Nunca me aprendí la lista de los Reyes Godos, Javier Sanz

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¡Hola de nuevo!, no, no he cambiado la temática del blog… simplemente no puedo dejar pasar la oportunidad de compartir con todos vosotros una noticia realmente buena como es la publicación del primer libro de alguien muy cercano a este sitio y al que muchos de vosotros ya conocéis por su blog Historias de Nuestra Historia: Javier Sanz, aprovechando además la proximidad de las navidades (es una buena sugerencia para un regalo).

Con la que está cayendo siempre es bueno compartir que alguien cercano cumple un sueño, como es su caso con: “Nunca me aprendí la lista de los Reyes Godos” cuya presentación podéis ver en este fantástico video creado por Chema Barragán, al que también conocéis muchos de vosotros por su blog Rayajos en el Aire, que, como bien dice: La historia no es aquello que se vive, sino aquello que cuentan una vez se ha vivido.


El libro, ilustrado por Xurxo Vázquez, es la más apasionante y divertida recopilación de anécdotas y curiosidades históricas, historias que no aparecen en los libros de texto y que forman parte de nuestra propia existencia y, que estoy segura, no dejará a nadie indiferente.


¿Qué relación tiene el libro con este blog? MUCHA, podéis encontrar un montón de historias y anécdotas de la Segunda Guerra Mundial y del holocausto como por ejemplo: “En Auschwitz se habló castellano medieval”, “Los nazis no pudieron con la picaresca española” o “Las mujeres en los campos nazis”.

Podéis ver el índice y un pequeño resumen del libro en su blog donde además sortea 2 ejemplares; y la ficha del libro en la página de la editorial Anaya.

La reseña que hace el propio Javier Sanz es:
Nunca me aprendí la lista de los Reyes Godos no es sólo el título de este libro... es la realidad. No porque a mí me obligasen a memorizarla pero recuerdo que, a nuestros mayores, aquella famosa lista les provoco más de un dolor de cabeza. La maldita lista fue el fiel reflejo de la historia basada en memorizar hechos, batallas, años, reyes... y que, lamentablemente, consiguió que los que la sufrieron la dejasen a un lado. La única pretensión de este libro, si así se puede llamar, es borrar la imagen rancia y caduca que para muchos tiene la historia y ponerle una cara más fresca y, sobre todo, amena.

Pequeñas historias que no aparecen en los libros de texto, héroes olvidados o anónimos, anécdotas que ayudan a comprender la gran Historia (la que escriben los historiadores), curiosidades desde Matusalén hasta nuestros días y respuesta a cientos de preguntas como estas: ¿Cómo se transportaban las vacunas hace dos siglos? ¿Sabías que el origen del himno británico fue una fístula anal? ¿Cómo se vengó un dentista por el ataque a Pearl Harbor? ¿Quién inventó la jubilación?¿Cómo se llamaba el lepero que fue rey de Inglaterra?... Y aunque es difícil, he tratado de no juzgar los hechos y personajes en función de nuestros valores actuales...  espero que vosotros tampoco caigáis en ese error.

Desde aquí, además de recomendaros sin duda la compra del libro, solo me queda desearle a Javier el mayor de los éxitos con él.
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Conmemoración Víctimas Holocausto: perfil grafologico Oskar Schindler

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Como ya sabéis, el pasado 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto se celebró el aniversario de la liberación de Auschwitz.

Según la página web de Naciones Unidas:
“ El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.
Tras la aprobación de la resolución, el Secretario General de las Naciones Unidas describió este día especial como "un importante recordatorio de las enseñanzas universales del Holocausto, atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar".
Los horrores de la segunda guerra mundial dieron lugar a la creación de las Naciones Unidas. El respeto de los derechos humanos de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, es uno de los mandatos fundamentales previstos en su Carta. Al inaugurar el Museo de la Historia del Holocausto en Yad Vashem (Israel) en marzo de 2005, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, recordó que "la repulsa al genocidio, al asesinato sistemático de seis millones de judíos y millones de otras personas fue también uno de los factores que promovieron la Declaración Universal de Derechos Humanos". El Secretario General agregó que "las Naciones Unidas tienen la responsabilidad sagrada de combatir el odio y la intolerancia. Si las Naciones Unidas no están a la vanguardia de la lucha contra el antisemitismo y otras formas de racismo, niegan su historia y socavan su futuro ".
El 27 de enero fue elegido para conmemorar el Día Internacional de Recordación del Holocausto porque en esa fecha, en 1945, el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia). Varios países conmemoran ya este día para recordar a las víctimas del Holocausto.”

Y para unirnos a la conmemoración, comparto con vosotros un artículo de Sandra Cerro, de quién ya habéis leído en este blog en otras ocasiones, en el que nos muestra el perfil grafológico de Oskar Schindler, Justo de las Naciones.
“Esta es la historia de un hombre osado, ambicioso, hedonista, ansioso de poder hasta el punto de repartir patadas a todo personaje u obstáculo que se le pusiera por delante y le impidiera alcanzar sus objetivos. 
Es la historia de un hombre autoritario, crítico, rebelde, terriblemente independiente, audaz, carismático, despilfarrador, con merecida fama de mujeriego y de oscuro negociador y embaucador sin escrúpulos.
Y es la historia de un hombre valiente, generoso, leal, de valores firmes; la historia de un hombre justo, de un “Justo de las Naciones”... Oskar Schindler, el hombre que salvó la vida a 1200 judíos durante el Holocausto nazi.”

Así comienza el artículo del perfil grafológico de Oskar Schindler.

Doble moral, corazón noble, convencido de sus habilidades para conseguir todos sus deseos sea cual sea el precio, seductor, astuto negociador o estratega, son algunos de los rasgos de su personalidad explicados por Sandra Cerro en este documento, sobre un hombre que, por su análisis grafológico podríamos decir que era de poco fiar… pero que sin embargo, salvó la vida de 1200 personas.
Podéis leer y descargar el documento entero pinchando en la imagen:


Por su parte, la Casa Sefarad-Israel organizó en paralelo al Acto Oficial, el pasado día 25, un seminario centrado en “Las resistencias judías a la opresión nazi”, en el que abordaron la resistencia en Francia y Polonia con los testimonios de Georges Loinger, superviviente del Holocausto y Presidente de la “Association des Anciens de la Résistance juive” de Franci, y Chavka Raban, superviviente de Auschwitz que actuó como enlace entre los resistentes de los guetos, cerrando la conmemoración con el Acto de Estado, ceremonia que, promovida por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación con el impulso de Sefarad-Israel, tuvo lugar por primera vez en el Senado.

Hago mío el llamamiento que hizo Pío García-Escudero, a mantener "siempre viva la llama de la memoria" y de lo que representó el Holocausto.
  
"Quien salva una vida, salva al mundo entero" Oskar Schindler
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Edith Stein y Hermann Scheipers: el holocausto y la Fe en #8octubreLaFe

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El año pasado, más o menos por estas fechas, participamos en el dia de la convivencia, y este año, la inciativa promovida por nuestros amigos Angel Cabrera y J.A. Senovilla se basa en la Fe,y cómo no podia ser menos, recogemos el testigo para volver a participar en ella, en esta ocasión con dos historias en las que la fe les llevó a conocer de cerca los campos de concentración: Edith Stein, conocida como Santa Teresa Benedicta de la Cruz, y Hermann Scheipers, el último sacerdote católico superviviente de los campos de exterminio.


Edith Stein

Edith Stein, (conocida como Santa Teresa Benedicta de la Cruz), nació el 12 de octubre de 1891 en Breslavia, en el seno de una familia judía, siendo la última de 11 hermanos.

Su padre muere cuando ella tenía 2 años, y su madre se hace cargo del negocio familiar, levantándolo hasta convertirlo en la serrería más importante de toda la comarca.

Edith era la preferida de su madre, además de ser una niña superdotada que aprendió a leer muy pronto, conseguía las calificaciones más altas del colegio, y se llevaba todos los premios, pero no le gustaban las alabanzas.

Con 14 años deja el colegio, aburrida de no tener nada que le estimule la inteligencia, y empieza a hacerse preguntas sobre el sentido de la vida, por lo que su madre la manda a Hamburgo a ayudar a una de sus hermanas, de donde regresa un año después, y retoma los estudios, destacando por su lucha por la igualdad de la mujer en una época en la que la mujer no tenía ni derecho a voto ni a ocupar cargos políticos.

En 1913 entra en la universidad, convirtiéndose en una de las primeras mujeres que acceden a ella, donde comienza estudiando germánicas, historia y psicología, e influenciada por las referencias constantes que se hacen a Edmund Husserl y su método fenomenológico, acaba trasladándose a Göttingen, donde él enseña, y estudiando filosofía.

Allí conoce a varios pensadores jóvenes como Max Scheler, Adolf Reinach o Hedwig Conrad-Martius, y con ellos aprende a estudiar filosofía sin prejuicios, e impresionada por la objetividad de la fenomenología, empieza a trabajar en su tesis doctoral sobre la empatía.

En 1914, cuando estalla la primera guerra mundial, hace un curso de enfermería y se alista como voluntaria en la Cruz Roja para atender a los heridos infecciosos cerca del frente, ayudando desinteresadamente con tanto cariño y dedicación que consiguió cambiar poco a poco el ambiente moralmente degradado de su entorno.

El hospital en el que trabajaba cerró en 1916, y reanudó sus estudios de filosofía con Husserl, obteniendo el doctorado en Friburgo, y trabajando con él dos años más, hasta que en 1918 se independiza para seguir sus trabajos científicos personales, con la intención de conseguir una cátedra en la universidad, lo que no logró, pero sí consiguió que en 1920 el gobierno publicara un decreto a favor de que las mujeres tuvieran acceso a las cátedras universitarias.

Durante este periodo, llega a un ateísmo casi total.

Desde su entrada en la universidad, buscaba la verdad con todas sus fuerzas y se acercó a la religión como un fenómeno más de los que se daban en su entorno, aunque algunos acontecimientos le hicieron dudar, viendo la fe que tenían algunos católicos. En 1920, sufriendo por no encontrar el sentido a la vida, le preguntó a un conocido y culto judío por su imagen de Dios, y tras la respuesta de éste, ella se sintió decepcionada (“me sentía como si me hubieran dado una piedra en lugar de pan para comer”).

El acontecimiento definitivo para su conversión fue en 1921, durante la visita a casa de unos amigos filósofos, en la que lee la autobiografía de Santa Teresa de Jesús, con la que descubrió que la verdad que buscaba no era un problema intelectual sino una cuestión relacional, y en enero de 1922 es bautizada y el 2 de febrero recibe la confirmación.

Desde su conversión manifestó el deseo de entrar en el Carmelo, pero sus confesores piensan que debía emplear sus talentos intelectuales en servir a la iglesia en el mundo y la envían a enseñar alemán e historia a un colegio de Espira, donde forma a sus alumnas, además, en el campo cultural, social, político y sexual. En ese tiempo, traduce las cartas y diarios del cardenal Newman y la obra “De Veritatis” de Santo Domingo.

Empieza a ser requerida para hablar por la radio, escribir artículos y dar conferencias en varios países, y sorprende a todo el mundo con su capacidad de trabajo y generosidad y entrega. Su tema preferido era el de la formación de la mujer y su puesto en la sociedad.

En 1932, Edith es llamada al Instituto Alemán de Pedagogía Científica, en Munich, para dar clases de Antropología filosófica y teológica, y de pedagogía, pero con la llegada de Hitler al poder, ella ya se dio cuenta de que vendrían persecuciones para el pueblo judío y la iglesia, intentando sin éxito que el papa Pio XI escribiera una encíclica sobre el problema, y al no haber negado nunca su ascendencia judía, se le prohibió toda actividad docente, con lo que el 14 de octubre de 1933 ingresa en el Carmelo de Colonia, y el 15 de abril de 1934 toma el hábito con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.
Sus superiores le piden que continúe su actividad científica en el Carmelo, y además de escribir artículos, trabaja en su gran obra: “ser finito, ser eterno”.

Estando dispuesta a compartir el destino de su pueblo, sabía que toda su comunidad corría peligro si permanecía en ella, por lo que el 31 de diciembre de 1938 es enviada al Carmelo de Echt, junto a una de sus hermanas, donde se supone que estaría fuera de peligro por no ser conocida ni por la población ni por los ocupantes nazis.

En 1940 los alemanes invaden Holanda, y fichan a todos los judíos. Intentan enviarla a Suiza, pero la comunidad de Le Paquier responde que aceptaba a Edith, pero no a su hermana, por lo que Edith rehusó irse.

Tanto Edith como Rosa, su hermana, son llamadas a Maastricht y se les exige que lleven en el vestido la estrella amarilla.

Los obispos holandeses junto con los demás líderes de iglesias cristianas preparan una pastoral con una dura denuncia de los excesos del nazismo y la persecución del pueblo judío, que debía ser leída en todos los templos el 24 de julio de 1942, pero solo se leyó en las iglesias católicas, con lo que la represalia de los nazis por el acto es inmediata: Los hebreos bautizados, sacerdotes y religiosas de origen hebreo, fueron arrestados y deportados a campos de concentración.

El 2 de agosto las hermanas Stein son detenidas por la Gestapo, y llevadas al campo de Amersfoort al principio, y dos días más tarde al de Westerboork, donde algunos supervivientes testimoniaron que se esforzaba por ayudar a todo el mundo. Hablan de su silencio, su calma, su compostura, su autocontrol, su consuelo para otras mujeres, su cuidado para con los más pequeños, lavándolos y cepillando sus cabellos y cuidando de que estuvieran alimentados.

El 7 de agosto es deportada a Auschwitz, llegando allí el día 9, donde la llevaron a la barraca 36 y marcaron con el número 44.074, muriendo ese mismo día a los 51 años, en las cámaras de gas, puesto que por su baja estatura, y sin signos externos de robustez no servía para trabaos forzados, junto a su hermana Rosa de 59 años, y el resto de compañeros de viaje.

En 1962 se inició su proceso de beatificación, siendo beatificada por Juan Pablo II en Colonia el 1 de mayo de 1987, canonizada el 11 de octubre de 1998 y proclamada Patrona de Europa el 1 de octubre de 1999.

Edith Stein fue una de las primeras mujeres en doctorarse en Filosofía, activista feminista, defensora del derecho de voto para la mujer, escritora de numerosos volúmenes de filosofía y teología, y conferenciante en varios países de Europa, que hablaba y escribía con fluidez en alemán, inglés, francés, holandés, latín... Durante la persecución nazi contra los judíos, Edith Stein escribió un valioso libro titulado "Estrellas amarillas", donde nos hace un clarísimo análisis de la situación social, política, religiosa e intelectual de Alemania en la primera mitad del siglo XX.

Podeis leer más sobre ella, aquí



Hermann Scheipers

Soy Hermann Scheipers, Nací el 24 de julio de 1913. En 1937, a los 24 años, me ordene sacerdote. Viví y fui testigo de la toma de poder de Hitler cuando era estudiante. Los últimos y terribles años de su dictadura -de 1941 a 1945- los pasé como prisionero en el campo de concentración de Dachau. El haber sobrevivido corporal y espiritualmente al infierno de Dachau se lo debo exclusivamente a mi fe cristiana.” Así comienza Hermann Scheipers una conferencia que dio en EEUU en 2009.

Tras ordenarse sacerdote, pidió que le mandaran donde más le necesitasen, y fue enviado a una zona de Sajonia en la que había pocos católicos, y estaban muy dispersos, por lo que el obispado le puso un coche para los traslados.

Tras la publicación de la encíclica de Pio XI contra el nazismo, los nazis comenzaron a perseguir a los católicos, y a Scheipers le confiscaron el coche. Le propusieron apoyar públicamente a Hitler para devolvérselo, pero se negó, y tras la tercera protesta, le detuvieron.

En la cárcel de Leipzig, la Gestapo le presionó, sin éxito, para que abandonara el sacerdocio.

Para los nazis los condenados a trabajos forzosos eran seres “infrahumanos”, pero para Scheipers eran hijos de Dios que necesitaban de su atención y amor, con lo que se convirtió en un peligro al desafiar “la seguridad del pueblo y el estado”.

En la oficina de seguridad del Reich en Berlin constaba así su condena: “Scheipers es un defensor fanático de la Iglesia, es propenso a generar intranquilidad a la población, por lo que ordenamos su internamiento en el campo de concentración de Dachau”. Y allí fue deportado en 1941, siendo enviado al bloque de los sacerdotes (Pfarrerblock) con el número: 24255.

En Dachau, se calcula que de los 300 sacerdotes que deportaron, murieron unos 1000, 336 de ellos en las cámaras de gas. Al preguntarle con qué se encontró en el campo al llegar, responde: “Con lo peor y lo mejor de lo que el hombre es capaz. Otro sacerdote dijo que, allí, te convertías o en criminal, o en santo. Los nazis enfrentaban a unos presos contra otros, con un sistema de capos.“ Y aún habiendo sido amenazado en varias ocasiones con ser enviado a las cámaras de gas, se libró de ser ejecutado: “Sabíamos que que, más pronto o más tarde, nos esperaba la cámara de gas. Cuando me llegó el turno, tuve una de las experiencias de solidaridad más profundas de mi vida. Otro sacerdote, muy enfermo, me paró en mi camino para ofrecerme el pedazo de pan de ese día. Quise rechazarlo: a él le hacía falta, y yo moriría poco después. Él insistió, diciendo que los apóstoles descubrieron al Señor al partir el pan. Lo acepté, profundamente conmovido. Mi ejecución fue cancelada milagrosamente; él murió. Cada vez que celebro la Eucaristía veo ese pan.
Poco antes de terminar la guerra, los nazis ordenaron desalojar el campo, y se organizaron las marchas de la muerte. Yo conseguí escapar de la última. Había un pabellón de moribundos con enfermedades altamente contagiosas. No quedaba tiempo para deshacerse de ellos, y ordenaron a sus capos quedarse para cuidarlos. Eran comunistas, y se negaron. Las SS pidieron voluntarios, y sólo los católicos estuvieron dispuestos a sacrificar sus propias vidas para no abandonar a los moribundos. Fue esa entrega a Cristo por encima de cualquier poder terrenal y hasta de la propia muerte lo que Hitler y Stalin no podían tolerar.”

Una vez terminada la guerra, y recuperada su salud, continuó ejerciendo la labor de sacerdocio, y tras su jubilación, se ha dedicado a dar numerosas conferencias sobre su experiencia en Dachau y los totalitarismos, por todo el mundo.

Podeis leer una entrevista suya, aquí

"Usted puede hacer muy poco con la fe, pero no puede hacer nada sin ella." - Samuel Butler
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