sus paisanos trabajó como minero, y tomó parte en la revolución de octubre de 1.934.

En 1.936 trabajaba de marinero, encontrándose en Sevilla en el momento de la sublevación militar que inicia la Guerra Civil. La tripulación del barco se amotinó, se hizo con el mando y dirigió su rumbo hacia Gijón en zona republicana. Durante la guerra civil participó activamente en diferentes combates alcanzado por sus méritos el grado de teniente en el XIV Cuerpo del Ejército Guerrillero, y en 1.939, tras finalizar la guerra, se exilió a Francia donde fue internado en el campo de concentración de Argeles-sur-Mer durante once meses, saliendo a trabajar con otros mineros asturianos y vascos a las minas de carbón en el departamento de Gard, formando parte rápidamente de la dirección del PCE clandestino en la Grand Combe.

Entre finales de 1.942 y comienzos de 1.943, empiezan a formarse los primeros grupos guerrilleros que poco después constituirían la 21ª Brigada, perteneciente al XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles, mandada por Cristino.

El XIV Cuerpo de Ejército de los Guerrilleros Españoles estaba integrado en los Franc-Tireurs et Partisans (FTP), fundados en marzo de 1.942 por el Parti Comunista Français (PCF) y formados a su vez por miembros de dos organizaciones bajo control comunista, la Organisation Spéciale (OS), que databa de 1.940, y la Main d´Oeuvre Immigrée (MOI). Estaba formado por siete divisiones y 31 batallones, que ocupaban otras tantas regiones y departamentos en el mediodía. Jesús Ríos García es nombrado primer jefe del XIV Cuerpo y, al ser detenido en 1.943, lo sustituye Saturnino Gómez “Margallo”. En mayo de 1.944 el XIV Cuerpo, ante el crecimiento exponencial del número de miembros, se convierte en la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE). La Agrupación de Guerrilleros, aunque dependía teóricamente de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI-MOI), constituidas en diciembre de 1.943, disponía de una total autonomía y sus vínculos se reducían a la ayuda mutua.

Con la incorporación de nuevos combatientes voluntarios a la lucha guerrillera, se van creando nuevos grupos y facilitando al mismo tiempo el fortalecimiento, desarrollo y extensión del movimiento guerrillero y la constitución de la 3ª División, bajo el mando del comandante Cristino García, por lo que Cristino manda la 21ª Brigada, que actúa en la región de Gard, desde marzo de 1.943 hasta enero de 1.944, y la 3ª División, que actúa en las regiones de Gard, Ardèche y Lozère, desde enero hasta agosto de 1.944. La 3ª división estaba formada por las brigadas 15ª, 19ª y 21ª.

Hasta principios de 1.944, las acciones guerrilleras en los tres departamentos, Gard-Lozere-Ardeche, en general, estaban orientadas a realizar actos de sabotaje en las instalaciones mineras, en las líneas de conducción eléctrica, en centrales y transformadores, vías de ferrocarril, recuperación de gasolina y alguna que otra cosa más.
Sus ataques lograron disminuir la producción minera de la zona en un 60%.

A partir de primeros de 1.944 es cuando empiezan las acciones guerrilleras. Cristino formó parte de tres grandes hazañas.

La primera gran hazaña realizada por Cristino, fuera de las zonas habituales de actuación y que causó un gran impacto en todo el Mediodía de Francia, fue el asalto a la Prisión Central de Nimes, realizado la noche del 4 de febrero de 1.944.

Esta cárcel estaba considerada poco menos que inexpugnable. Su administración pasaba por ser una de las más duras de todos los penales del país, por ser una prisión especial, en la que recluían a los presos reincidentes, traficantes de droga, chulos, matones, etc, y desde 1.940, numerosos patriotas resistentes.

Oficialmente les estaba totalmente prohibido tener ningún contacto con nadie del exterior, ni recibir ningún paquete, por lo que, dado el modelo de prisión, era casi imposible intentar una fuga sin ayuda desde dentro, y por ello, desde 1.943, la organización de resistentes franceses había comenzado a estudiar la manera de organizar la acción desde el interior de la prisión.

El 16 de octubre de 1.943, a las cuatro de la mañana, llaman a formar a 163 presos políticos, y después de cachearles minuciosamente, uno a uno, les bajan al patio. Sin más aviso, les hacen formar y empiezan a encadenarles. Durante la conducción, en la avenida más céntrica de Nimes, el Boulevard Jean Jaurés, los resistentes encadenados van cantando a voz en grito la Marsellesa y, muchos de ellos, también la Internacional (meses después, entre el 19 y 23 de febrero, esos mismos presos participan en la sublevación de la Prisión Central d´Eysses, que termina con el fusilamiento de doce de ellos.)

El resto de presos que quedan en la cárcel de Nimes, corren el peligro de ser deportados de un momento a otro, por lo que el Estado Mayor de la Resistencia francesa de la zona sur acelera la preparación de su liberación mediante una operación de rescate, consistente en el asalto a la prisión. La orden de realizar el ataque, para liberar a políticos que van a ser enviados a los campos de exterminio de Alemania, se da a mediados de diciembre de 1.943.

Cristino se traslada desde La Grande-Combe a Nimes con catorce de sus hombres, después de haber estudiado el plan de ataque con Gabriel Pérez y Pedro Vicente, y Carlos Alonso, a mediados de enero de 1.944.

Para realizar la operación era necesario disponer de un punto de apoyo y refugio de los guerrilleros, que a la vez sirviera para que los indocumentados y perseguidos pudieran esconderse mientras se les enviaba a otro lugar seguro, por lo que Cristino propone a Pedro Vicente alquilar una casa que reúna las condiciones apropiadas, ya que su mujer Josette es ciudadana francesa y no existirían inconvenientes en cuanto a los trámites para conseguirla. Unos días después, alquilan una casa en la calle de Arenes, a unos 150 metros de la prefectura de policía y no lejos de la casa cuartel de la Gestapo y sede de la organización paramilitar de los fascistas y colaboradores de la milicia francesa creada por el Gobierno de Vichí.

Poco a poco se van ganando la simpatía de ciertos guardianes, particularmente de un joven llamado Luis, mediante cuya colaboración consiguen levantar un plano de la situación y emplazamiento de la prisión hasta sus más mínimos detalles. Luis, se muestra dispuesto a colaborar hasta el final, siempre y cuando le garanticen que no va a haber derramamiento de sangre, y día a día, pasa las pistolas camufladas en la entrepierna, y las esconde en un sótano debajo de la viruta, al que pasa levantando una trampilla que a continuación cierra para no dejar el hueco al descubierto. Así consigue pasar más de 20 armas.

El 3 de febrero de 1.944, durante todo el día, van llegando escalonadamente, uno tras otro, los guerrilleros que van a participar en la operación rescate. El último en hacerlo es Cristino, acompañado de Enrique, el “Canario”. Todos llevan pistolas y algunos varias bombas de mano de fabricación casera. La operación está prevista para el día siguiente. Disponen de cinco vehículos, dos turismos y tres camiones, para evacuar a los presos una vez rescatados y a los guerrilleros encargados de escoltarlos.

Como la casa que alquilan está amueblada, la dueña de la vivienda tiene la obligación de declarar el cambio de inquilino, cosa que hace unos días antes. La casualidad hace que el día que se va a realizar el asalto a la prisión, cuando todos los guerrilleros españoles que van a participar en la operación se encuentran en la casa, llaman a la puerta a las 8 de la mañana cuatro agentes de la Gestapo, dos franceses y otros dos alemanes.

La mujer de Pedro Vicente, Josette, que acaba de cumplir 18 años, da pruebas en aquellas circunstancias de un aplomo admirable. Dice a los guerrilleros que se escondan y que le dejen a ella recibir a los policías, y contestando a las preguntas que le hacen, les explica que vive sola con su marido, que esperan la próxima llegada de sus padres, cuando se jubilen, y que su marido trabaja en las minas de Alès. Puntualizándoles que aquel día se encuentra en casa, por estar dado de baja por accidente, para someterse, en los servicios médicos, a la visita periódica de inspección. Ofrece una taza de café a los policías, que la rechazan, diciéndole que volverán al día siguiente.

Cuando por fin se despiden, y Josette se asegura de que se han alejado de la casa, Pedro y su esposa abren la puerta vidriera del salón y ven a los catorce guerrilleros, pistola en ristre, que los reciben jubilosamente felicitando a la estupenda joven por haber sabido sortear tan elegantemente el grave peligro de hacía unos instantes, que a todos les habían parecido siglos.

Al anochecer, entre dos luces, uno a uno van saliendo de la casa donde les esperaba el grupo de maquis franceses, que van a participar junto con ellos en el asalto a la prisión, y, liderados por Cristino, liberan a cientos de detenidos políticos.

La segunda proeza de Cristino consistió en la toma de la ciudad de Foix, capital de Ariege, el 19 de agosto de 1.944.

La Resistencia ordena a la 3ª División de Guerrilleros que conquistara la ciudad, un auténtico hervidero nazi, y Cristino se pone inmediatamente a elaborar el temerario plan. Piensa ejecutar la maniobra con el ataque simultáneo de sus tres batallones, pero, a la hora de iniciarlo, solamente cuenta con una unidad. Las otras tres marchaban a pie, debido a extrañas y coincidentes averías de los transportes.

Aún así, decide realizar la operación, sirviéndose del único batallón disponible, el de Abascal, reservándose emplear los tres restantes cuando llegaran a Foix. Con tan pocos efectivos, pone en práctica una antigua táctica de diversión: fingir un ataque por una zona y descargar el golpe en otra. Cristino deja que un pequeño grupo, con alto poder de fuego, atacara el puente a la entrada de la ciudad, sólidamente defendido por los alemanes, hasta convencerles de que la ofensiva llegaba por aquel sector.

En cuanto los alemanes reforzaron la posición atacada a expensas de los demás, lanza el resto de grupos contra las otras posiciones, debilitadas, con lo que provoca un gran desconcierto y logra una aparatosa retirada. Se repliegan todos en el Liceo y en él se hacen fuertes. A Cristino le falta dotación para sostener el cerco formal del Liceo y manda que Abascal salga a por municiones, mientras él aguanta con el resto de la gente.

Una telefonista, empleada en la PTT local, avisa al jefe de la División que los alemanes han pedido refuerzos y que sale de Tarascón un tren hacia Foix. Abascal y los tres hombres que le acompañan inutilizan el tren e inmovilizan los refuerzos que llegan en él, cazándoles en la estación con disparos de ametralladora y granadas de mano, hasta que los restantes se bajan del convoy con los brazos en alto, tras haber arrojado las armas. Así, inesperadamente, obtienen el refuerzo en armas y municiones que tanto necesitan.

Mientras llegan a Foix los otros tres batallones, someten el Liceo a fuego de mortero, siempre sin dejarse ver por los alemanes, solamente dejándose sentir, y pronto ondea una bandera blanca en el asta del edificio. Los prisioneros pasan a engrosar el número de los que se habían rendido en la estación unos instantes antes. Por el bando alemán, 80 muertos y heridos y 200 prisioneros. Por la Resistencia, dos guerrilleros muertos y otros dos heridos.

Muchos de los prisioneros alemanes hubiesen preferido la muerte a la vergüenza de tener que desfilar por las calles de Foix entre sus vencedores, un puñado de “astrosos terroristas”, que se habían atrevido a derrotar a un destacamento de la Wehrmacht.

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Testimonios: Mujeres en la Resistencia

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Las mujeres eran combatientes en la sombra. Actuaban de correos, hacían agitación en los mercados, en las colas de racionamiento, repartían octavillas escondidas en las cestas de la compra, improvisaban mítines, neutralizaban la hostilidad contra los aliados; cuando se producían bombardeos, proporcionaban escondrijos y lugares de reunión, curaban a los partisanos heridos, entretenían al enemigo, aportaban sus conocimientos y oficios de enfermeras, cocineras, escribientes, taquígrafas...

No se trataba de tareas subsidiarias a las grandes acciones militares, sino que eran unas formas específicas de lucha, imbricadas en la complejidad y el alcance del movimiento y en la combinación con el sostén de las necesidades de la vida cotidiana. Ya vimos esta información en una entrada anterior: "Las mujeres españolas en la resistencia francesa".

Simone Weil:
"No hace falta un tanque o un avión para matar a un hombre. Es suficiente un cuchillo de cocina. Cuando todos los que están hartos de los verdugos nazis se levanten juntos, en el mismo momento que las fuerzas armadas den el golpe decisivo, la liberación será rápida. Sólo hay que ir con cuidado de no malgastar inútilmente vidas humanas, y no caer en la inercia, o de no creer que otros llevaran a cabo la liberación. Es necesario que cada uno sepa que un día le tocará tomar parte y estar preparado.
Este período de dolorosa espera es el más importante para el destino de Francia. El futuro de Francia será el que estos años de aparente pasividad hayan forjado.
No perder de vista, por encima de los dolores personales de cada día, el inmenso dolor que tiene lugar en el mundo; impedir el sufrimientos de ser un motivo de desunión entre franceses a causa del malhumor, los celos, los esfuerzos mezquinos con tal de tener un poco más que el vecino; establecer, por el contrario, un vínculo indisoluble por la generosidad y la ayuda mutua; pensar en los preciosos bienes que hemos de perder por no saber apreciarlos, bienes que debemos reconquistar, que deberemos conservar y de los cuales no sabemos el precio [...]".

Ingrid Strobl:
"Por entonces, Zala se entera de la tragedia que ha ocurrido en su casa. En noviembre de 1.943, un mes después de su huida, se presenta la policía en la granja. La familia tenía en estos momentos a un partisano escondido que quería recoger su ropa, para la policía un motivo más para castigar la desaparición de Zala con la mayor dureza. Echaron bombas incendiarias al establo, que inmediatamente fue pasto de las llamas. Al partisano, que intentó huir, le dispararon por la espalda y murió en el acto. Entonces juntaron el ganado y se lo llevaron en un vehículo. Después del ganado, les tocó a las personas. A las dos tías de Zala y a sus primas se las llevaron a Auschwitz; sólo sobrevivió una de las tías. A la abuela le permitieron, finalmente, escapar con su nieto de dos años, al hermano de Zala fueron a buscarlo al seminario y lo deportaron a Dachau. La madre de Zala consiguió huir, corrió al monte, se unió a los partisanos y trabajó hasta el final de la guerra cuidando enfermos y cocinando para la unidad [...]."

Neus Català:
"Mis funciones en el maquis, junto con mi primer marido Albert Roger (muerto en deportación), fueron múltiples. Mi casa era un punto de apoyo clave. Teníamos que encontrar el lugar adecuado para la recepción e instalación de numerosos guerrilleros españoles y franceses llamados a desplazarse a Alemania, al famoso STO (Servicio de Trabajo Obligatorio). Pronto llegarían antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales y guerrilleros rescatados de combates de otros maquis. Teníamos que organizar el suministro, la obtención de documentación falsa, estafeta postal, recepción y fabricación de artefactos explosivos y obtención de armas [...].
Como la mayoría de mujeres fui enlace. Trabajo en apariencia fácil, pero sumamente peligroso y que requería una gran resistencia moral y física. Las más expuestas a ser descubiertas y ser torturadas, en caso de detención. "Los enlaces -decían nuestros jefes- son sagrados, no deben efectuar ninguna otra tarea". Sí, sí, ¿y quién hacía el resto?. Tenía que recorrer 95 km. entre la Dordogne y la Correze para transmitir un parte. Tenía que ir a pie, en bicicleta, en autobús. Los autobuses eran automáticamente registrados en cada límite de departamento.
Recuerdo mis citas con "Reynal" y después con "Kleber". "Reynal ha sido trasladado", me dijeron. En realidad, había sido detenido y encarcelado en la famosa cárcel de Eysses y deportado. Era un obrero comunista de una inteligencia y bondad extraordinarias. Estas citas se efectuaban delante del teatro de Brive, con la proverbial táctica de "enamorados" o comiendo en un restaurante de la misma plaza, siempre escogiendo con sonrisas amables la mesa contigua de nuestros feroces enemigos, los SS. Por debajo del mantel pasaba el parte y por el mismo procedimiento recogía la respuesta [...]."

Josefa Bas Martí:
"Pasé la frontera en enero de 1.939, al final de nuestra guerra, con un grupo de niños, mujeres y ancianos; nos llevaron a un campo de concentración del norte de Francia. Más tarde, poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, encontré a mi madre en Marsella.
Ya durante la guerra, ocupada la mitad de Francia por los alemanes, me incorporé al trabajo clandestino en un grupo de Jeunes Filles de France. Para mí, como para muchos otros refugiados procedentes de Cataluña y de toda España, la lucha continuaba, y luchar contra el nazismo era perseguir al mismo enemigo que había implantado en nuestra casa, sosteniendo un alzamiento contra el estado legal y democrático, la sucursal fascista llamada franquismo.
En la organización en la cual militaba hubo grandes caídas y detenciones y yo me quedé desconectada.
Fue hacia 1.943 que, por conducto de mi madre, Manela Martí, supe que un maquis pedía mi ayuda, para misiones de enlace, ya que mi juventud (tenía 16 años) y mi aspecto físico (como el buen dominio de la lengua francesa) me hacían apta para poder circular por unos departamentos en los cuales se necesitaba una orden de misión de los alemanes.
Este maquis de Dordogne era un destacamento mayoritariamente de españoles, más o menos ligado al maquis de la Corrèze.
Eran unos 35 y tenían como misión principal hacer saltar la línea ferroviaria de París entre Gourdon y Brive-La Gaillarde e impedir que ésta se acabara de electrificar, a fin de obstaculizar los movimientos de tropas y armamento alemanes en este importante nudo geográfico.
Los compañeros bajaban de la montaña a realizar estas misiones muy al descubierto, ya que había escasez de armas ligeras.
Me tuve que encargar de proporcionarles pistolas y cajas de fulminantes (detonadores para explosivos) que nos procurábamos en Marsella, con la gente del hampa, muy importante en esta ciudad. Por medio de colectas entre los refugiados, podíamos pagar los altos precios que estas armas nos costaban."

Teresa Gabelli de Serra:
"Nuestra casa fue el punto de apoyo y punto de partida de la resistencia. Vivíamos siempre con Angelina, su marido Descarrega, su madre, mi marido y yo.
En Montluçon había muchos españoles, los pobres, todos la vestimenta destrozada, trabajando en los altos hornos [...].
Mi marido fue detenido dos veces por los alemanes y se evadió otras tantas y yo tuve que presentarme a la Gestapo cuando mi niña solo tenía 15 días. Dejé a mi niña con Angelina y su madre, diciéndoles: "Sobre todo, si pasa algo no abandonéis a mi hija, entregadla al Partido". Me soltaron, tuve suerte, porque era muy raro que los alemanes soltaran a alguien [...].
Nuestro trabajo, aparte de ser punto de apoyo, consistía: todas nosotras formábamos parte de las FFI (Fuerzas Francesas del Interior). Se confeccionaba propaganda en alemán para echarla en los cuarteles alemanes. De ésto nos encargábamos las muchachas, con nuestras bicicletas para arriba y para abajo, todos los días, al anochecer, antes del toque de queda, por las tapias echábamos nuestros paquetes de propaganda [...]. Bueno, sí, los digo, ya que así lo quieres. He sido la responsable política de los guerrilleros de Montluçon."

Fuente: Los campos de concentración Nazis. Palabras contra el olvido; Rosa Turón (Ed. Península)
Fotos: película Female Agents (AKA Les Femmes de l'ombre)
"Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda." - Martin Luther King
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Eduardo Martinez, Lalo, un medico español en el MI5.

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Eduardo Martínez Alonso (Lalo), hijo de emigrantes (madre cubana y padre uruguayo, ambos descendientes de emigrantes gallegos con dinero), nació en Vigo el 23 de mayo de 1.903. Durante la Guerra Civil, consiguió participar indistintamente en los dos bandos, como médico de campaña al servicio de la Cruz Roja, y salir indemne. Acabada le guerra, decidió olvidar y vivir.

Según Patricia, su hija, en “La Clave Embassy”: “En el desbarajuste posbélico, la mejor seña de identidad era la clasificación social, y él encajaba fácilmente en esa España conservadora y extremadamente clasista de la posguerra. Porque Lalo era un señorito. Mal que bien, se podría definir como un burgués que ejercía la medicina en Madrid sin vínculos dudosos con las izquierdas o la Segunda República”.

Así que regresó a su profesión, a sus obligaciones médicas entre Madrid y Vigo, al tiempo que disfrutaba de una frívola vida social, pero solo en apariencia, como sus visitas a Embassy, un selecto salón de té, en el Paseo de la Castellana de Madrid, que era el punto de reunión de la sociedad más chic, pero también, lugar de encuentro de agentes y colaboradores secretos de los servicios de inteligencia británicos, una tapadera.

Eduardo se desenvolvía igual de bien con el español que con el inglés, por los destinos de su padre como cónsul general de Uruguay en Glasgow y Liverpool.

En 1.939, se ofreció voluntario ante el agregado militar de la embajada británica, el brigadier Torr, para colaborar con Gran Bretaña, pero le pidieron que se quedara en Madrid para ayudarles desde allí, y así lo hizo, trabajando como médico de la embajada británica en Madrid desde entonces.

Como agente secreto, según documentos desclasificados de la inteligencia británica, ayudó in situ a 365 refugiados polacos retenidos en Miranda de Ebro.

Lalo, como médico de la Embajada, acudía los fines de semana al campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos), para comprobar el estado de salud de los refugiados que habían llegado de Europa, llevarles, ropa, comida, tabaco, etc. Y para liberarlos, expedía informes médicos con afecciones graves, y recomendaba a las autoridades españolas que los evacuaran, por razones humanitarias o para evitar contagios.

El funcionamiento de la tapadera de Embassy, según su hija en La Clave Embassy, era: “acompañado por cualquiera del grupo (de rescate), el refugiado podía llegar a horas intempestivas, procedente de Miranda de Ebro o de los enlaces concertados., hasta el portal… Margarita Taylor (dueña del establecimiento), lo acogía amistosamente en su casa, encima del local. Bajaban por la escalera común desde el segundo piso, conectada con la cocina de Embassy, y lo despedía con un “God bless you” (que Dios te bendiga).

Desde allí, alguien lo llevaba hasta un “grupo de amigos”, colocado estratégicamente entre el público, y en el momento indicado, el refugiado salía como un cliente más, y era metido en un coche con matrícula diplomática, camino de la frontera.”

En 1.942, poco antes de su boda, durante una cena con unos amigos británicos, Lalo le contó a su novia, Ramona de Vicente (Moncha) que en el coche, con matrícula diplomática, tenían escondidos a dos judíos que esa misma noche iban a pasar ilegalmente a Portugal. Le dijo: “fíjate en la valija de mano de la que no se separa Elisabeth (la amiga) ni un momento. Lleva una documentación altamente secreta (…).” Ella no pidió explicaciones, asombrada por el mundo en el que se movía su novio, y en el que ella se iba a involucrar cuando se casara, dos días después.

Nada más casarse tuvieron que huir de España, porque la Gestapo le pisaba los talones, y la luna de miel en Lisboa, encubrió el verdadero destino: Londres.

Moncha estando sola en Londres, ya que su marido se había ido a un destino desconocido para ella, para ser entrenado por el Ministerio de la Guerra Británico, sin conocer el idioma ni qué estaba pasando, recibe un número de teléfono y una contraseña que ha de memorizar en inglés: 055A, por si pasa algo extraño.

Un mes más tarde, Eduardo regresa sin que ella haya tenido que usar el número de teléfono ni la contraseña, pero la recordará toda su vida (“ou, faiv, faiv, ei”).

Eduardo, desde Londres, siguió colaborando con las redes clandestinas, supervisando lo que estaba ocurriendo en España hasta el final de la contienda mundial.

Acabada la guerra, los Martínez de Vicente regresaron, con su hija, recién nacida, a Madrid, a su “vida frívola”. Él siguió siendo médico de la Cruz Roja, hasta el día que murió, en 1.972, y jamás habló de su “otra vida”.

Moncha le sobrevivió 33 años, y siguió negando que él hubiera trabajado para el Servicio Secreto británico, por lo que no llegó a ver el comunicado que la embajada en Madrid envió en 1.942 al MI5, ante la inminente llegada de la pareja a Londres, desclasificado en 2.005: “ha sido nuestro principal agente del SOE (Special Operations Executive) al ayudarnos con los rescates desde fuera y a través de España, y por lo tanto sugiero que siga asesorándonos”.

En 1.986, mientras se desmantelaba el piso madrileño en el que la familia había vivido más de 40 años, Patricia Martínez de Vicente, la única hija del matrimonio, encontró por casualidad un misterioso diario en el que, en relieve, ponía en la portada “1.942”, escrito en inglés por su padre cuando vivían en Londres (1.942-1.946), y a partir de ahí, se propone reconstruir la participación de su padre en la evacuación hacia Portugal y Gibraltar de miles de refugiados europeos que huían del nazismo a través de una España germanófila.

Antropóloga social, se volcó en descubrir qué significaban las breves anotaciones del diario, escritas el año que sus padres se casaron y se fueron a Inglaterra, algunas crípticas y misteriosas frases como: “sin noticias todavía de 055A”, y cómo encajaban en el Londres atosigado por bombardeos los nombres de compañeros y amigos, diplomáticos británicos, que ella siempre había identificado con su vida en España.

Con su padre ya fallecido, acudió a la fuente más cercana, su madre. Según Patricia:
“cuando aquel escueto diario cayó en mis manos, yo sospechaba que mi padre era un agente secreto, o casi. Sin embargo, en casa aquella palabra se convirtió en impronunciable. Yo le preguntaba a mi madre, y ella espetaba: ¡qué va a ser un agente, pero de qué estás hablando!, ¡Cómo se te ocurre!, ¡Ni hablar, ni hablar!, me decía horrorizada. Nunca lo reconoció. ¿Qué si ella supo de qué iba todo aquello?, yo creo que sí y que se lo llevo, como mi padre, a la tumba”.

“Hasta donde llega mi memoria, recuerdo que siempre tuve la sospecha infantil de que en mi casa entraban y salían, como Perico por su casa, agentes secretos. Ya me lo imaginaba a los 7 años. El diario fue el detonante y el que me llevó a preguntarle a mi madre ¿por qué se fueron a Londres, a una ciudad en guerra?, ¿quién era esa gente que aparecía por nuestro hogar en Madrid?”, y su madre le respondía: “pues, hija, para que tu padre pudiera hacer la especialidad en cirugía torácica. ¡Ay, chica, yo que sé!. Eso, tu padre, que yo entonces no hablaba ingles. Sobre la gente que venía a casa, pues amigos y pacientes de tu padre, como vivíamos frente a la embajada británica…”

Y decidida a descubrir la verdad, en el año 2.000, Patricia se va a vivir con su madre, y con los recuerdos de ésta, de su antigua niñera, y de otros miembros de la familia y conocidos, junto a una exhaustiva investigación de archivos españoles e ingleses, empieza a darle forma y contenido a la clandestina vida de su progenitor.

Con testimonios y documentos inéditos, Patricia descubre cómo Eduardo Martínez Alonso fue uno de los principales organizadores de las redes de evasión humanitaria, supervisadas por el Servicio Secreto británico, y cómo ideó una ruta de evacuación clandestina a Portugal desde el campo de concentración de Miranda de Ebro (Burgos), prisión en la que las autoridades franquistas retenían, además de a prisioneros de la Guerra Civil, a cientos de refugiados británicos, canadienses, indocumentados, apátridas y judíos, que habían traspasado los Pirineos.

Estas rutas clandestinas fueron vitales hasta 1.945. Según un informe de la Cruz Roja Británica, de 1.949, a partir de 1.942 llegaban a España unos 200 refugiados diarios, que las autoridades españolas recluían en prisiones. De ellas, salían clandestinamente a la semana unos 500.

Los métodos de escapada eran varios. Según Patricia: “a veces, mi padre se llevaba a alguno de estos refugiados a su piso de soltero de Madrid. Pero sobre todo a La Portela, la casa que la familia tenía en Redondela (Pontevedra) con acceso directo a la playa. Mi abuela le comentaba a mi padre: “estos amigos, que callados son”. Y él le explicaba que, como venían de la guerra, estaban muy afectados”. Horas después, los amigos silenciosos habían desaparecido

La cooperación de todas estas personas se basaba en las relaciones personales. Según Patricia: “confiaban en el compañero, en el amigo, en el “o me ayudas tú o no tengo otra solución”. Y funcionó con mi padre, con los contrabandistas que recogían a sus refugiados y los llevaban hasta sus domas, y hasta con la cocinera de La Portela, a la que mi padre le explicó que eran personas a las que iban a matar”.

Toda la historia de su padre, la reconstruyó y explica en “La Clave Embassy”, publicado por la Esfera de los Libros el pasado 9 de febrero.

Fuente: Magazine El Mundo.
"Un gobernante brillante o un general sabio que pueda utilizar a los más inteligentes para el espionaje, puede estar seguro de la victoria." - El arte de la guerra.
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Homenaje y Reconocimiento oficial a La Nueve de Leclerc.

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Tras un improvisado homenaje en el 2004, el reconocimiento oficial llegó el 24 de febrero de este año, 66 años después. El Ayuntamiento de París condecoró con su máxima distinción, la Gran Medalla de Vermeil, a los tres supervivientes del centenar de españoles que ejercieron de punta de lanza en la liberación de la capital francesa de los nazis.

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos republicanos españoles, la mayoría de ellos desconocidos, combatieron junto a los aliados contra los nazis. Algunos lo hicieron en una unidad militar bajo el mando del general Leclerc, que se hizo célebre por su nombre en castellano, "La Nueve", y por haber sido la primera en entrar en París el 24 de agosto de 1944, en la liberación de la ciudad.

Eran veteranos de la guerra civil, duros, altivos y temerarios, y por eso su capitán les puso el apodo de "Los Cosacos". Muchos no llegaron a ver el final de la guerra, en este blog ya conocimos a Amado Granell y a Angel Rodríguez Leira, pero fueron muchos más, y hoy día solo hay 3 supervivientes: Rafael Gómez, Luis Royo Ibáñez y Manuel Fernández.


La División Leclerc blindada nació en mayo de 1943 bajo el mando del general Philippe Leclerc en el Chad centroafricano, actuando en apoyo a la Francia Libre, compuesta por 16.000 hombres, de los cuales a inicios de 1943 unos 2.000 eran españoles. Después que la Francia Libre tomara el control del Norte de África, los republicanos españoles integrados en las tropas francesas tuvieron la opción de escoger entre la División Leclerc, veterana de la Francia Libre, o las fuerzas del general Giraud, formadas por numerosos leales a Vichy que recientemente habían cambiado de bando. Ante esta situación, la gran mayoría de los españoles escogió la unidad de Leclerc. Se les permitió bordar en sus uniformes franceses la antigua bandera tricolor republicana.

En septiembre de 1943 la División Leclerc fue transferida a Rabat en Marruecos, donde se la dotó de armamento procedente de los Estados Unidos: 160 tanques M4 Sherman, 280 carros de combate M3 Stuart y M-8 Greyhound, camiones Dodge, GMC, Brockway, Diamond y también muchos jeeps. Junto a estos vehículos, rodaban unos cuantos camiones encargados del suministro y abastecimiento de La Nueve. Veteranos anarquistas intentaron nombrar a un carro de combate como su fallecido líder Buenaventura Durruti, pero los franceses no lo permitieron, por lo que le pusieron Le Pingouins. En los tanques manejados por los españoles se permitió también pintar la bandera de la Segunda República Española.

La División Leclerc se denominó oficialmente "2ª División Blindada" y su 9ª Compañía fue más conocida como "La Nueve" o "La Española", al mando del líder francés Raymond Dronne.

Cuando Leclerc le entregó el mando de la División a Dronne, Le advirtió que era una compañía especial:" Esos hombres dan miedo a todo el mundo, pero son buenos soldados. Usted se las apañará. ¿De acuerdo?"

Dronne pensaba que Leclerc, que conocía bien a sus leales, le había hecho este encargo por dos razones. Una, porque los españoles, muy motivados políticamente, sólo aceptarían como mando a un "francés libre" de primera hora, no a algún "petainista" que hubiese "chaqueteado" recientemente. La otra, porque sabía que Dronne hablaba algo de español, al haber estudiado unas semanas en España algunos años atrás. El caso es que a él los españoles no le daban miedo, así que asumió el mando de la compañía y se dispuso a convertirla en la unidad más famosa de todo el Regimiento.

Dronne dejó escrito unos "carnets de route" en los que puede seguirse la historia de La Nueve desde sus primeros días hasta el final de la guerra.

Se decidió que el capitán fuese un francés, y que su adjunto en el mando, un teniente, fuese español. Dronne sostiene que, por su parte, nunca tuvo problemas para ser aceptado como jefe por los españoles, pero cabía el riesgo que un oficial español desatase los celos y las dudas sobre su competencia. Dronne despertó las simpatías de los españoles por una razón un tanto banal: Con su español un tanto rudimentario les habló del "gobierno provisional de la República francesa", y a ellos les agradó que les hablaran de "República", una palabra que habían dejado de oír desde 1940.

Finalmente, el carácter español de la compañía se hizo tan intenso que, como quiera que el castellano era el idioma "oficial" de sus miembros, la 9ème compagnie de combat du RMT pasó a ser conocida por todo el Regimiento, usando nuestro idioma, simplemente como "La Nueve".

Siguiendo la costumbre francesa de "bautizar" a todos los vehículos, los españoles de La Nueve darán a sus half-tracks los nombres de las batallas de la guerra civil: Teruel, Ebro, Brunete, Madrid, Belchite, Guadalajara... También otros tópicamente evocadores como Don Quijote, o España Cañí. Y otros franceses como Résistence, Libération, Nous Voilà, les Pingouins. Faltaba el nombre del half-track de mando. Después de pensar en varias opciones, Dronne obtuvo el consenso: puesto que consideraba que sus hombres "parecían una banda de cosacos" ningún nombre mejor, para llamar al semioruga que "Les Cosaques". Todos esos nombres quedarán indisolublemente unidos a la leyenda de La Nueve.

París se sublevó el mismo día de la liberación de Fix, el 19 de agosto. El jefe de la resistencia de la ciudad, coronel Henri Rol-Tanguy, dio la orden:“Aux armes, citoyens”, y la lucha se generalizó por toda la ciudad. Entre los combatientes había 4.000 españoles, de los que algunos murieron en la liberación de Paris, como José Barón, cuando atacaba a los alemanes en la plaza de la Concordia.

El General Leclerc, que comandaba la Segunda División Blindada bajo las órdenes del general Bradley, urgió al manso a acudir en socorro de París, pero los aliados dudaban porque su objetivo era el ataque inmediato a las fronteras alemanas para acorralar a Hitler.

Sin esperar respuesta, el 21 de agosto, Leclerc envió un destacamento hacia París, obligando a los americanos a decidirse. El dia 24 entraban en París por la Porte de L’Étoile, entre aclamaciones, abrazos y miles de parisinos, 120 hombres y 22 blindados, la 9ª Compañía, la de “los españoles”, que era la vanguardia del general Leclerc al que venían acompañando desde los campos de batalla africanos.

Los españoles tomaron el ayuntamiento, el Hotel-de-Ville, donde se instaló el Consejo Nacional de la Resistencia y quedó al mando de los hombres que lo defendían el teniente español Amado Granell. Participaron también decisivamente en el ataque al Cuartel General de la Gestapo, instalado en el Hotel Majestic. Uno de los españoles, Pacheco, fue el primero en ocuparlo con sus hombres e hizo, él mismo, doce prisioneros. Dos días después entraba en Paris el general Charles de Gaulle con los miembros del Comité Nacional de Liberación. Le escoltaban por los Campos Elíseos carros blindados tripulados por españoles.

La decidida participación de los españoles en la liberación de Francia trocó el recelo inical de los franceses respecto a los “indeseables” que en el 39 les habían invadido el país por una abierta simpatia y solidaridad con ellos. En decreto del 15 de marzo de 1945 se concedía el estatuto de refugiado político a todos los que habían tenido que huír de la España Franquista.

Al día siguiente de la liberación, los diarios no hicieron referencia alguna a los españoles. El blindado Guadalajara fue rebautizado Dromilly y en las crónicas el oficial español Amado Granel, sustituido por Dronne.
Tras la Liberación de París la guerra prosiguió. La Nueve volvió al frente. El día 12 de septiembre los españoles obtuvieron un señalado éxito cuando hicieron prisioneros a 300 soldados alemanes al tomar la ciudad de Andelot. El 15 cruzaron el río Mosela y establecieron una cabeza de puente tras las líneas alemanas, donde tuvieron un enfrentamiento con heridos en Châtel-sur-Moselle.

El 26 de septiembre el mando militar reconoció la importancia de esta división, y De Gaulle en persona repartió las principales condecoraciones en la ciudad de Nancy. La Medalla Militar y la Croix de Guerre fueron entregadas al líder francés Raymond Dronne, al subteniente canario Miguel Campos, al sargento catalán Fermín Pujol y al cabo gallego Cariño López.

La batalla por la recuperación de Alsacia comenzó en noviembre; allí los alemanes destruyeron un tanque español de un proyectil donde iba el alférez Federico Moreno, por suerte no hubo bajas. El 23 de noviembre la 9ª Compañía española tomó la capital alsaciana de Estrasburgo.

Cuando la 9ª Compañía cruzó el río Rin y se internó en suelo alemán, los españoles quedaron estancados por el frío invierno de -22ºC en el camino boscoso hacia Múnich. A lo largo de ese tiempo sufrieron unas 50 bajas por congelación y las bombas. Cuando se acabó el invierno la 9ª Compañía se puso en marcha de nuevo. La actuación más importante en esta etapa de la 9ª Compañía fue el 5 de mayo de 1945 al participar en la toma del Nido del Águila, el refugio final de Hitler en Berchtesgaden.

El pasado 24 de febrero, en París, por fin les llegó el reconocimiento oficial. "Más vale tarde que nunca", se contentaba Rafael Gómez, andaluz que entró en París con el Guernica. Su compañero Luis Royo Ibáñez, originario de Barcelona, llevaba el Madrid, que se averió y tuvo que cambiarle la oruga a las puertas de la ciudad: "Los republicanos españoles no habían sido reconocidos como liberadores hasta ahora", afirmaba. El tercer superviviente, Manuel Fernández, un asturiano que entró en camilla en la capital tras ser gravemente herido a causa de un plato de cordero con judías ofrecido por una francesa, rememoraba: "Hacía mucho tiempo que no comía algo tan bueno, me olvidé de la ametralladora, y cuando fui a recuperarla recibí un cañonazo".

Los tres combatientes, que formaron parte de la escolta de protección del General De Gaulle en su entrada triunfal en los Campos Elíseos de París, fueron tratados como “héroes” en la ceremonia organizada por la teniente de alcalde Anne Hidalgo, nieta de un republicano español y artífice del homenaje.
Sin ella, y sin el trabajo realizado por Evelyn Mesquida, autora del libro "La Nueve, los españoles que liberaron París", seguramente no se habría rescatado la memoria de los soldados capitaneados por Raymond Dronne, el único francés de la compañía.

El concejal de Relaciones Internacionales, Pierre Schapira, evocó el "infinito reconocimiento" de París para con los combatientes españoles de la IX compañía de la II División blindada del ejército del general Leclerc.
Glosó su compromiso, su valor y su generosidad, así como la determinación y el altruismo "que encarnan y representan", al citar "la deuda eterna" de París para con ellos, que "son y serán siempre nuestros héroes".

"Dronne nos decía que éramos diferentes de otros combatientes porque nosotros no luchábamos por una bandera, sino por un ideal", explica Fernández.

"Estábamos muy bien vistos por la población. A mí me acogió una familia francesa que me cuidó como a un hijo. Los que se olvidaron de nosotros fueron los otros", dice Fernández en alusión a las autoridades. El asturiano advierte de que los españoles no fueron los únicos que no salieron en la foto: "También olvidaron a los africanos, los polacos y los belgas".

Las siguientes fotos son del homenaje del día 24 en París, pertenecientes a Evelyn Mesquida, gracias a Sonia de Librairie Espagnole Et Cie:
De izquierda a derecha: Rafael Gómez, Luis Royo, Evelyn Mesquida y Manuel Fernández
Quede aquí mi reconocimiento a aquellos que, como dice Sonia en su blog Librairie Espagnole et Cie "llevaban con orgullo la bandera republicana en la solapa del uniforme del Ejército francés, tenían fama de aguerridos e indisciplinados, y cantaban Ay Carmela para darse coraje antes de entrar en la batalla."

Fuentes y más información: Wikipedia, La Nueve memoria y recreación de la 9ª compañía del Regimiento de Marcha del Chad, Librairie Espagnole et Cie, Segunda Guerra Mundial, El Exilio Español; J. Martin Casas y P. Carvajal Urquijo (Ed. Planeta).
Información sobre el libro de Evelyn Mesquida "La Nueve, los españoles que liberaron París": Segunda Guerra Mundial

"Sin ideales sería inexplicable la evolución humana". - José Ingenieros
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Mensajes Diplomaticos interceptados por los Servicios Secretos

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Angel Sanz Briz envió a Madrid decenas de mensajes, muy reveladores, clasificados como de “máximo secreto”, informando de detalles de la persecución que sufrían los judíos, mensajes que fueron interceptados por los servicios secretos británicos.

Cuatro días antes de tener que huir de Budapest escribió:
" Mensaje N.º 138522. 
A la vista del hecho de que se siguen perpetrando horribles atrocidades contra los judíos, el nuncio ha mantenido esta mañana una reunión de representantes de países neutrales.
Hemos acordado unánimemente efectuar una petición colectiva al gobierno húngaro con la petición de que cesen las persecuciones...".

Dos días antes de su salida, escribió a Madrid:
" Máximo secreto. N.º 138738. 
Esta mañana he conseguido obtener la liberación de 71 judíos que se encontraban en un campo de concentración cerca de Budapest. Muchos de ellos no habían comido en tres días y algunos... (el mensaje está sin terminar)".

Sebastián Romero Radigales, cónsul general de España en Atenas entre 1.944 y 1.945, salvó alrededor de medio millar de sefardíes de Salónica, incluyendo 366 presos en el campo de Bergen Belsen y otros 150 que logró hacer llegar a Palestina vía Atenas. El gobierno de Franco, presionado desde el exterior, aceptó que algunos sefardíes presos en el campo nazi vinieran a España, enviándoles después a África donde acabó perdiéndoles la pista, provocando incómodas preguntas del Reino Unido al que respondió con vaguedad.

A primeros de febrero de 1.944 el III Reich informó al gobierno español que procedía a la entrega de un contingente de judíos de Salónica presos en Bergen Belsen que llegarían hasta la frontera franco española en dos trenes sucesivos. Con motivo del segundo tren de liberados el gobierno alemán comunicó a la embajada española en Berlín:
" Secreto.  
El Ministerio de Asuntos Exteriores tiene el honor de informar a la embajada española de que el segundo transporte de judíos españoles ha salido del campo Bergen-Belsen el 7.2. por la noche. Según el horario previsto, llegará al puesto fronterizo Cerbère, una parada antes de Portbou, el 11.2. a las 16.21 horas. 
Berlín, 9 de febrero 1944".

El primer grupo de 182 personas entró en España el 10 de febrero de 1.944 y el segundo, de 183, lo hizo el 13 de febrero. Por razones inexplicadas las autoridades españolas olvidaron el segundo tren durante 48 horas en la estación francesa de Cerbère, hasta el punto en que los alemanes preguntaron a Berlín qué hacían con los judíos y faltó muy poco para que los enviaran de regreso a Bergen Belsen.

Finalmente, los sefardíes llegaron a Barcelona mientras en el extranjero se hablaba mal del régimen de Franco. En respuesta, el ministerio de Asuntos Exteriores español dio consignas a sus embajadas para atajar las críticas. Unas instrucciones que fueron interceptadas por el servicio secreto británico como sucedió con la transmitida desde Madrid a Brasil y Chile. El mensaje, de 24 de febrero de 1.944 del ministro Gómez Jordana decía textualmente:
" Máximo secreto. 
Consideración española hacia los refugiados. (…) De: Jordana, Madrid para embajador español, Río y Santiago. (…) Con el fin de que pueda contestar a la campaña antiespañola que nos atribuye una política racial, que el 10 y el 13 de febrero se permitió la entrada por la frontera de Portbou a 365 judíos de Salónica procedentes del campo de concentración alemán de Bergen Belsen, del que les permitieron salir únicamente gracias a nuestra activas gestiones, que continúan en referencia a otro grupo de sefardíes. Cuando llegaron a España, dieron emotivas muestras de gratitud a nuestro Gobierno por la ayuda que habían recibido".
Pero olvidó decir que serían rápidamente transferidos a Marruecos (aunque algunos lograrían llegar al Mandato británico de Palestina).

Hacia el final de la guerra, los británicos, presionados por las asociaciones hebreas, se interesaron por la suerte de los judíos españoles deportados desde Grecia. Incluso Clementine Hozier, esposa de sir Winston Churchill, se implicó en el asunto, razón por la que los diplomáticos de Gran Bretaña redoblaron sus esfuerzos.
A las incómodas preguntas del gobierno inglés, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Félix Lequerica, respondió de un modo que los británicos consideraron insatisfactorio.
El 8 de febrero de 1.945 la embajada del Reino Unido en España cursó a Londres el siguiente correo:
"Judíos españoles deportados de Salónica. 
Hemos vuelto a discutir esta cuestión con el Ministro de Asuntos Exteriores y, tras algún retraso, hemos recibido semi-oficialmente un memorando, del que le enviamos una copia traducida, que contiene cierta información que, si bien no es enteramente satisfactoria, pensamos que en cualquier caso debería de tenerla por lo que valga. (…) tenemos que volver a ver al Ministro para hablar sobre la cuestión de los deportados judíos y reiteraremos la cuestión de los deportados de Salónica, aunque no somos optimistas en que vayamos a obtener alguna otra información. 
Atentamente suyo. Canciller".

Adjunta a esta comunicación se encontraba la traducción al inglés de la extraña explicación semi-oficial del gobierno español. Decía:
"Excepto en casos aislados, los judíos españoles que residían en Grecia fueron transferidos por las Autoridades Alemanas de Ocupación al campo de concentración de Bergen Belsen (Alemania). A la vista de las negociaciones realizadas por el Gobierno Español con dichas autoridades, la mayoría de los judíos españoles internados en el campo de concentración anterior fueron liberados y desde allí transferidos a África con la esperanza de que pudieran regresar a aquellos territorios en los que vivían originalmente. Hasta el momento, las nuevas negociaciones que se están realizando darán como resultado la liberación de un número muy pequeño que todavía permanece en Bergen Belsen y su transferencia a Suiza.

Un grupo muy pequeño que fue arrestado en Atenas debido a que habían permanecido en la ciudad tras la expulsión de los judíos, ha sido liberado al ser reclamados por la Legación Española. La información recibida de la Legación indica que todos están perfectamente de salud. Otro pequeño grupo que estaba oculto para evitar el destierro ha sido informado por el ministro español de que pueden circular libremente sin el menor peligro, y poco a poco se están presentando en el consulado. Gracias también a los pasos dados por el consulado, las autoridades alemanas se han abstenido, como habían decidido hacer al principio, de formar una expedición con los judíos españoles restantes en Atenas y enviarlos también a Bergen Belsen. En consecuencia, se les ha permitido que sigan y disfruten de libertad.

Como los liberados y algunos de los judíos que estaban ocultos no tienen alojamiento, lo que resulta extremadamente difícil de encontrar en las presentes circunstancias, se ha obtenido el permiso de las autoridades alemanas para la cesión a nuestro consulado de una villa donde algunas familias ya se han instalado, aliviando por tanto su lamentable estado. No es posible dar el número exacto de judíos sefardíes que han permanecido en Atenas tras la expulsión, pero entre aquellos que estaban casados con Arios y aquellos que estaban ocultos, el número debe rondar alrededor de 80".

El martes 16 de marzo de 1.943, Julio Palencia, Ministro de la Embajada de España en Sofia (Bulgaria) de 1.940 a 1.943, se enteró de la inminencia de las deportaciones de los sefardíes por Bogdan Filov, el primer ministro búlgaro, que le anunció que la medida procedía de los alemanes. Al día siguiente, Palencia telegrafió a Madrid anunciando la amenaza nazi:
" Máximo secreto. 
Asunto: Judíos españoles en Bulgaria. N.º: 115514. De: Ministro español, Sofía. Para: Ministro de Asuntos Exteriores, Madrid. 17 de marzo de 1943. 
A la vista de la deportación inminente a Polonia de todos los judíos que viven en Bulgaria, ayer tuve una entrevista con el presidente del Consejo de Ministros, que me dijo que la deportación comenzaría a finales de abril y me hizo entender que era una medida impuesta por Alemania. Informo a su excelencia para el caso de que considere oportuno indicar al Gobierno alemán y al ministro búlgaro en Madrid que España no puede permitir que sus súbditos sean deportados a Polonia por razones de una ley racial no existente en (ilegible), añadiendo que los búlgaros viven en paz en España y, por tanto, los españoles tienen el derecho de hacer lo mismo en Bulgaria. Envío un despacho sobre este tema en la siguiente saca".

El Gobierno español hizo oídos sordos y Palencia insistió:
"Máximo secreto. 15 de mayo de 1943. 
A la vista de la seriedad y urgencia de la posición referente a la aplicación de la ley antijudía de la que he informado a su excelencia en diversas ocasiones, considero que sería de gran ayuda si me concediera autoridad urgente para repatriar a todos los ciudadanos judíos de nacionalidad española que viven en Bulgaria y en territorios recientemente anexados, al propio coste de las personas afectadas. Serían unas 300".

Palencia siguió sin respuesta, y acudió a la máxima autoridad alemana, anunciando por su cuenta y riesgo que España estaba de acuerdo en la repatriación de "todos los judíos españoles que hay en Bulgaria", según consta en un telegrama cifrado que Adolf Heinz Beckerle, el representante alemán en Bulgaria, envió a Berlín el 28 de mayo:
"Palencia se declara disgustado por la expulsión de los judíos de Sofía y pidió intervenir a favor de sus amigos judíos búlgaros, lo cual he rechazado, por supuesto".

Cuando el sefardí León Arié fue ejecutado en Bulgaria, Palencia adoptó a sus hijos y suministró un salvoconducto a la viuda de Arié, lo que le supuso un enfrentamiento total con alemanes y españoles. La airada reprimenda que recibió del ministro Gómez Jordana el 30 de junio de 1.943 fue:
"Máximo secreto. 
El ministro búlgaro me acaba de hacer una comunicación oficial en nombre de su Gobierno en referencia a la adopción por su excelencia de los hijos del sefardí Rafael Arié, condenado a muerte por el tribunal búlgaro y ejecutado el pasado abril, mencionando especialmente su solicitud de un pasaporte diplomático para estos huérfanos. El Gobierno búlgaro considera que su conducta ha sido “expresiva e incorrecta” a la vista de la especial situación referente al orden público en Bulgaria y a la participación judía en los recientes incidentes políticos. Por favor, informe sobre este asunto, al que las autoridades búlgaras conceden tanta importancia como para llevarles a preguntarse si su presencia en su puesto puede seguir siendo deseable".

La respuesta de Palencia fue:
"Referente a su N.º24 (la anterior). 
Tras seguir los consejos de dos renombrados abogados en Sofía, uno de ellos un ex ministro de Justicia, he adoptado a dos niños de 17 y 19 años, hijos del sefardí Arié, condenado a muerte y cuya sentencia ha sido considerada en general injusta y debida enteramente a su origen judío. Por tanto, es inadmisible decir que la adopción por mi parte de dos menores que pertenecen a una raza que el Gobierno búlgaro desea hacer desaparecer del país es una acción incorrecta que requiera una queja. Yo no he pedido un pasaporte diplomático para (ilegible) sino sólo una tarjeta de identidad (...)".

Mientras se producía este cruce de mensajes, los alemanes daban instrucciones para interceptar a la familia Arié. Julio Palencia se dio cuenta de que su vida corría peligro y optó por enviar un nuevo telegrama a Madrid, argumentando que era un deber humanitario y de buen cristiano salvar la vida de inocentes, al tiempo que pedía que le sacaran rápidamente de Bulgaria.
La respuesta de Gómez Jordana el 26 de julio fue:
"Secreto. Descifrar personalmente (...) 
Dejando a un lado el aspecto humanitario y de caridad cristiana al que hace referencia, considero que debería haber prevalecido su posición como representante acreditado en Bulgaria y debería haberse abstenido de cualquier acción que el Gobierno búlgaro hubiera podido temer como de oposición. A la vista de la necesidad patente de su traslado, siento informarle de que el puesto que menciona está cubierto y que sólo puede ser nombrado para (ilegible) Salvador o Genoa (sic), siendo estas posibilidades condicionales y con las reservas debidas por la revisión de las combinaciones que se están llevando a cabo".
Pese a ser perseguido, logró llegar a Madrid con los Arié.

Fuente: La Vanguardia.
"Cuando sepas una cosa sostén que la sabes; cuando no la sepas, confiesa que no la sabes. En eso está la característica del conocimiento." - Confucio
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