Shlomo Venezia, superviviente de un Sonderkommando

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Shlomo Venezia, judío sefardita nacido en Salónica, es uno de los poquísimos supervivientes que quedaron de un Sonderkomando. Con motivo del homenaje “Memorias cruzadas. Memorias compartidas. Memorias del otro”, estuvo en Madrid y nos dejó su testimonio que os traslado tal cual nos lo contó.

Cuando le ves por primera vez, no puedes ni imaginar que alguien con un gesto tan dulce, y una sonrisa permanente en su cara, ha podido vivir semejante horror. Solo cuando le escuchas dar su testimonio, y ves su mirada en ese instante, a la vez que controla la emoción que le llena en algún momento concreto, es cuando te das cuenta de la fuerza que tiene para haber convivido con ello en su interior todos estos años.

En abril de 1943, antes de haber cumplido veinte años, Shlomo fue deportado al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, ingresando con el número de matrícula 82.727.

Los trenes, de toda Europa, cargados de judíos, llegaban a Auschwitz II, un punto en el que los deportados no veían nada, a pesar de que estaba a 800 metros de Birkenau, y a dos km. De Auschwitz. En la rampa a la que llegaban era donde se hacía la selección.

Tras 11 días de viaje en los que Shlomo iba con su madre y sus hermanos, su tren llegó a la rampa, y en cuanto se abrieron las puertas del vagón Shlomo saltó fuera para ayudar a su madre y que no se hiciera daño al bajar, cuando de repente, sintió cómo le daban golpes con un bastón en la cabeza, y al girarse, vio a los alemanes, provocando confusión para que la gente no se enterara de dónde habían llegado ni qué pasaba. En esos segundos en los que Shlomo se giró, perdió de vista a su madre, y no volvió a verla más.

Después, se hacía la selección. Aunque en los archivos de Auschwitz figura que en el grupo de Shlomo había unas 2.500 personas, él sabe que había más. De su grupo, cogieron unas 13 chicas jóvenes y hombres entre 18 y 40 años, y al resto los gasearon.

Al 90 o 92% de los judíos que llegaban, los mataban de forma inmediata, y a veces llegaban todos muertos (o tenían tal saturación que dejaban allí los vagones y la gente moría dentro). El número final dependía de cuántos necesitasen para trabajar. En su grupo, estaban su madre y hermanas, y solo se salvaron Shlomo, su hermano y 1 hermana en edad de trabajar...

Una vez hecha la selección, pasó por las fases de rapado, ducha, tatuaje y cuarentena, y, estando en la cuarentena, a las 3 semanas, apareció un SS solicitando 80 personas para trabajar, preguntándoles qué sabían hacer. Shlomo, después de ver cómo les rapaban, respondió que era barbero, y un amigo con el que estaba, que era banquero, respondió que era dentista, pensando que les llevarían a trabajar de lo que habían dicho, con la esperanza de trabajar en un lugar resguardado del frío.

En esas fechas, llegaba un cargamento de 420.000 húngaros, y necesitaban aumentar el número de presos en los Sonderkommandos.

Seleccionaron a los 80 presos, y les llevaron a una sección entre las barracas 9 y 11, donde Shlomo encontró a un judío polaco. Shlomo hablaba Yidish, y el polaco, alemán, pero se entendieron. El polaco le preguntó si tenía hambre, Shlomo llevaba dos días sin comer, le dio un trozo de pan blanco, y empezó a contarle que estaba allí para ser Sonderkommando (Sonder: especial). Shlomo, sin saber de qué le hablaba, preguntó si allí les darían de comer, y el polaco le respondió que en el campo, todos tenían la misma ración, excepto los Sonderkommando que tenían algo más de comida.

A continuación, Shlomo preguntó dónde trabajarían, y el polaco le informó que en los crematorios. Shlomo, el único muerto que había visto en su vida hasta ese momento fue su padre, y ni siquiera sabía que se podía quemar un cuerpo, con lo que preguntó qué eran los crematorios...

Esta persona, también le dijo que cada 3 meses se hacían una selección entre los propios Sonderkommando.

Mientras permanecieron en las barracas, el kapo les mantuvo fuera, no les dejó entrar a ver la realidad sobre dónde trabajarían.

Allí no te podías negar, era un trabajo que tenías que hacer. La impresión de alguien que nunca había visto un cadáver, rodeado de tal cantidad de repente, es horrible.

Venezia trabajó primero en el crematorio número 2, y después en el 3.

Familias enteras llegaban allí para morir. Les decían que era simplemente una ducha, para que entraran en la cámara, que les darían una casa, y que los hombres irían a trabajar al día siguiente mientras las mujeres estarían con sus hijos. Pero los que se daban más cuenta de lo que estaba pasando eran los niños.

En la cámara de gaseamiento, entraban unas 1.800 personas. Una vez los metían, un SS cerraba la puerta, cogía un bote de Zyklon B, y lo echaba por la parte superior. En 10 o 12 minutos, ya no se oía nada más.

Después, llegaban los Sonderkommando para recoger los cadáveres, y llevarlos entre dos a un foso situado a unos 15 metros, y otros se encargaban de quemarlos.

Este fue el primer contacto de Shlomo con su trabajo real. Su primera experiencia con la realidad de los SS, fue el día que el comandante Moll (Otto Moll era el supervisor de las cámaras de gas) mientras estaban trasladando los cadáveres, llegó hablando en alemán, gritando e insultando, y un amigo de Shlomo entendió que uno de ellos iba a morir.

Su amigo se había quedado impresionado con un muerto en las manos. Le pidió que se espabilara, pero el amigo siguió paralizado, hasta que llegó el alemán y le empezó a apalear. El preso, según Shlomo, no estaba bien de la cabeza, y siguió inmóvil, y erguido, y teniendo en cuenta que los alemanes siempre querían que los presos les suplicaran y se doblegaran, le siguió apaleando, y al ver que éste seguía en pié, sin reacción, cuando se cansó de apalearle, le pegó un tiro.

Shlomo pasaba por allí, y al verle, el alemán le llamó para que lo recogiera y le llevara a quemarlo. Shlomo lo hizo, y al marcharse, recibió el alto. Le dijeron que solo se quemaba la persona, todo lo que llevaba puesto era del III Reich.

A partir de ese momento, comenzaron a pensar que “uno que se está muriendo tiene más suerte que ellos viviendo aquello” (tenían más suerte los que morían que los que vivían allí).

Escuchad este fragmento con sus propias palabras:

Antes de la “ducha”, les decían a los prisioneros que tenían que poner juntos los zapatos, colgar la ropa “para que no se perdiera”, y la gente se lo creía. Al menos hasta que había entrado en la cámara de gas la mitad del grupo.

Primero metían a las mujeres y los niños, y los últimos eran los hombres. El último grupo de 40 o 50 hombres, tenían que empujar para entrar, porque ya no cabían. Les metían como si fueran animales. Cuando el SS cerraba la puerta, la gente gritaba pidiendo ayuda, y muchos de ellos morían antes de “la ducha”, aplastados.

Como Shlomo había dicho que era barbero, a él le dieron unas tijeras, y su función era cortar el pelo de todas las mujeres que gaseaban.

Al principio, no podían comer pensando que con las mismas manos que estaban cogiendo el pan, tocaban los muertos, pero a las 3 semanas, eran autómatas. Se acababan habituando, y “el hombre se convierte en un animal”.

Cuando los alemanes vieron la indiferencia de Europa ante lo que estaba sucediendo, decidieron ir a por los judíos de toda Europa. En los crematorios, en la cámara de gas grande, tenían un aforo de unas 1.400 personas, y los alemanes metían allí unas 1.800.

Tras el gaseamiento, el SS miraba por la mirilla, y al verles a todos muertos, abría las puertas de la cámara, donde los Sonderkommando se encontraban con un metro y medio de cadáveres apilados, y agarrados unos a otros, lo que hacía muy difícil la tarea de sacarlos de allí.

Los sacaban, actuaban los barberos y dentistas, y los trasladaban hasta una foso, y de allí al montacargas donde iban poniendo los cadáveres para subirlos a los 5 hornos que había, con 15 “aberturas para quemar” cada uno. Allí trabajó el hermano de Shlomo, porque había que ser muy fuerte para estar en esos puestos. Cogían los cadáveres y los metían en los hornos, pero antes tenían que mojar todo bien con agua porque si no, del calor, los cuerpos se pegaban al metal.

Ya al final de la guerra, los alemanes los querían eliminar a todos. Un día, cogieron un grupo de unas 400 o 500 personas del campo, y les llevaron al crematorio para matarlos.
Shlomo, de repente oyó que lo llamaban, pero no reconoció la voz. Se dirigió hacia el prisionero, y éste le abrazó, preguntándole ¿no me conoces?. Era León Venezia, su primo.

León le suplicó ayuda, y Shlomo le contestó que no sabía que iba a ser de ellos, que ninguno saldría para contarlo. Aún así, intentó interceder ante el SS, preguntándole si había alguna posibilidad de hacer una excepción con su primo, pero el alemán le respondió: “Alles sind equal” (Todos son iguales).

Shlomo le preguntó a su primo si tenía hambre, fue a su cama, cogió algo de comida y se la llevó. León se la comió de golpe, y empezó a preguntarle cómo se moría, a lo que Shlomo, para tranquilizarle, le dijo que no se preocupara, que no se iba a enterar, que no duraba ni un minuto.
Estuvo con él hasta que el alemán les empezó a llamar, y para que no les apalearan, Shlomo llevó a su primo hasta la cámara. A continuación, los compañeros de Shlomo le sacaron de allí para que no viera a su primo muerto.

La avalancha de Húngaros que llegó a Auschwitz fue lo que permitió que Shlomo sobreviviera, pues los nazis no tuvieron tiempo de volver a seleccionar y formar a más Sonderkommandos. Permaneció allí casi 9 meses trabajando, hasta que pasó a formar parte de la “marcha de la muerte” a Mauthausen.

Shlomo perdió allí a su madre y sus dos hermanas pequeñas, nada más llegar. Sobrevivieron su hermana mayor y su hermano.

Tras la liberación, estuvo siete años en un sanatorio para aprender a tener contacto con personas “normales”. Después trabajó 27 años en un hotel, se casó, ha tenido 3 hijos y seis nietos.

Y tras este homenaje, y de vuelta a su casa, al igual que el resto de veces que acude a alguna parte a contar su testimonio, Shlomo debe permanecer unos días aislado sin hablar con nadie para recuperarse.

La editorial RBA Libros, acaba de publicar el libro de Shlomo Venezia, “Sonderkommando”, donde podéis leer su testimonio y sus vivencias.


"Hay que recordar para construir el futuro" - Shlomo Venezia

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40 Comentarios: (+añadir comentario?)

Kassiopea. dijo...

Pues precisamente el libro de este hombre lo tengo encargado, y seguramente mañana o pasado ya lo tendré.

Nikkita dijo...

Kassiopea, te gustará, es sobrecogedor. Ya me contarás....
Un saludo

macgo dijo...

¡Dios mío! ¡Qué aberración!

Bcn_oscar1 dijo...

Cuando ves su cara, no puedes pensar que ha vivido todo eso, perder su madre u sus hermanas a la llegada, ver gente morir, ver morir a su primo... por suerte sobrevivió, y es un testimonio viviente.

Yo remarcaría su propia frase con la que cierras el post, habría que recordarsela a mas de uno y mas de dos.

Perikiyo dijo...

Estoy conmovido, Nikkita.

Hay que leer ese libro, sí o sí. Nunca debemos permanecer indiferentes ante esta aberración, pues la indiferencia deriva en el olvido. El olvido es lo último en lo que debemos caer.

Has hecho un extraordinario trabajo. Te felicito.

Un beso.

Nikkita dijo...

Macgo, te aseguro que si se lo oyes contar, no puedes dejar de escucharle...

Nikkita dijo...

Oscra, así es, esa frase la recalca mucho. Y efectivamente si le ves, y no sabes quién es, ni te lo puedes imaginar.
Besos.

Nikkita dijo...

Perikiyo, muchas gracias! de verdad :), el libro creo que si es de los que no hay que perderse.
El olvido solo nos puede llevar a repetirlo.
Un beso.

Katy dijo...

Hola Nikkita, quiero creer que su frase "Hay que recordar para construir el futuro" sea así, poruue no he percibido en sus palabras ni odio, ni revanchismo, solo una inmensa pena y dolor, lo cual me emociona.
Tiene que sufrir cada vez que cuenta su vida, era casi un niño. Conozco esos ojos y se trasluce el terror vivido, no hay olvido posible.
Besos y gracias por este gran testimonio.

La Dame Masquée dijo...

Que tremendo tener que viajar en un tren lleno de cadaveres, ver como los compañeros de viaje van muriendo, y esperando a cada momento ser el siguiente. Y luego, los que llegan con vida, tener que despedirse de los suyos temiendo que no volverán a ver a su familia.

Y las cifras son escalofriantes. 420.000 hungaros de una sentada! A ese paso eran capaces de vaciar un pais en un mes!

Que lastima esos niños, que a pesar de suponerseles mas inocentes eran los que se enteraban de todo. Y el embrutecimiento de los adultos, que acaban habituados a todo. Impresiona la frase “el hombre se convierte en un animal”.

Al menos Schlomo sobrevivió, pudo tener otra vida despues de aquello, y dejarnos su relato. Ese libro tiene que ser escalofriante.

Buenas noches, madame

Bisous

Nikkita dijo...

Katy, de los supervivientes de los que he visto o leido testimonios, aún no me he encontrado ninguno que proyecte odio, rencor o ansías de revancha. Lo que quieren es que se sepa y no se olvide. Pero efectivamente, el dolor y la pena no hay quién se la quite.
Muchos besos.

Nikkita dijo...

Madame, los niños son extremadamente intuitivos, es posible que por eso fueran los que mejor percibieran lo que estaba sucediendo realmente.

El libro, creo que es de los que hay que leer, para conocer otra parte de lo que sucedió.

Buenas noches, madame.
Besos.

Javier Sanz dijo...

La conciencia es muy traicionera, supongo que en más de una ocasión la culpabilidad, sin tener culpa de nada, le habrá martirizado.
Muchos se sintieron culpables sólo por sobrevivir...
Hay que tener una fuerza mental increíble para que estos horribles recuerdos le permitan llevar una vida digna.

Un beso

Nikkita dijo...

Javier, en el caso de Shlomo, de las veces que se lo han preguntado siempre le he leído que culpabilidad no ha sentido. Si no lo hacían les mataban en el momento, y si lo hacían, sabían que de todas formas también iban a morir.
También pasó años en un centro tras la liberación, es posible que eso le ayudase.
Un beso.

Carmela dijo...

Horroriza el testimonio de Shlomo y la templanza que muestra dando a conocer los hechos con toda su crudeza.
Me queda repiqueteando la frase: "Tenían más suerte los que morían que los que seguían viviendo allí".
Es verdad : Un verdadero infierno.
Otro dato relevante es la percepción de los pequeños.
Que una criatura perciba que va a morir causa espanto.
A través de esta lectura se hacen aprendizajes : el ser humano soporta hasta límites insospechados episodios de humillación y sifrimiento.
Ya agendé el nombre del libro de Shlomo Venezia.
Será duro leerlo pero es imprescindible conocer el pasado.
Gracias Nikkita!!

Cayetano dijo...

Tremendo testimonio. Parece increíble que alguien haya podido sobrevivir a tamaña barbarie. Me imagino que este hombre, como tantos y tantos testigos de aquello, habrá tenido miles de pesadillas.
Saludos.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

Sobrecogedor... no llego a explicarme que falla en la mente de las personas que planificaron y realizaron esta aberración

ANRAFERA dijo...

Espeluznante, sobrecogedor...no hay palabra para describir estas atrocidades...y pensar que nada más llegar ya mataban el 90% / 92%. Horrible¡ Gracias por la exposición del video, donde plasma todo el horror vivido. Un cordial saludo.

Nikkita dijo...

Hola Carmela!,
Imagino que cualquiera de nosotros pensaría que tenían más suerte los que morían que los que vivían para ver todo aquello, sobre todo al principio, porque como él dice, a las 3 semanas pasaban a ser autómatas y se compara con animales.
Lo que está claro es que con muchisimos de estos testimonios vemos que efectivamente los límites del ser humano son muy altos, aunque cada persona es un mundo...
Un beso.

Nikkita dijo...

Cayetano, imagino que sí, si cada vez que da su testimonio necesita unos dias de aislamiento para recuperarse... imagina el resto.
Saludos

Nikkita dijo...

Jose Luis, ya somos dos... no puedo concebir esta forma de industrializar la muerte.
Saludos

Nikkita dijo...

Gracias a ti Ramón, con el vídeo comparto con vosotros unos minutos de su testimonio, aunque tampoco es lo mismo que en persona, pero al menos os acerca.
Un saludo cordial.

Elisa dijo...

Bien por tu artículo Nikkita
Cariños
Elisa

Nikkita dijo...

Gracias Elisa.
Besos.

Carzum dijo...

Madre mía Nikkita, que valor y qué fuerza la de este hombre! No me extraña que necesite permanecer aislado varios días para recuperarse cada vez que recuerda. Como siempre, gracias. Abrazos ;-)

rosscanaria dijo...

Impresionante historia como todas las que has relatado, tuvo que haber sido algo imposible de asimilar, no comprendo como este hombre pudo rehacer su vida normal, supongo que a base de mucho amor. Terrible Nikkita.
Un beso muy grande y buen fín de semana mi niña bella,

Nikkita dijo...

Carzum, gracias a ti!!, la verdad es que es admirable, y que se pueda recuperar en unos días es increíble.
Abrazos!

Nikkita dijo...

Hola Ross, pasó muchos años con ayuda, e imagino que la fuerza interior de cada uno también es importante, y él tiene mucha. Es un hombre increíble.
Buen fin de semana para ti también, reina :). Besos grandes.

Carmela dijo...

Si.Es éso: la fuerza interior .
Ya encargué el libro.
Espero tener valor para poder leerlo todo.
Abrazos.

Nikkita dijo...

Poco a poco Carmela :), ya me contarás...
Buen fin de semana!.

ooOJotaEmeOoo dijo...

Cada uno de los posts que publicas está siempre cargado de un sobrecogimiento difícil de describir. Han sido tantos los seres humanos que han sufrido en carnes la barbarie y la maldad de la que son capaces sus propios semejantes...
Lo peor de todo es comprobar, a través de la narración vivida y sufrida por los supervivientes, cuánto Mal se extendió en aquellos años en guerra.
Y ¿por qué? ¿Para qué tanta saña y destrucción? No hay nada que pueda dar respuesta lógica a la vergüenza absoluta de la inteligencia del Hombre.
Es estremecedor leer que personas como Shlomo tuvieron que permanecer en sanatorios para "aprender" a tener contacto con "personas normales". El daño psicológico que sufrieron esas personas no conoce de límites ni niveles. Afortunados son los que hayan podido conseguir "recuperarse" de tal magnitud.
Sin duda, no hay mayor enemigo para el Hombre que el propio Hombre, su verdadero "lobo" antagonista y "animal irracional".
Espero que la difusión de estas historias sirva para que jamás se puedan repetir. Seguro que los supervivientes y los que se quedaron en el camino te lo agradecen.
Saludos.

Nela dijo...

Hay que ser muy fuerte mentalmente, para poder escribir esas vivencias tan horribles.
Besos
Nela

Nikkita dijo...

JotaEme, me alegro verte por aqui :)
En todo este episodio de la historia no hay ninguna respuesta lógica que justifique nada de lo que paso, solo la demostración de que efectivamente el peor enemigo del hombre es el propio hombre.
Ojalá la difusión sirva.
Saludos.

Nikkita dijo...

Nela, muy fuerte y no cesar en el empeño de que todo el mundo sepa lo que pasó.
Besos.

Higorca Gomez Carrasco dijo...

Que tremendos momentos, que tremendos recuerdos grabados a fuego sobre esa piel, debe de ser terrible tener que vivir con ellos y además con mucha suerte ya que se salvo y puede ser un testigo fiel de tanta crueldad.
Un saludo

Nikkita dijo...

Higorca, yo tambien suelo decir "qué suerte" haber sobrevivido, pero la realidad es "que horror" haber tenido que vivir eso. Cualquiera capaz de convivir con esas vivencias para mi es digno de quitarse el sombrero.
Un beso.

Explorador dijo...

Impresionante, y eso que no he podido ver el video (me va muy lento). Me quedo con el escalofriante dato del 90% de personas muertas de inmediato, y la constatación de que los crímenes empiezan con la indiferencia.

Un abrazo, y, de nuevo, muchas gracias :)

Pablo D. dijo...

Un trabajo duro, muy duro el que este hombre tuvo que sorportar. Una de las peores torturas a las que te pueden someter, sin lugar a dudas.

Su semblante oculta el horror que ha tenido que pasar. Su figura y su testimonio nos tienen que alentar para que esto no vuelva a ocurrir más, para que al sociedad vaya por un camino mucho mejor.

Todo un héroe este hombre... :)

Un saludo!

Nikkita dijo...

Explorador, en la 2 GM hubo mucha indiferencia en muchos momentos, antes, durante y después de cometerse los crímenes.
Muchas gracias por pasarte :).
Un abrazo.

Nikkita dijo...

Pablo, efectivamente se trata de que la sociedad vaya por un camino mejor, y no vuelva a suceder, pero el hombre es el peor enemigo del hombre, y hay que estar muy concienciados de lo que supone no tener en cuenta testimonios como este.

Para mi, si, Shlomo es un héroe. Yo no se si hubiera sido capaz de convivir con esos recuerdos.

Un saludo.

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