Los libertadores de Mauthausen

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En la puerta principal de Mauthausen una placa recuerda la 11ª División Acorazada de Estados Unidos con el lema: “Sus hazañas nunca se olvidarán”, pero la hazaña de la liberación de Mauthausen nunca fue registrada con exactitud, y los veteranos de la Thunderbolt no han sido capaces de ponerse de acuerdo ni siquiera en las circunstancias más elementales de la liberación del campo, aunque pese a las distorsiones y diferencias en los testimonios, hubo 5 fases, claras, en la liberación:
  • La partida de los últimos SS la noche del 3 al 4 de mayo, dejando el control a Kern y la Feuerschutzpolitzei de Viena.
  • Las negociaciones de Kern y el comité internacional de prisioneros (donde los españoles habían conseguido una posición de liderazgo) el 4 de mayo, y la noche del 4 al 5 de mayo.
  • La llegada de dos patrullas estadounidenses el 5 de mayo y el desarme y marcha de los guardas austríacos.
  • El control del campo por parte de los prisioneros, bajo un comité internacional, la noche del 5 al 6 de mayo.
  • El regreso de los estadounidenses el 6 de mayo.
La 11ª División Acorazada de Estados Unidos (Thunderbolt) comandada por el general Dager había establecido sus cuarteles generales en Schwanenstadt. La división estaba formada el 1 de mayo por 613 oficiales y 10.162 hombres. De las 3 brigadas de Dager (denominadas unidades de combate), la unidad A, dirigida por el general Holbrook, se acantonó en Walding, y la B, dirigida por el coronel Yale, en Gallneukirchen. La mañana del 5 de mayo, estos 2 comandantes de brigada enviaron una patrulla de reconocimiento en la dirección de Mauthausen, a través de sus cadenas de mando.

La compañía D, comandada por el capitán Odis Whitnell, cumpliendo las órdenes recibidas, envió al pelotón de Albert J. Kosiek (jefe del 1º pelotón de la Compañía D del 41º Escuadrón de Caballería Mecanizada de la Unidad de Combate B, acuartelado en Katsdorf, a 19 km. de Mauthausen) a investigar un punto importante alemán cerca de Mauthausen y a verificar el estado del puente de St. Georgen sobre el río Gusen, y Kosiek partió con 22 hombres, en 3 vehículos blindados de reconocimiento y 4 jeeps.

Llegaron a Lungitz, emplazamiento de Gusen III, y encontraron a los guardias totalmente dispuestos a rendirse, miembros de la brigada de bomberos de Viena, pero vestidos con uniformes de la SS. Kosiek destacó a dos hombres para que escoltaran a los guardias al cuartel general en Gallneukirchen, y continuó su camino en dirección a Gusen II. Al norte del río, el primer vehículo de Kosiak, comandado por el sargento Harry Saunders, interceptó una moto y un coche con bandera de la Cruz Roja internacional, conducido por Louis Haefliger, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja, que no hablaba ingles, junto al oficial de las SS Reimer. Kosiek y Saunders no hablaban alemán, pero si un miembro del pelotón, Albert Rosenthal, que pudo transmitirle a Kosiek que cerca había un gran campo de concentración con el nombre de Mauthausen, que el “hombre de la Cruz Roja estaba intentando contactar con un general estadounidense para la rendición del campo” y que “había 400 SS dispuestos a entregarse”.

Haefliger, informado del plan para aniquilar a la población de Gusen II volando los túneles de Bergkristall, convenció a Kosiek de que primero lograra la rendición de la guarnición local. Los SS habían colocado barricadas en las calles del pueblo, pero la gente las había retirado por la noche, por lo que Haefliger guió a la patrulla a la iglesia cerca de la que se encontraba la entrada a los túneles. Los SS habían huido, y solo encontraron a un comandante, oficial de la policía de Viena, vestido con uniforme SS (de esta acción, Kosiek no dejó constancia en su relato).

Kosiek seguía teniendo una misión que cumplir, y al verificar que el puente sobre el río Gusen estaba intacto, transmitió por radio las noticias al teniente Larkins, en Katsdorf, 2º al mando de la Compañía D, mencionando además los hechos de por la mañana, y la existencia de un gran campo de concentración.

A las patrullas de reconocimiento, se les permitía cierta flexibilidad (podían extenderse unos 10 o 12 kms.) respecto a sus límites, pero Kosiek no tenía órdenes de explorar ningún campo, y la distancia podía situarle fura del alcance de la comunicación por radio con la base, pero a pesar de las dudas de Larkins sobre el riesgo que correría el contingente, les dio permiso para avanzar, y la patrulla legó a Wimming, emplazamiento de Gusen I, que al principio confundieron con Mauthausen.

En Gusen I se encontraron una situación similar a las anteriores, los guardias no mostraron ninguna resistencia a la rendición, y Kosiek destacó al personal de dos de sus jeeps para que custodiaran a unos 40 guardias hasta el puesto de mando de Katsdorf, dando orden al resto de guardias de esperar antes de ser hechos prisioneros, permitiéndoles conservar sus armas para mantener el control del campo hasta la vuelta de los estadounidenses.

En el tiempo en que Kosiek permaneció en Gusen, otra patrulla llegó a St. Georgen desde el oeste. Una fuerza de reconocimiento del comando Wingard del general Holbrook, formada por 41 hombres del 3º pelotón, Compañía A, Batallón de la 55ª Infantería Acorazada, al mando del sargento Leander Hens, que tenían la misión de reconocimiento hacia las líneas soviéticas. Llegaron a St. Georgen por la mañana, en tres camiones semioruga con transmisores-receptores portátiles, y un transmisor de radio en el grupo, pero sin contacto con la base pues lo habían perdido al salir de Linz.

Vieron que algunos presos se habían escapado de Gusen II, y por los lugareños supieron de la amenaza de aniquilación, por lo que Hens destacó al sargento Robert Sellers al cargo de la ametralladora para que permaneciera en el pueblo y evitara que los SS llevaran a cabo su amenaza, y se dirigió con el resto del batallón al campo principal, pasando por Gusen I y II, sin bajarse, sólo deteniéndose brevemente para hablar con algunos presos.

Mientras tanto, Kosiek se dirigió al Campo principal, poniendo al frente el vehículo de Haefliger, dejando en las laderas de la subida al campo grandes cañones montados, y deteniéndose ante el Sanitätslager, dónde los americanos no podían creer lo que veían: “como si una gran fosa se hubiera abierto, los enfermos del hospital caminaban hacia ellos tambaleándose, como esqueletos vivientes, a medio vestir, casi desnudos o en harapos. Daban palmadas sin hablar. Tenían las manos tan enflaquecidas, pensó uno de los libertadores, que aquello sonaba como el palmear de las focas”.

El blindado de Sanders y uno de los jeeps se quedaron en la puerta del garaje de los SS, y el otro blindado y el jeep de Kosiek se dirigieron a la entrada principal, que se abrió mientras llegaban. Los prisioneros empezaron a salir en tropel, y Kosiek ordenó a su artillero disparar unas ráfagas por encima de sus cabezas para controlar la situación, y los prisioneros volvieron a entrar. Cuando Kosiek y algunos hombres bajaron y fueron andando hacia la entrada, se quedaron atónitos al ver miles de prisioneros abrazándose, llorando y cantando, con los españoles catando el Himno de Riego, y todos gritando una misma palabra (Liberté, Freiheit, Svoboda, Wolnosc, Szabadsag, Libertad). Algunos bailando, silbando, aullando, rotos en llanto, o, alguno también produciendo disturbios.

Kern, acompañado de un alemán que hacía de intérprete, se acercó a Kosiek para informarle de su rendición y la de los bomberos de Viena, pero que no estaban dispuestos a entregar las armas si se tenían que quedar solos en el campo, puesto que los prisioneros sanos se apresuraban a quitárselas. Pidió también la rendición de la fortaleza a un oficial, y Kosiek se presentó como tal, por lo que Kern accedió a rendirse si Kosiek ponía fin al tumulto que había en la cocina, dónde le llevo. Kosiek rompió la ventana, y viendo que la mayoría eran polacos se dirigió a ellos en su idioma, pero no funcionó. La restauración del orden en ese momento fue gracias al Comité Internacional, cuyo presidente, recién elegido, era Heinrich Dürmayer.

Kosiek y Dürmayer se subieron a la balaustrada donde se habían antes pavoneado Ziereis y Bachmayer, y desde allí, convencieron a los líderes de los grupos nacionales para que regresaran a sus dependencias mientras los estadounidenses desarmaban a los guardias, a los que ordenaron reunirse en la puerta principal, y depositar sus armas en 3 camiones requisados del garaje de las SS.

Estaban en el límite de cobertura por radio de Larkins, quién indicó a Kosiek que llevara andando a los guardias a los cuarteles generales en Gallneukirchen (a más de 25 km.).

No está del todo claro si había o no SS entre los capturados en Mauthausen. Los informes estadounidenses no hablan de prisioneros SS, pero varios ex prisioneros aseguraron que si, y dos SS que comparecieron más tarde ante un tribunal aseguraron haber permanecido allí hasta la llegada de los americanos...

En ese tiempo, la patrulla de Hens también pasó por el campo. Al llegar a la puerta del garaje, reconocieron los vehículos del 41º de Caballería. Lo 1º que recuerda Berg haber visto fue “tres esqueletos vivientes caer muertos de puro agotamiento al intentar pasar por las puertas abiertas”. La patrulla de Hens también examinó todos los elementos y lugares del campo, caminando entre pilas de cadáveres, y una hora más tarde, Hens reunió a su patrulla en la puerta, y al haberse salido del límite territorial de su misión y haber perdido contacto por radio, se replegaron, volviendo a St. Georgen para recoger a la sección de ametralladoras de Sellers, pero antes de partir hacia Linz, Hens conversó con los habitantes de St. Georgen y con los guardias y presos de Gusen I y II.

Mientras la unidad de Saunders estaba estacionada dentro y fuera del garaje de los SS, sus miembros recuerdan haber presenciado un momento de gran emoción cuando un grupo compuesto por prisioneros, casi todos catalanes, cogió a lazo el águila de bronce situado sobre la esvástica encima de la entrada del garaje, y lo tiró al suelo.

Los estadounidenses tienen varios recuerdos de aquel día, pero el más memorable para ellos fue cuando la banda de prisioneros tocó el himno de su país (que se habían aprendido la noche antes) mientras el pelotón de Kosiek formaba en posición de firmes y presentando armas.

Kosiek, consciente de que su patrulla no podía hacer más que mantener el orden, y sin autorización para permanecer en el campo, además de con el deber de salvar a 3 prisioneros estadounidenses que habían encontrado allí, informó al Comité Internacional de que las fuerzas estadounidenses estaban muy cerca, y de que un capitán y su compañía se pondrían en marcha tan pronto como él llegara a la base con las noticias.

Los camiones partieron con las armas pesadas de los guardias, y las armas ligeras que pudieron encontrar, tras elegir Kosiek y Saunders las que más les gustaban como trofeos personales, para repartirlas entre sus hombres, las rociaron de gasolina y las prendieron fuego. Escoltaron a los 1.000 guardias austríacos a su base, parando antes en Gusen a recoger a otros 800 que habían dejado allí, y llegaron a Gallneukirchen en la madrugada del 6 de mayo, donde el teniente coronel Richard R. Seibel mostró su absoluto asombro al ver a un pelotón de unos 20 hombres transportando al menos a 1.800 prisioneros.

El informe del 5 de mayo de 1.945 de la Thunderbolt hace poca referencia al descubrimiento de Gusen y Mauthausen. La noticia más importante del día era que el puente de hormigón y acero entre Urfahr y Linz había sido tomado al mediodía. Mientras que omitía que el puente ferroviario del pueblo de Mauthausen también estaba intacto, señalaba que la captura del puente de Urfaht-Linz privaba a todas las fuerzas de la Wehrmacht en Checoslovaquia de la posibilidad de retirarse al supuesto Alpenfestung. El otro hecho importante registrado el 5 de mayo se refería al orden de asignación de zonas a dos de las tres brigadas de la división al este de la Línea de Contención, mientras se enviaban patrullas a establecer contacto con el Ejército Rojo.

Los campos de Mauthausen y Gusen habían sido liberados de sus guardias, pero abandonados a la noche por los estadounidenses, con la promesa de volver al día siguiente. Bajo el punto de vista americano no había razones lógicas para que los prisioneros supervivientes no ejercieran la autodisciplina necesaria para permanecer en sus campos toda la noche, pero desde el punto de vista de los prisioneros la situación era diferente, ardían en deseos de vengarse de los Kapos, estaba la frenética ansia por comer, y queda el miedo a que los SS pudieran volver a la fortaleza.

Si en Mauthausen hubo un Comité Internacional que evitó los excesos, no pasó lo mismo en Gusen, pero esa ya, es otra historia.

Bibliografía: Españoles en el Holocausto; David W. Pike (Ed. Debolsillo).
"¡Oh, dulce nombre de la libertad!" - Marco Tulio Cicerón
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Liberacion de Mauthausen: la pancarta y un poema.

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El próximo 5 de mayo, se cumple el aniversario de la liberación de Mauthausen, el "campo de los españoles". Las fuerzas americanas lo liberaron el 5 de mayo de 1.945. 

Mauthausen fue el último campo del Reich liberado.
Los que permanecían en el campo los últimos días, estaban en una situación desesperada, con los barracones superpoblados por la evacuación de otros campos (se estima en 199.400 el número de prisioneros que pasaron por Mauthausen entre 1.938 y mayo de 1.945. De ellos, se cree que unos 119.000 murieron en Mauthausen y sus subcampos), sin alimentos, y con una persistente actividad de las cámaras de gas. La noche del 2 al 3 de mayo, los deportados, atónitos, contemplaron cómo los SS abandonaban el campo siendo sustituidos por la policía de Viena para la vigilancia del campo, y en ese momento el Comité de Resistencia y los pequeños grupos organizados meses atrás en tareas de ayuda y defensa mutua, intentaron controlar la confusa situación y aprovisionarse con armas y alimentos.

Una de las fotos más conocidas es la imagen de la entrada de los americanos en el campo, con una pancarta escrita en español, recibiéndoles. El autor de esta pancarta, fue Francisco Teix, un dibujante y pintor de oficio. El 5 de mayo, un responsable de la organización del campo fue a verle y le propuso hacer un cartel con un saludo a las fuerzas libertadoras, pidiéndole que lo tuviera preparado en 48 horas. Tenía que pintar unas 150 letras en 20 metros de sábanas robadas que habían cosido los sastres y habían instalado a lo largo de las paredes de los lavabos del bloque 11.
Al no quedar nazis y estar vigilados por los policía de Viena, la situación era más relajada, y se puso en marcha un dispositivo de vigilancia situando vigías en los tejados del crematorio y del búnker para que Francisco pudiera trabajar: "si algún policía hubiese tenido la mala ocurrencia de visitar el cuarto de los lavabos, los centinelas nuestros lo habrían eliminado, metiéndole luego en el taller".
Sobre la una de la tarde, estaban inscritos los textos en inglés y ruso, y cuando faltaba la última palabra en español corrió la noticia de la llegada de los tanques.
Teix terminó rápidamente el texto, y "poco después entró el camarada Corona, diciéndome loco de alegría que los americanos estaban a la vista y me exigió que le entregara el cartel [...]. Saltándose a la torera todos estos detalles de orden jerárquico, cogió la tela y precipitadamente corrió hacia los miradores de la entrada principal. [...] Al llegar al pie de la torre del vigía, el policía de guardia, sin gran convicción, le preguntó adónde iba. Y Corona, empujándole y diciéndole "Raus Mensch" (algo así como "quítate de en medio, espantajo") subió rápido la escalera. A la interpelación del centinela, que en el mismo sentido se me dirigió, le contesté en el mismo tono. [...]. Corona, desbordado de alegría, me invitó a ayudarle a desplegar la tela y a fijarla en la baranda que da al interior del campo. En este momento una explosión de júbilo se produjo y cuando los tanques entraron en el campo la alegría general fue una auténtica apoteosis".

Os dejo un fragmento del documental "El convoy de los 927", que merece la pena ver y escuchar, donde supervivientes españoles relatan cómo vivieron la liberación:

Francisco Ortiz, nació en 1.912 en Santisteban del Puerto (Jaén). Tras alistarse con 17 años en el Ejército republicano, llegó a ser capitán de carabineros, y tras huir a Francia fue detenido por los nazis al norte de París para ser conducido al campo de Mauthausen.
En Mauthausen Francisco Ortiz se dedicó a trabajos de carpintería, sin dejar de lado la resistencia clandestina. Llegó a robar una pistola a los SS, y la escondió en un hueco del barracón, junto a una bandera tricolor republicana que confeccionaron entre unos cuantos españoles y que todavía conserva. Con motivo del 60º aniversario de la liberación del campo le regaló su apreciada bandera al presidente del Gobierno español, pero semanas después Zapatero se la devolvió con una carta de reconocimiento a su valor y a su dignidad.
En el siguiente vídeo, Francisco Ortíz recita un poema dedicado a Mauthausen:

Tuve que salir de España
por la sencilla razón,
defender la libertad
y que haya un mundo mejor.

En ese duro combate
el destino me llevó
al campo de Mauthausen,
hoy cementerio español.

Allí está el Danubio Azul
que un día cambió de color,
con sangre republicana
del guerrileero español.

¡Campo de Mauthausen!
tus muros bañan en sangre
unos matados a palos,
otros murieron de hambre.

Esa es la sangre española,
derramada en el combate.
Y para que el mundo sepa
y le quede en su memoria,
el español no fue vencido
nunca jamás en su historia.

Y aquí dejo por escrito
para cada ciudadano:
Más vale morir de pie
con las armas en la mano.

¡Más vale morir de pie
con las armas en la mano!

Fuentes: El holocausto de los republicanos españoles (David W. Pike), Los campos de concentración nazis (Rosa Torán), Enciclopedia del Holocausto.

Más información: Librairie Espagnole et Cie, dónde podéis ver una entrevista a Luis Estañ, y escuchar otra a Paco Aura, supervivientes del campo.
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