Barioná, el Hijo del Trueno. Obra navideña de Jean-Paul Sartre desde el Stalag.

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Jean-Paul Charles Aymard Sartre o Jean-Paul Sartre nació en París el 21 de junio de 1.905. Su padre murió cuando él tenía 15 meses, y su madre lo crió con ayuda de su abuelo, quien le enseñó matemáticas y le introdujo desde muy joven a la literatura clásica.

Estudió en la École Normale Supérieure de París, donde en 1.929 se graduó con un doctorado en filosofía y conoció a Simone de Beauvoir, quien se convirtió en su compañera durante el resto de sus vidas, aunque tuvieron una relación “no monógama”. Estudió también en la Universidad de Friburgo (Suiza) y en el Instituto Francés de Berlín.

Tras cumplir el servicio militar, empezó a ejercer como profesor de instituto enseñando filosofía y en 1.933 obtuvo una beca de estudios que le permitió trasladarse a Alemania, donde entró en contacto con la filosofía de Husserl y de Heidegger, continuando con sus clases hasta el estallido de la II guerra mundial.

En 1.939 el Ejército francés le llama a filas, donde sirve de meteorólogo y en 1.940 los alemanes le hacen prisionero, por aquel entonces con grado de oficial, en Padoux, llevándole a Nancy, y después al Stalag XII D, en Treveris (Alemania), donde pasa 9 meses, hasta que en abril de 1.941 lo liberan por mala salud, recuperando el estatus de civil, y su puesto como profesor del Lycée Pasteur en sustitución de un profesor judío vetado por la ley de Vichy.

Sartre es conocido como uno de los más ateos, nihilistas y existencialistas de todos los pensadores y autores del siglo XX, pero sin embargo nos dejó una obra de teatro singular, con un mensaje de esperanza y un contenido casi cristiano.

Durante su estancia en el Stalag XII D, tuvo que pasar las navidades de 1.940 preso junto a algunos sacerdotes con los que entabla cierta amistad, y al llegar las navidades, estos le animan a escribir una obra de teatro para dar esperanza a sus compañeros de confinamiento. Así nació “Barioná, el hijo del trueno”, una pequeña obra de teatro, en 7 actos, en la que transmite sequedad, dolor, y sangre, para finalmente conceder una posibilidad a la esperanza, al sentido de las cosas. Sartre, en este caso, muestra una humanidad coherente. Tiene como tema central la navidad, y la “libertad humana” queda enmarcada en la “encarnación de Dios”, teniendo presentes todos los elementos de un drama: ternura, libertad, rebelión, redención y vida y muerte.

El tema de la obra es la angustia existencial de un pueblo palestino, que invadido por los romanos y sometido por sus abusivos impuestos, sigue esperando un Mesías que lo libere, pero decide no tener más hijos para extinguir su especie. Esa misma noche, nace un niño que hace que todo cambie.

Hay cierto paralelismo entre los opresores romanos y los nazis, y entre los oprimidos judíos y los prisioneros del campo.

El argumento se centra en el zelote Barioná, gobernador de Bethaur, que recibe de forma habitual al superintendente romano Lelius para despachar acerca de su dependencia al Imperio, pero la última visita colma su desesperación y decide acabar con su estirpe para que no suceda ningún otro relevo generacional. En ese momento, su mujer le anuncia que está embarazada, y nace un niño que va a hacer que todo cambie, aunque Barioná se resiste a creer en las señales de Dios para salvar a su estirpe de la opresión de los romanos.

Sartre utiliza la figura del protagonista para explicar el proceso de transformación que siente quien conoce la buena nueva que trae ese niño pequeño e indefenso al que todos adoran.

Diversos personajes se suceden en la obra, entre ellos el rey Baltasar, que encarnó el propio Sartre en aquella Nochebuena de 1.940 ante más de 12.000 prisioneros de guerra. El Rey Baltasar es el contrapunto de Barioná: abierto a la realidad, confía en el niño que naciendo en Belén contiene toda esperanza y verdad auténticas. Barioná, milagrosamente, cambiará: la mirada que José, el padre del niño, dirige al recién nacido, le transformará, convirtiéndose, en palabras de Baltasar, en el “primer discípulo de Cristo”, y morirá en defensa de la esperanza que le ha encontrado a su pesar, en un intento de evitar que los sicarios de Herodes consuman sus implacables propósitos.

Recrea algunas de las escenas navideñas por excelencia, como es la de María con el niño recién nacido en sus brazos, la aparición del ángel a los pastores o la descripción que hace del nacimiento. Cuando escribió esta obra tenía dos objetivos, aliviar a sus compañeros de cautiverio y al mismo tiempo transmitir un mensaje de esperanza y libertad, consiguiendo esquivar la vigilancia del censor alemán por medio de símbolos sencillos.

Los sacerdotes del campo consiguieron una autorización para celebrar la Nochebuena y la misa del Gallo, por lo que los mismos presos representaron la obra de teatro ante más de 12.000 soldados presos, antes de la misa, interpretando Sartre el papel del Rey Baltasar.

Cuando Sartre sale del campo, reniega de la obra y no autoriza su publicación hasta 1.962, que permite que se haga una pequeña edición de unos 500 ejemplares siempre y cuando apareciera una nota: "El hecho de que haya tomado el tema de la mitología del cristianismo no significa que la dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento durante el cautiverio". Según él, simplemente trató de encontrar, de acuerdo con los sacerdotes, un tema sobre el que conseguir, aquella noche de Navidad, la unión más amplia posible entre cristianos y no creyentes.

En la década de los sesenta diría que su primera experiencia teatral fue particularmente “afortunada”. Fue entonces cuando comprendió lo que el teatro tenía que ser, “un gran fenómeno colectivo y religioso”.

Sartre escribiría años después a Simone de Beauvoir: “Seguramente tengo talento como autor dramático: he escrito una escena del ángel que anuncia a los pastores el nacimiento de Cristo que ha dejado a todos sin respiración (…) incluso a alguno se le saltaban las lágrimas”.

Los biógrafos y estudiosos de la obra de Sartre ocultan la existencia de Barioná. La autoría de esta obra no es reconocida por la Fundación Sartre, ni aparece en sus obras completas, pero la Universidad Francisco de Vitoria, consiguió un ejemplar de la obra en la Universidad de Indiana, y la tradujo al español, siendo publicada por la editorial Voz de Papel.

Fragmentos de Barioná, el Hijo del Trueno:

Cuando la mujer de Barioná le anuncia su embarazo:
“Sara, hoy he perdido toda esperanza y toda fe. Es por este niño que tanto he deseado y que llevas dentro de ti por lo que no quiero que nazca. Es por él. Ve al hechicero, te dará unas hierbas y quedarás estéril. Soy señor del pueblo y dueño de la vida y de la muerte. He decidido que mi familia se extinguirá conmigo. Ve. No hay vuelta atrás”.

Con las noticias sobre el nacimiento de un tal Jesús que traerá la esperanza y cambiará el mundo:
“Mirad a vuestra desesperanza a la cara, porque la dignidad del hombre está en su desesperanza”. “Si un Dios se hubiese hecho hombre por mí, le amaría excluyendo a todos los demás, habría entre Él y yo algo así como un lazo de sangre, y no tendría vida suficiente para demostrarle mi agradecimiento”.


La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que habría que describir de su cara es una reverencia llena de ansiedad que no ha aparecido más que una vez en una cara humana. Y es que Cristo es su hijo, carne de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve meses lo llevó en su seno, le dará el pecho y su leche se convertirá en sangre divina. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos, se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo, ante este niño que infunde respeto. Y es una dura prueba para una madre tener vergüenza de sí y de su condición humana delante de su hijo. Aunque yo pienso que hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos, en los que siente, a la vez, que Cristo, su hijo, suyo, es su pequeño, y es Dios. Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí. Tiene mis ojos y la forma de su boca es la de la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí. Y ninguna mujer, jamás, ha tenido así a su Dios para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos, un Dios caliente que sonríe y que respira, un Dios al que de puede tocar; y que sonríe. Es en uno de esos momentos cuando pintaría yo a María si fuera pintor. Y trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe.
"Lo más aburrido del mal es que a uno lo acostumbra." - Jean-Paul Sartre

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29 Comentarios: (+añadir comentario?)

Videos dijo...

Si te puedo ser sincera, no tenia ni la menor idea de quien era Barioná, pero despues de leer tu blog, me ha quedado mas o menos claro, y como digo siempre, nunca esta demás culturizarse en segun que temas.

Un saludo.

Madame Minuet dijo...

Que tonteria tratar de ocultar la obra, como si cerrando los ojos y fingiendo que nunca existio fueran a borrar el hecho de que un dia la escribio. Eso es lo que hacen los niños.
Sorprendente, desde luego. Habra que ver si conseguimos un ejemplar.
Muy oportuna su entrada, madame, ya que estamos en estas fechas en las que se acerca la navidad.

Feliz dia

Bisous

Oscar dijo...

la cultura es tan amplia y grande que es imposible saberlo todo, cuanto mas leo tu blog mas me doy cuenta que no concemos nada...

Nikkita dijo...

Hola Videos!!, no es muy conocido realmente. Ya ves que incluso la Fundación Sartre procura no publicitarlo...
Un saludo

Nikkita dijo...

Madame, la trataba de ocultar porque no quería que nadie pensara que había "coqueteado" con la religión, pues era un ateo con mayúsculas, y se lamentaba de las imperfecciones formales de la obra.
Feliz dia.
Besos

Nikkita dijo...

Oscar, millones de gracias por tus siempre bienvenidas palabras :). Efectivamente es imposible saberlo todo, además de que seria muy aburrido.
Muchos besos

Carnets dijo...

Hola Nikkita. Pues sí que tienen escondida esta obra los guardianes del legado de Sartre. Es la primera noticia que tengo - y te agradezco que nos mla brindes- y ya siento curiosidad por leerla. ¿Dónde has conseguido los párrafos?
Con el tiempo nos vamos construyendo la imagen que deseamos para nosotros mismos y hay aspectos del pasado que estorban, como en las viejas fotografías de las que hablaba hace unos días.
Besos

Nikkita dijo...

Hola Carnets, los párrafos los tienes por internet. Lo que te puedo enviar es el primer acto entero. Respecto al tema del pasado, no te falta razón, aunque yo me inclino más por que no me estorbe si no que me enseñe.
Besos.

Carnets dijo...

Intentaré bajármelo cuando pueda, si no ya te lo pido. En cuanto al pasado, aprender es preferible, pero hay lecciones que cuesta asimilar. Gracias.

Nikkita dijo...

Ok, sin problemas.
Besos.

Felix Casanova Briceño dijo...

Querida Nikkita...

Excelente trabajo de documentación y una biografía perfecta. El sentido de la esperanza tanto en los pueblos como en las personas, es algo que nunca debe decaer, por adversas que sean las circunstancias. Sobre Sartre, tienes razón, aún siendo ateo, nos dejó esta obra cargada de simbolismo y demostrativa de que existe un ser superior... Es una contradicción, pero hasta el más ateo del mundo, siente en su interior la existencia de un Dios hacedor...

Muchos besos.

Nikkita dijo...

Hola Félix,
justo ese es uno de los motivos por los que renegaba de su obra, el que se pudiera pensar que en su interior podía sentir "alguna existencia", y durante mucho tiempo se justificó alegando que solo quiso dar esperanza a sus compañeros. Respecto al sentido de la esperanza, estoy totalmente de acuerdo contigo.
Gracias, como siempre, por tus palabras :).
Muchos besos

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

Que hombre más raro... uno no tiene por qué escribir siempre sobre lo que piensa o siente... si lo escribió bien escrito está... que se lo hubiera tomado como una obra de ficción, con su actitud consigue el efecto contrario a lo que quería expresar su negativa.

Nikkita dijo...

Hola Jose Luis,
un poco raro si que era, tenía un carácter un poco difícil y le daba muchísima importancia a lo que los demás pensaran de él, aunque a veces, como dices pueda conseguir el efecto contrario al que pretende.
Un saludo

Felix Casanova Briceño dijo...

Querida Nikkita...

En mi blog te dejo un regalito en forma de lotería. Me agradaría mucho pasarás a recogerlo.

Muchos besos

Katy dijo...

Encuentro genial tu publicación de hoy Nikkita. He disfrutado leyéndola. Yo tampoco conocía Barioná.
No voy a entrar en filosofías pero algo tenía dentro para escribir esta obra, en un momento concreto. Podría haber elegido otro tema. Y si consiguió crear esperaza y transmitir amor bien está. Solo el se llevó el secreto a la tumba de la verdad.
Lo más aburrido del mal es que a uno lo acostumbra." - Jean-Paul Sartre
Y esta frase no tiene desperdicio.
Besos amiga
Y el ocultarla no sirve de nada. Hay que dejar que cada cual saque sus propias conclusiones. conclusiones

Nikkita dijo...

Querido Felix, ya pasé rauda a por ella. Muchisimas gracias por tenerme en cuenta.
Muchos besos.

Nikkita dijo...

Querida Katy, muchas gracias!!. Cierto que se llevó el secreto, pero todo apunta a que fué por la relación que entabló con los sacerdotes que estaban presos en el Campo. Efectivamente, cada uno debe sacar sus propias conclusiones.
Muchos besos, amiga.

meg dijo...

Hace muchos años que leí a Sartre, (su "Naúsea" es el gran paradigma del nihilismo) y desconocía esta obra. Ni idea de que la hubiera escrito en un stalag para los mismos soldados presos. Información interesantísima, que me va a llevar a tener que buscar el libro.

Gracias, Nikkita, y enhorabuena por este hallazgo.

Gil de Luna dijo...

Hola amiga, no tenía ni idea de la existencia de esta obra. Aunque la lista es larga queda anotado como lectura pendiente.
Como nos tienes acostumbrados artículos con gran rigos e interesantisimos.
Un suerte el dia que tropece con tu blog.
Un beso!!

ANRAFERA dijo...

Estupendo artículo. Pura cultura. Saludos.

Nikkita dijo...

Hola meg, muy conocido ya has visto que no es, lo que no sé es si será fácil ahora encontrar un ejemplar del libro. Suerte :).
Muchos besos.

Nikkita dijo...

Gracias Marga, la suerte fue mia al encontraros a ti y tus pinturas.
Un beso enorme.

Nikkita dijo...

Ramon, gracias por tus palabras y tu visita.
SAludos

Elisa dijo...

Amo esta entrada sobre Sartre. Y admiro mucho la obra de Simone de Beauvoir.
Gracias Nikkita.
Elisa

Nikkita dijo...

Gracias a ti por tus palabras Elisa!!, me alegro haber acertado.
Muchos besos

Cayetano dijo...

El retrato que hace Sartre de María con su hijo es tremendamente humano y emotivo. Ha sabido ponerse en el pellejo de una madre que sabe que su hijo es un dios y disfruta doblemente de su condición como madre y como persona que tiene de momento la exclusiva de su piel y de su cariño.
Un saludo.

Nikkita dijo...

Hola Cayetano, así es, hay determinados pasajes de la obra que a veces cuesta creer que hayan sido escritos por Sartre, pero lo hizo magníficamente bien.
Un saludo

lacolinadelangel.blogspot dijo...

Leí hace días un fragmento de esta obra de J.P. Sartre. Se trata de la escena en que la Virgen María reflexiona sobre su maternidad. Me extrañó que fuera de Sartre y me puse a investigar si era verdad. Gracias a este blog he dado con la verdad de su autoría. He leído los comentarios a la entrada y veo que también coincido con algunos en la duda primera sobre el autor. No me imagino la cara de asombro de los ateos y agnósticos al descubrir el nombre de Sartre al lado de esta obrita. No debieran rasgarse las vestiduras. No sé por qué quieren ignorar esta obra los seguidores de Sartre. La verdad no debe ocultarse. Que Dios se hizo uno de nosotros debe movernos a todos,creyentes o no, a la unidad y a la solidaridad. Feliz Navidad a todos.

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