Antonio Muñoz Zamora 4

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Mauthausen
Cuando se abrieron las puertas de los vagones de mercancías del tren en el que iban como ganado, quedaron atrapados en una pesadilla atroz.
Una vez fuera del tren, recorrieron a pié los 8 kilómetros que separan la estación del campo de Mauthausen, vigilados por los miembros de la SS dispuestos a matar a la 1ª ocasión.
Muchos de ellos no llegaron a atravesar las puertas del campo, bien porque les fallaron las fuerzas, bien porque fueron golpeados por los SS. A pesar de ser un grupo numeroso, para Antonio, aquellos 8 kilómetros, fueron los más tristes y solitarios de toda su vida.

Nada más traspasar la puerta, ya de noche, se tuvieron que desnudar y permanecer de pie, pegados a un muro de piedra. En ese momento un Ss se acercó y les dijo: "Aquí se entra por la puerta y se sale por la chimenea. Os recomiendo que utilicéis la alambrada de la entrada. Así sufriréis menos y será más rápido...".

Les formaron en grupos de 5, y les tuvieron de pie, bajo un intenso frío, toda la noche. En un momento dado, pasó rápidamente un preso español cerca de Antonio diciéndole que no se preocupara, que sabían que estaba allí y no le dejarían solo.

Al amanecer fueron por grupos a las duchas. Les rociaron con unos polvos abrasivos para "desinfectarles" y les ducharon con agua fría vigilados por guardias ametrallados. Seguido, le afeitaron el vello de todo el cuerpo y le cortaron el pelo al cero, rapándole a continuación con una cuchilla una franja en el centro de la cabeza. Tras el afeitado, volvían a desinfectarles con brochas, pero esta vez, recreándose con el producto abrasivo en las partes en las que mas podían humillarles...

A continuación les dieron la ropa: un calzoncillo, un pantalón, una camisa, y una chaquetilla (que no todos recibían) y unos zuecos de madera que eran como andar descalzo, pero más incómodos. Después, les llevaron a los barracones de cuarentena.

Durante la cuarentena, dormían sobre el suelo de madera. Por la noche los sacaban a la intemperie donde debían permanecer inmóviles, y desnudos. Tras la formación, entraban de 1 en 1 a la barraca y se subían a un taburete, donde un SS les hurgaba todas sus partes en busca de piojos.

La única persona con la que Antonio pudo cruzar algunas palabras durante los primeros días de su estancia en en el campo fue Manolo, una catalán, barbero de la barraca y gracias a él pudo superar las atrocidades que veía cometer a los capos, como la violación de los presos mas jóvenes.

Estando en la cuarentena, Antonio había oído hablar de la cantera de Mauthausen, y las atrocidades que había escuchado despertaron su curiosidad, y un día se ofreció voluntario para ir a trabajar allí.

Ese día, subió los 186 escalones cargado con la piedra 2 veces, y fue mas que suficiente: cuando tenían la piedra, debían formar en filas de 5 personas y nadie podía moverse hasta que llegaba el último, momento en el que iniciaban el ascenso, teniendo que esquivar, ademas de subir la piedra, a los los SS que, por diversión, lanzaban a los perros contra los presos, o utilizaban el método de "los paracaidistas": cuando el preso llegaba arriba con la piedra, los SS le obligaban a lanzarse al vacío, 50 metros de caída vertical.

Al volver por la noche a la barraca, el barbero le gritó que no volviera a ofrecerse voluntario: "Nosotros, los comunistas, hacemos mucha falta en Mauthausen. Somos el alma de la organización clandestina que mantiene la resistencia dentro del campo y no podemos permitirnos perder a gente. ¡Así que ya sabes!".

Su encuentro con Manolo determinó su entrada en la organización clandestina. Los republicanos españoles eran el núcleo de la resistencia más potente y eficaz dentro del campo. Su moral y solidaridad llegaban donde se necesitaran. Su experiencia combatiente les llevo a liderar el carro de la rebelión silenciosa, pero había que esquivar a los chivatos. Estaban siempre al acecho para evitar a tiempo una muerte, un castigo o un suicidio.

Para alejar a Antonio de la disciplina del campo, Joan de Diego le informó de que estaba destinado a talar árboles fuera del campo. La red de la resistencia era una telaraña que atrapaba información constantemente, y podían asignar a algunos presos a comandos de trabajo menos severos.

De Diego le presentó a Antonio a su contacto en el aparato militar, un catalán, que fue quien le encomendó su primer trabajo: en el crematorio, echaban los cuerpos por una pequeña ventana para facilitarle el trabajo a los presos encargados de incinerarlos, y un día, el catalán le dijo que algo estaba pasando con los muertos, que fuera a ver y lo comprendería, y que en ese momento sabría qué hacer.
Antonio se acercó a la pila de cuerpos, esquivando los detalles y las identidades, pues sin identidad era algo menos difícil... Dió una segunda vuelta a la pila, más pausada, mirando con más atención, y aquella visión junto a todo lo que pudo imaginar traspasó la coraza infranqueable que había tejido a su alrededor al cabo de los años, hasta que, de repente, vio que era lo que estaba pasando.... un  grupo de unos 10 rusos, con aspecto de "fantasmas", estaba haciendo un círculo, comiéndose uno de los cuerpos.
Antonio intentó espantarles como a los cuervos, le quitó la navaja al ruso que la tenia, e intentó convencerles de que dejaran de hacerlo, pero todo fue inútil.
Cuando un médico español que colaboraba con la resistencia, denunció lo que estaba pasando ante el oficial encargado del Revier, éste contestó: "pues que sigan comiendo. ¡Tendréis carne hasta reventar!".

El comando al que destinaron a Antonio, se llamaba Saint Migtein. Su principal tarea era talar los árboles de una zona boscosa a 50 o 60 kilómetros del campo, para usar esa madera como combustible para los gasógenos del parque móvil de Mauthausen.
A las 5 de la mañana les levantaban, les hacían formar en la plaza, y les metían en un camión para llevarles al bosque.
Tenían que encaramarse a una montaña y talar los árboles. Los troncos talados no podían medir mas de un metro, y después tenían que cortarlos en 4 trozos iguales. Trabajaban en parejas. Cuando apilaban una buena cantidad de troncos, los lanzaban montaña abajo hasta la orilla del Danubio. Si alguno se atravesaba u obstruía el cauce, los presos tenían que bajar a solventar el problema.
Un día, estando Antonio intentando mover uno de los troncos atravesados, vio bajar rodando hacia él, otro.... el golpe le arrastró varios metros y le dejó inconsciente, siendo un accidente tan sorprendente para todos, que el jefe del comando le autorizó a sentarse con ellos a comer delante del fuego. Esto impactó tanto a Antonio que apenas sentía el dolor del golpe.

En Mauthausen era muy difícil hacer un ritual para racionar la comida, porque los trabajos forzados exigían muchas calorías. Cuando estaba en el bosque, en cuanto sus vigilantes se despistaban un poco, escudriñaban el suelo en busca de gusanos que por la noche echaban en la sopa que les daban.

Antonio trataba de esquivar la muerte parapetado tras un natural optimismo que le llevaba a pensar que no todos podían morir allí.

Por las noches, muchos presos eran introducidos dentro del mismo camión que les llevaba al bosque, y para los SS era un juego gasearlos con el tubo de escape. Nadie podía hacer nada.

En el comando, Antonio trabó amistad con un ruso, al que veía a diario y con el que hablaba cuando estaban talando arboles, hasta que una mañana apareció tendido sobre la nieve.

Antonio estuvo días callado y taciturno, siendo evidente su pena...

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25 Comentarios: (+añadir comentario?)

Oscar dijo...

Pobre hombre, todo lo que a pasado y aun no hemos terminado. Pero es gracias a gente como el que hoy tenemos un mundo un poco 'mejor', tampoco mucho.

No he podido resistirme en mirar que ha paso con Antonio, solo he mirado la fecha de su muerte. El resto, espero tu relato, que es fantástico.

Saludos

Nikkita dijo...

Gracias Oscar, qué impaciente!. Yo os estoy contando su testimonio, pero te recomiendo que te leas el libro para ampliar detalles.
Saludos

Gil de Luna dijo...

Nos tienes con el alma en vilo, genial el relato y esperando el desenlace. Una epopeya digna de ser conocida.
UN saludo y buen fin de semana.

Nikkita dijo...

Gracias Gil de Luna. Que pases buen fin de semana.
Saludos

Madame Minuet dijo...

Que monstruosidad, llegar a ver a gente abalanzarse sobre cadaveres para comerlo. Me pregunto si quedaría crueldad por cometer en ese campo. Y sin faltar la burla cruel, tremenda, de decirles que se entraba por la puerta y se salia por la chimenea.
Antonio lo tenia realmente muy dificil para salir con vida de alli.

Ya es viernes, madame. Feliz fin de semana.

Bisous

Nikkita dijo...

Si madame, Mauthausen era un campo de exterminio, y pocas atrocidades quedaron por cometer allí, porque las que no se hacían en el propio campo se hacían en los subcampos.
Ese recibimiento era muy común. Otra forma más de minar la moral.
Que tengáis un día fantástico madame.
Feliz fin de semana.
Besos

Felix Casanova Briceño dijo...

Querida Nikkita.

La vida de este hombre se torna más apasionante a medida que nos adentramos en ella. Además de infortunado en la vida, tenía una valentía que pa qué las prisas. Mira que ofrecerse voluntario¡¡
Nos lo narras con un ritmo literario que engancha de principio a fin...

Muchos besos

Fabia dijo...

Estaba esperando el final para comentar, pero antes que termine la historia sobrecogedora de este gran hombre, paso a dejarte un beso.

Amparo dijo...

vale, me has dejado a medias y mira que hacia años que yo no decia eso ajajjaja

me ha encantado cielo
un besazo

Nikkita dijo...

Querido Félix, como siempre, un placer leer tus reflexiones en los comentarios, y tus siempre motivadoras palabras.
Muchos besos

Nikkita dijo...

Gracias Fabia, muchos más para ti.
Buen fin de semana

Nikkita dijo...

Amparo, ya estamos en igualdad de condiciones que ayer nos dejaste tu a medias a los demás, ja ja ja.
Un besazo.

macgo dijo...

¡Vaya una historia! Parece mentira que alguien pueda soportar semejantes atrocidades y mantenga intacta su altura moral. Impresionante y admirable. Gracias Nikkita

Nikkita dijo...

Cierto Miguel, digno de admirar. Tenias poco tiempo, pero te has puesto al día rápido. Gracias a ti por venir.
Buen fin de semana.

Jubilada en Acción! dijo...

Como todos los que he leido en tu espacio Nikkita, un relato impresionante.
Aprecio mucho el que me hayas incluido en tu lista de blogs que sigues.

Nikkita dijo...

Gracias Diana, claro que lo incluyo, es un placer ir a verte.
Besos

Perikiyo dijo...

Y llegó Mauthausen.
Hace años tuve la oportunidad de ver un documental en televisión, en el que supervivientes de este campo narraban sus vivencias en él. Tal vez uno de ellos fuese Antonio, pero no recuerdo los nombres.
Sí recuerdo que, además del macabro y malvado juego del paracaidista, contaban que los SS gustaban de empujar a algún preso cuando legaba a lo alto de la escalera, para que cayera rodando por ella. Así, el preso y la piedra iban tirando a otros presos, cuyas piedras también caían, produciéndose así un efecto dominó, que siempre se saldaba con varios muertos. Eso "amenizaba" la vida de los malnacidos SS.
Siento no poder darte más señas de aquel documental, aunque seguro que tú lo conoces.
He de confesarte que hoy he derramado alguna lágrima leyendo tu entrada. Siempre he sido especialmente sensible con el tema del holocausto.

Un beso, Nikkita.

Nikkita dijo...

Hola Perikiyo, pues puede ser el convoy de los 927 o mas allá de la alambrada, en los dos salen testimonios. Uno de estos días os hablaré de esos documentales.
El tema de las escaleras de la cantera de Mauthausen es algo increíble.... tenían muchos juegos, pero los principales eran el paracaidista, el que comentas de lanzar a un preso, y lanzar a los perros contra algún preso que mordido caía escaleras abajo y pasaba lo mismo... Se cobro muchas vidas esa escalera.
Muchos besos.

José Luis de la Mata Sacristán dijo...

cuanta brutalidad... cuanta falta de humanidad, que salvajismo...¿como pudo llegar la especie humana a aquello?

Nikkita dijo...

Esa es la gran incógnita Jose Luis.
Buen fin de semana

meg dijo...

Estremecedor. Y sobre todo admnirable y casi increíble la fortaleza yel afán de supervivencia quie lleva a sobrevivir y a aguantar las fuerzas para pasar vivo un día más. Que de eso se trataba.

Y nos tienes de los nervios, esperando el final de la historia. Feliz fin de semana.

meg dijo...

Oir ciertto, Nikkita ¿de dónde sacas las impresionantes fotografías? Porque muchas no las he visto jamás. Y son estremecedoras...

Nikkita dijo...

Meg las fotos están en la web, todas, y las que no son comunes son de la web del Bundesarchiv.
El final, lo tienes la semana que viene.
Feliz fin de semana.

MIGUEL NONAY dijo...

Hola Nikkita, yo también te sigo y te leo y no suelo dejar huella.
Vengo para agradecer tu comentario y tus ánimos. Saber que gente como tú estais ahí, a veces comentando, otras en silencio, pero que estais, me da fuerzas, para luchar, para exigir lo que es justo para Tod@s y, por supuesto para viajar de una forma diferente e intentar que pueda ser de utilidad a otras personas.
Son desgarradores tus últimos post, y bueno leerlos para saber lo que hubo en el pasado, que ocurre en algunas zonas del mundo en el presente sin que hagamos nada por evitarlo y, que en un futuro podría volver a suceder.
Veo que tu imagen es una siamesita (o siamesito) yo tengo una, preciosa se llama kika y ya es mayor, me hace muchísima compañía y siempre está también a mi lado.
Feliz fin de semana.
Besitos.
Miguel Nonay
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www.asaltodemata.com

Nikkita dijo...

Hola Miguel, con la huella que acabas de dejar es más que suficiente, te lo agradezco de corazón. Efectivamente la mayoría de las veces estoy en silencio (aunque el otro día no lo pude evitar), pero no dudes que en cuanto lo necesites estoy ahí.
Si es un siamés, tengo dos a falta de uno.. je je.
Feliz fin de semana.
Un beso muy fuerte.

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