La hazaña más espectacular y valiente realizada en Mauthausen fue la fuga de los prisioneros rusos del barracón 20, unos meses antes de la liberación del campo, amparándose en la noche invernal. Ocurrió la noche del 2 al 3 de febrero de 1.945. Un grupo de presos soviéticos, formado por oficiales y eminentes técnicos, considerado como muy peligroso, había sido encerrado en el barracón 20, que estaba rodeado por otra muralla, además de la del campo, con hilos de alta tensión. Estos prisioneros eran ejecutados a un ritmo vertiginoso en el calabozo interior del campo, y eran sometidos a torturas espantosas, los SS pasaban noches enteras en el barracón exterminándolos. Conscientes de que iban a morir decidieron escapar.
Una noche, todos los prisioneros del campo fueron despertados por el sonido de las ametralladoras, y de madrugada, todos tuvieron que formar delante de los barracones en posición de firmes, durante muchas horas. Un grupo de unos 500 prisioneros había protagonizado una fuga.
Los soviéticos prepararon minuciosamente la evasión durante meses, a medianoche, cortaron la luz eléctrica y provocaron un cortocircuito, dejando el campo a oscuras, a los jefes de barracón los eliminaron sin contratiempos, maniatándolos, amontonando mesas, sillas y toda clase de enseres consiguieron la altura suficiente para superar el muro de granito que les separaba de la posible libertad, y mientras algunos se sacrificaban lanzando los zuecos contra los guardas o cegándoles con extintores anti-incendios, otros lanzaban colchonetas de paja sobre las alambradas eléctricas y, tras hacer una montaña de nieve junto al muro, ayudándose unos a otros lo escalaban. Las ametralladoras disparaban en todas direcciones y mataron unos cuantos allí mismo, pero otros lograron evadirse (unos 419) para dirigirse a Hungría. Estaban débiles, desnudos y descalzos. Muchos no tardaron en ser cogidos por los SS y los perros.
A la mañana siguiente, se organizó “la caza del conejo”, que duró los 4 días siguientes.
La población civil los denunciaba en cuanto los veía. Los fugitivos fueron perseguidos con tal salvajismo, que la bestialidad en la que Austria había caído ya no era un secreto en el pueblo de Mauthausen.
Durante esos 4 días algunos de los fugados fueron llegando al campo, la mayoría muertos, el resto fueron asesinados donde eran capturados junto a quienes les hubieran protegido o dado cobijo. Solo un grupo de entre 12 y 20 logró escapar y alcanzar las líneas soviéticas más cercanas.
Según un parte de la Gestapo, a las pocas horas de la fuga, de los 419 huidos, 300 habían sido capturados, 57 de ellos vivos.
A los que llegaron con vida de regreso al campo, los ejecutaron, y a aquellos que se habían quedado en el barracón los asesinaron.
En las fugas, a los prisioneros, normalmente los pillaban como conejos en mitad del bosque, y a los que devolvían vivos al campo les montaban el patíbulo para ahorcarles delante del resto de presos. En el patíbulo había una frase en alemán que decía “El pájaro ha vuelto a su nido”, y la banda de música, formada por bomberos austriacos, tocaba el Danubio Azul.
Termino con un vídeo de El Danubio Azul, interpretada por la Filarmónica de Viena, y dirigida por Herbert Von Karajan:
"Huir por vileza es vergüenza, evitar un peligro es prudencia" - Anónimo













