El Profesor Checo:
La exterminación nazi alcanzó cotas insospechadas en todos los centros universitarios de los países ocupados, pero en dos lugares, la matanza de profesores y universitarios dejaron las universidades casi vacías: en Cracovia (Polonia) y en Praga (Checoslovaquia).
En el campo de Mauthausen estaba recluido Pedro Pey Sardá, español, que relata el final de la primera victima del "Campo Ruso".
En el invierno de 1.941 se formó en Mauthausen un nuevo Kommando, el del "Campo Ruso", encargado de su construcción. En la marcha al campo, a Pey le tocó ir junto a un compañero checo al que había conocido como vecino de cama en la enfermería de Mauthausen, un hombre pequeño físicamente, pero "grande por su inteligencia y corazón", que creía ciegamente en la victoria de los aliados.Los dos prisioneros andaban despacio por tener heridas en los pies, lo que perturbaba la marcha de la columna, por lo que un SS comenzó a golpearles. El checo intentó justificarse ante el oficial explicándole que era a causa de las heridas que tenían, en alemán, lo que llamó la atención del soldado y se empezó a interesar por él, preguntándole de dónde era, que oficio tenia, y algunas cosas más.
El checo, sin pensar en las consecuencias que tendría para él, contestó que era profesor de filosofía de la Universidad de Praga, lo que significó su final. A partir de ese momento, el Ss ya no se preocupó más por Pedro Pey. Durante todo el trayecto restante hasta la colina que después se transformaría en el "Campo Ruso" se ensañó a culatazos con el profesor.
Llegados a la colina, al profesor checo le pusieron aparte, y mientras al resto de la columna de presos les daban picos y palas, a él le daban una tunda de palos (lo que precedía a las "ejecuciones").Durante una hora larga los SS y los kapos se ensañaron con él, hasta que en un determinado momento, el profesor, seguramente consciente de lo que le esperaba, decidió bajar la colina nevada hacia los centinelas, cruzó la línea, y uno de los centinelas le disparó.
Según las palabras de Pedro Pey: "Así se inauguró el "Campo Ruso"; una vez más la raza superior demostró su odio a toda inteligencia que no estuviera servilmente al servicio de Hitler. El pequeño profesor checoslovaco fue la primera víctima del campo ruso. Miles y miles, procedentes de muchos países, de distintas culturas, de diferentes religiones, conocerían mas tarde la tortura y la muerte en aquel maldito rincón de Mauthausen".
El profesor Español:
Según el testimonio de Olegario Serrano, "Los SS eran alérgicos a cualquier cosa que tuviese relación con la cultura. El adoctrinamiento recibido en las escuelas de la Orden Negra se basaba, no solo en la incuestionable e indiscutible superioridad de la raza aria, sino también, en la enseñanza de que el intelectual o el hombre instruido era, con los judíos, el principal causante todos los males que se habían abatido sobre Alemania, al menos desde 1.918"
Declarar al entrar en un campo de concentración pertenecer a una profesión intelectual, o llevar gafas, significaba exponerse a los peores peligros.Cuando Olegario Serrano llegó a Mauthausen, fue trasladado a la barraca 19, la de cuarentena, donde les estaba esperando un SS con un secretario (un deportado que tenia una caja de cartón a los pies repleta de triángulos de tela de diferentes colores), ante los que debían desfilar todos para declarar su nombre y apellidos, y su profesión.
Serrano, cuando le llegó el turno, pensando que le favorecería hablar en alemán, respondió que era "Lehrer" (profesor), ante lo que el SS le gritó que lo repitiera, y tras hacerlo, le propinó una bofetada brutal, tras lo que le llegaron un puñetazo en la barbilla que le tumbó en el suelo, y una lluvia de golpes de porra hasta que perdió el conocimiento.
Cuando volvió en sí, estaba en los retretes. El secretario le entregó su número de matrícula (el 5050), y le destinaron a limpiar las letrinas, destino ininterrumpido a causa de la disentería que reinaba en el campo.
En palabras de Serrano: "Aquel castigo ejemplar me trajo a la memoria los gritos de un general español, Millán Astray, insultando a Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca con un: ¡Viva la muerte, muera la inteligencia!. Mas tarde supe también que un jerarca nazi - creo que fue Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich - dijo un día: Cuando oigo nombrar la palabra cultura echo mano de la pistola enseguida...".
Bibliografía: El Holocausto de los Republicanos Españoles (Eduardo Pons Prades).
"Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe... Sólo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura" - Miguel de Unamuno










