Testimonios: exilio, llegada a Francia y campos de refugiados.

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El 27 de enero de 1.939 se abría la frontera para la población civil española y para unos 100.000 soldados heridos, y el 5 de febrero, se autorizaba a las tropas republicanas a cruzar a Francia.

En dos días, la mayoría de los soldados pusieron rumbo al país vecino, dejando por el camino el material militar que era confiscado, además de los objetos de valor que llevaban, de los que muchos gendarmes, aprovechando los cacheos, se apropiaban.

Francia, sobrepasada y no preparada para la avalancha humana que se le vino encima, concentró a los exiliados en campos de concentración improvisados por el sur del país. La población civil era seleccionada en los campos de control de Le Boulou y Bourg-Madame antes de ser repartida por territorio nacional, y los soldados fueron reagrupados en los campos de Argelers, St. Cebrià y Barcarès, playas superpobladas donde intentaron, casi sin medios, sobrevivir a un duro invierno, y donde en el mes de abril habían fallecido ya 15.000 republicanos.

Mariano Constante:
"[...] Nuestro camión avanzaba lentamente a causa de las destrucciones en la carretera, los vehículos abandonados, los animales errando de un lado para otro. Durante toda la ascensión al puerto de Tosas trotaban por mi cabeza los recuerdos y la terrible pesadilla que desde hacía más de dos años y medio vivíamos los españoles [...].


Cuando llegamos a la vertiente que va hacia Puigcerdà, el avance de nuestro camión era casi imposible, tanta era la muchedumbre de fugitivos que intentaban alcanzar la frontera francesa. Militares y civiles mezclados, ancianos, mujeres, niños, soldados heridos perdiendo su sangre, inválidos con miembros amputados, caminaban lentamente, algunos -los más afortunados- montados sobre un mulo o sobre una carreta tirada por un borrico. Era un espectáculo en verdad descorazonador. Hicimos subir a nuestro camión a un grupo de inválidos y nosotros terminamos el trayecto a pie [...].

En Puigcerdà cargamos todo nuestro material de oficinas en un camión y esperamos la orden de entrar en Francia. Durante todo el día ayudamos a evacuar heridos y civiles y, en ciertos momentos, bajo la metralla de los aviones. Al atardecer recibimos la orden de ponernos en marcha con nuestros camiones, colocándonos en la larga fila de vehículos de todas clases que avanzaban lentamente hacia Francia con el ronroneo de sus motores cubriéndolo todo."

Lluís Ferran de Pol:
"Otra vez el frío amanecer, el blanco polvo de la escarcha sobre las mantas y los miembros entumecidos.
Se enciende fuego y se prepara un poco de leche. Y enseguida a andar. Esta vez es por poco tiempo. A unos kilómetros encontramos unos vastos arenales. Aquí y allá marismas. Pronto vemos cabañas aisladas. Son de junco y paja y están inclinadas hacia el sur, pues el mistral nunca deja de soplar e impone su rumbo a todo lo débil. En algunas de estas pobres cabañas asoman rostros de mujeres que nos miran extrañadas. Antes, estas soledades frente al mar eran solo suyas. Ahora, venimos nosotros a compartirlas.

Largas columnas de hombres van llegando. Los gendarmes tienen cuidado de separar a las últimas obstinadas. Hicieron su camino con los hombres, confundidas con ellos, y ahora son separadas. Este no es lugar para mujeres- explican algunos gendarmes mientras los senegaleses cumplen las duras órdenes de separación.
Este no es un lugar para mujeres, ni para hombres, ni tan solo para bestias, añadirá pronto nuestra experiencia.

Hoy es un día radiante. La mañana está despejada y en el cielo flotan nubes blancas de contornos rotundos. Los senegaleses son más negros contra este cielo azul y blanco. Están alineados a nuestra izquierda para que no escapemos hacia los campos y las montañas lejanas. Lejos, dominándolo todo, está el blanco Canigó como un montón de plata derramado desde el cielo. A nuestra derecha solo arena y, más allá, el mar infranqueable.

De pronto nos hallamos ante unas alambradas que cercan el campo. Entramos por una ancha puerta en la que unos negros, bayoneta calada, montan la guardia. Andamos por este cercado, atónitos. No queremos creer lo que ven nuestros ojos. Nos ha entrado miedo de afrontar la realidad. Y miramos aterrados estas dunas, estas ondulaciones de desierto que van a perderse en el mar. Una especie de juncos y una hierba baja y seca son toda la vegetación de este lugar horrible. No hay ni una cabaña, ni un pequeño refugio contra el viento que empieza a soplar. Vamos de aquí para allá buscando un lugar. Pero es inútil. Es preferible abrir las manos, soltar nuestros fardos y tendernos como bestias. Vamos cerca del mar, junto a las alambradas. Y nos derramamos sobre nuestros sacos.

En el otro lado de la alambrada, tras un pequeño parapeto de arena, un negro tiene emplazado un fusil ametralladora. El senegalés está echado tras su máquina y nos vigila con ojos atentos. El cañón del arma está paralelo a la alambrada. Cualquiera que salga puede ser barrido. Todo este aparato bélico resulta grotesco. Somos un pobre rebaño agotado que sólo ansía un poco de descaso. Sobran los africanos en actitudes marciales. Un poco de agua con que lavar nuestros pies hinchados por la caminata absurda, algún alimento que nos reanime, si no es pedir mucho unas tablas que defiendan nuestro rostro de la arena que nos hiere: todo lo demás es una inútil bravata militar.

A mediodía vienen soldados franceses. Se llevan los caballos que han entrado con nosotros. Hasta ese momento no hemos comprendido bien que vamos a estar aquí mucho tiempo. La vista de los pobres animales que pacían a nuestro lado nos hacían sentirnos un poco nómadas. Parecía que, descansados hombres y bestias, íbamos a marchar de nuevo campos adelante. Pero la última apariencia de campamento gitano ha desaparecido. No somos más que unos prisioneros y hay que acostumbrarse a la idea. Ya no hay en nosotros nada de caravana romántica: cercos de alambre espinoso bordean nuestros caminos infranqueables, los árboles de los caminos se han mutado en desnudos filos de bayoneta. Este será por mucho tiempo nuestro paisaje: aceros erectos y flores de púas. Empieza nuestro lúcido sueño sobrerrealista [...]."

Miquel Serra Grabulosa:

En el último tren solo quedábamos nosotros [...]. Y ahora qué hacemos [...]. ¡Vámonos todos juntos!. Nos transportaron hasta Agde, en el interior de Francia. Llegamos y allí no había campo ni nada [...] y toda aquella expedición lo montamos. Vimos allí verdaderas montañas de madera. El primer campo lo construimos nosotros, o sea, las barracas. Estábamos en la F-3. Después de aquel campo pidieron voluntarios para un segundo campo [...]. Y venga a llevar gente y más gente. Después aún hicimos un tercer campo. Trabajábamos porque así teníamos más comida. En Agde estuvimos seis o siete meses. Cuando llegamos al campo, estaba rodeado de alambradas, y por el exterior patrullaban los negros senegaleses. Allí se formó un equipo de fútbol y jugábamos barracones contra barracones. Allí se puede decir que acabamos con los piojos, porque los piojos se nos comían vivos. Cada día, ropa hervida en un pozal que requisamos, y venga a hervir agua y a hacer deporte [...].

Otilia Castellví:

Estábamos en el campo de concentración de Argelers. Una mujer que estaba en la barraca de los gendarmes, que era española pero ayudaba a los que nos encerraban, nos dijo que teníamos que buscar refugio en alguna de las barracas que había por allí. Entonces nos dimos cuenta de que, efectivamente, esparcidas por aquel arenal, había algunas barracas. Fuimos a ver una, la que nos pareció más nueva, pero salimos enseguida, pensando que justo esa era la peor, o que aún no había sido terminada. Probamos otra, y otra [...]. todas eran iguales. Cuatro paredes de madera mal ajustada, tan solo con una puerta y sin ventanas. La verdad es que ventilación tenían más que suficiente, ya que los agujeros y las rendijas dejaban entrar libremente el aire, la luz, la arena y la porquería [...]. La misma arena tenía que servirnos de mesa y de cama. Pero si bien no había mobiliario que nos molestara o nos diera servicio no faltaban las personas. Todas las barracas estaban llenas de mujeres y niños con sus correspondientes bultos y maletas.

"El exilio es parte de mí. Cuando vivo en el exilio llevo mi tierra conmigo. Cuando vivo en mi tierra, siento el exilio conmigo."- Mahmud Darwish

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51 Comentarios: (+añadir comentario?)

Pablo Antonio Miralles dijo...

Como siempre, una publicación excelente.

Un saludo desde "Cosas por mi mente"

Nikkita dijo...

Gracias Pablo, por pasarte y por comentar :).
Saludos

Pablo Antonio Miralles dijo...

La verdad es que me gusta conocer más a fondo los detalles de este periodo de la historia que tratas, y puesto que la calidad de las publicaciones es excelente, es todo un placer seguirte.

=)

Nikkita dijo...

Gracias... el placer es mio por tenerte por aqui y por leer las "cosas por mi mente" :)

Madame Minuet dijo...

Que triste conseguir pasar la frontera para acabar en un campo de concentracion ante tal avalancha de gente. Por cierto que entre los testimonios que nos ofrece me ha gustado mucho la calidad literaria del de Lluis Ferran de Pol. Aunque lamentablemente no lo conocia, me parece por esta muestra que seguramente se dedicó a la literatura posteriormente.

Buenas noches, madame

Nikkita dijo...

Así es Madame, es el de más calidad. Lluis Ferran era escritor. Consiguió llegar a Méjico, y allí relató toda su experiencia en un periódico mejicano, en capítulos. El testimonio está sacado de ahí.
Buenas noches, madame.

meg dijo...

Es una autèntica crónica periodistica, Nikkita.. ¡Que personaje el Luis Ferrán mirándolo todocon ojos de poeta: los negros destacaban más contra el cielo azul y blanco... se os trastocaron las flores y la hierba en flor de alambre de espino... loas soledades frente al mar...Magistral relato, de una persona que aún guardaba una vida interior rica y una mirada limpia y poética. Una de las mejores entradas, NIkkita. Muchos besos.

Nikkita dijo...

Hola meg, la verdad es que hizo un relato muy bueno, con mucha calidad.
Muchos besos

Katy dijo...

Hola Nikkita, esto si que me toca más de cerca aunque lo llevo más grabado en el alma que no en los recuerdos, aún iba en el vientre de mi madre por unos meses más.
"Yo nunca me he quedado sin patria. Mi patria es el idioma.-
M. Zambrano
Besos Nikkita

Cayetano dijo...

Muy buena selección de documentos sobre el exilio a Francia tras nuestra pasada guerra.
Contribuye a deshacer el mito de la buena acogida del país vecino. Se nos trató peor que a animales estabulados.
La moneda con que pagamos la "hospitalidad" creo que fue de mejor calidad cuando los nazis atacaron Francia.
Un saludo.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

lo de los campos franceses fue una vergüeza que parece que todo el mundo se empeña en tapar.

Oscar dijo...

Cada vez que hay un exilio masivo, ningun pais esta preparado, mirar Italia con los albaneses y los yugoslavos, y tenemos una buena decena solo en Europa.

Si alguien realiza busquedas de información de los campos citados, les puedo decir que los tengo a escasos Km de casa, y que tengo acceso a los archivos de los mismos, Anotar que Sant Cebrià, en francia es Saint Cyprien...
Estaré encantado poder ayudar a quien lo necesite.
Saludos

Nikkita dijo...

Hola Katy, sabía que esto era más cercano a ti. Gracias por la frase de Maria Zambrano, es un buen resumen :).
Muchos besos.

Nikkita dijo...

Hola Cayetano. Cierto, antes de la 2GM ni la acogida fue buena, ni el trato fue bueno. De hecho, ahí están los miles de muertos por las condiciones en las que vivían.... y hasta casi el final de la guerra no se les empezó a reconocer lo que habían hecho por Francia.
Un saludo

Nikkita dijo...

Jose Luis, como le decía a Cayetano, así fue. Lo que hay que tener en cuenta es que, puede que por agradecimiento, por haberles acogido tras la finalización de la 2GM muchos no airearan tanto en qué condiciones fueron recibidos tras el exilio...
Abrazos

Nikkita dijo...

Oscar, llevas razón en parte. Una cosa es no estar preparado y tener que "imporvisar", y otra cosa es dejarlos morir...

GRACIAS POR EL OFRECIMIENTO!!.

Besos

Robert A. Larrainzar dijo...

De nuevo una gran aportación de Holocausto en Español.
Es triste todo lo que se lee, pero los artículos son maravillosos. Y a los que no supimos ni de lejos lo que se llegó a sufrir en aquella triste época, nos pone en situación, ya que hoy en día hacemos un drama de cualquier cosilla insignificante (y yo me incluyo, buf). Un fuerte abrazo y un besote de koala sonriente. Ja ja.

Clara dijo...

Nikkita,una maravilla,pura poesia del sufrimiento: "Nos derramamos sobre los sacos".

Gracias¡ por estar ahí.

Un abrazo muy grande

Nikkita dijo...

Hola Robert!, hay muchas cosas que no se conocen hasta que se leen, por casualidad o no....
Me encantó el besote de hoy, jajaja.
Besos más sonrientes para tí!

Nikkita dijo...

Hola Clara!, cuanto tiempo :). Lluis lo narró muy bien.
Un abrazo muy grande

Gil de Luna dijo...

Hola Nikkita! Por fin he tenido algo de tiempo, ha si que he aprovechado para hacer un par de entradas en mi blog y por supuesto ponerme al día con el tuyo. Un placer leerte, ir juntando pedacitos de lo que ocurrió hasta tener una idea clara del alcance de los horrores de aquella época. Que poco sabemos de lo que sufrió tanta gente;suerte la de contar contigo para enseñarnos.
Un beso enorme.
Marga.

Nikkita dijo...

Marga, me alegro que respires :). Un placer tenerte por aqui.
Voy otra vez a tu pagina, porque solo habia visto una entrada, no dos...
Un beso más enorme aún!!

Felix Casanova Briceño dijo...

Nikkita...

El relato de Mariano Constante no deja lugar a dudas sobre lo horrible que debio ser. Ciertamente no era lugar ni para las bestias como contaba Ferrán de Pol. Incluso ellos mismos se tenían que construir sus propias barracas (por llamarlas de alguna manera, porque algún nombre habrá que ponerle...). Enhorabuena como siempre por tu espectacular trabajo de documentación y por como nos presentas este triste episodio de la Historia...

Muchos besos

Nikkita dijo...

Hola Felix, en la mayoría de los campos cuando llegaron solo había arena de playa... y todo lo levantaron ellos desde 0. Pero recién llegados de una guerra, después del viaje que supuso llegar allí, con mala y poca alimentación, fue demoledor para ellos.
Muchos besos

vivoenlared dijo...

Debió ser algo tremendo, lo que no deja de sorprenderme es la capacidad de olvido que tenemos, quizá como mecanismo de defensa.Saludos

Higorca Gomez Carrasco dijo...

Son unas crónicas de lo más educativo y nos hace aprender mucho más de aquello que durante tanto tiempo fue un tabú, después de pasar una terrible guerra, empieza de nuevo a mal vivir, con el dolor metido hasta los huesos por tantas y tantas fatigas como pasaron aquí en su tierra en su España. Durisimo, tenemos que pedir firmemente que no llegue de nuevo tanto dolor a un país.
Gracias amiga por tan valiosa documentación.

Nikkita dijo...

vivoenlared, no sé si es capacidad de olvido... o comodidad.
Saludos

Nikkita dijo...

Hola Higorca, ojala nunca vuelva a llegar a ningún sitio... pero lo veo dificil :).
Gracias a ti por tus visitas!!
Muchos besos

MJTH dijo...

Leyendo tu escrito me he hecho una pregunta..Soportariamos nosotros lo que ellos fueron capaces de soportar? la respuesta que me doy es NO...
un abrazo Nikkita

Nikkita dijo...

Hola MJ, creo que soportariamos mucho más de lo que creemos en frío.... lo que no sé es hasta dónde.. cada uno tiene su propio límite.
Un abrazo.

la gata dijo...

Pobres gentes que tratando de huir buscando algo mejor, estando heridos, enfermos... se vean metidos entre alambradas y sufrimientos... Tuvo que ser un duro golpe.
Me gusta que cuentes estas historias, oirlas de su propia voz...
Besos

Nikkita dijo...

Hola gata!, la verdad es que para ellos fue un duro palo. Es más fácil "verlo" cuando leemos los testimonios directamente.
Besos

jose dijo...

gracias por todo

Nikkita dijo...

Jose, de nada!

paco sibaja (pacoteclas) dijo...

pues gracias antetodo por pasar y comentar por mi blog,es un placer tenerte tambien por aqui asi que lo mismo digo me quedare por aqui pinchado una temporadita jeje,me encantan tus publicaciones y tu blog en general,me encanta la historia asi que creo que estare por aqui siempre,un saludo desde cordoba.

Katy dijo...

Nikkita me gustaría que leyeras este post. Besos
http://katy-tocandootrospalillos.blogspot.com/2010/01/katy-de-donde-eres.html

Nikkita dijo...

Hola Paco, un placer tenerte por aqui :). Mejor que pinchar, canta que lo haces muy bien!!. Gracias por pasarte.
Un saludo

Nikkita dijo...

Katy voy para allá.

Rudy Spillman dijo...

¡Cuánta sensación de vacío, de abandono... de estar en todas partes y en ningún lugar!
Besos, Nikkita.

ANRAFERA dijo...

Gracias por exponernos estos testimonios. Estupenda entrada. Saludos.

Nikkita dijo...

Que buena frase Rudy..."estar en todas partes y en ningún lugar"...aunque justo en esta parte de la historia, creo que estaban mas en "ninguna parte".
Muchos besos.

Nikkita dijo...

Gracias a ti por pasarte Ramon. Buen fin de semana!

dayer dijo...

Una lástima que las supuestas cabezas pensantes que tenemos no hagan la memoria de la historia que tú haces, en puesto de con fines partidistas.
Enhorabuena por el trabajo que haces :)

Nikkita dijo...

Gracias dayer. Bienvenido :)

Miguel Angel dijo...

Excelente como siempre, me gusta la historia pero como tu la cuentas, en boca de los protagonistas.
La historia de gente anónima y no la de los grandes personajes. Ese gente desconocida las concibo como personas de gran fortaleza, que sabian sufrir.
Que enseñanza que se debería conocer en nuestro tiempo donde todo parece superfluo en una sociedad tan hedonista.
Brillante entrada y mejor acabada con la frase del gran poeta palestino Mahmud Darwish.

Un saludo

Nikkita dijo...

Muchas gracias Miguel Angel. Cuanta razón llevas. Yo también prefiero conocer la historia de la mano de gente anónima antes que de grandes personajes.
Buen fin de semana.
Un saludo

Miguel Ángel dijo...

¿El sueño de la razón produce monstruos? No. El horror de la guerra produce monstruos.
Nikkita: plantéate escribir un libro con lo que estás publicando en el blog. Sé que parte está sacado de otros libros pero otra son testimonios directos. Creo que sería muy necesrio. Piénsalo.

Nikkita dijo...

Miguel, te ha salido otro perfil :). No sé qué contestarte... lo dejamos de momento en que lo pensaré.
Besos

Primavera dijo...

Hola,



enhorabuena por este excelente blog que acabo de descubrir hoy mismo. Estoy empezando a escribir una novela y en trama quería explicar cosas de los campos de concentración de Francia. Tirando del hilo familiar me han explicado que mi abuelo estuvo en uno, no sé en cuál, sólo me han dicho que él y tantos otros estuvieron en un sitio con agua hasta las rodillas. ¿Dónde podría ser?

Gracias

Nikkita dijo...

Hola Primavera, muchas gracias!
La verdad es que solo con ese dato no tengo ni idea de qué campo podría ser, en esa época muchos campos tendrían agua y barro hasta las rodillas.
Si tienes algún dato más, puede que encuentres alguna pista en google, prueba a buscar por imágenes.
Un saludo

Tamar huertas garriga dijo...

Hola a todos,

Ya veo que los comentarios son bastante antiguos pero probare suerte.

Relacionado al tema, hace mucho tiempo que estamos buscando a mi bisabuelo, se llamaba Lluis Garriga Bague, nacio en Salt (Girona) el 21 de Octubre de 1896. Estuvo casado con Consuelo Vendrell Panosa y tuvieron un hijo Miquel Garriga Vendrell (mi abuelo) el 13 de Noviembre de 1925. En 1939, mas o menos, se exilio en Francia, creemos en el campo de internamiento de Argeles y despues de eso nos han comentado que pudo formar otra familia en Francia.
No tenemos mas datos sobre él.

Quiza alguien pueda darnos mas datos o orientarnos sobre donde seguir busacndo. Mi correo es tamarhuertas@hotmail.com

Muchas gracias de antemano y enhorabuena por la publicacion

Un saludo!

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